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Como resultado de la pandemia, de las ganancias extraordinarias de las compañías tecnológicas, la catástrofe económica que asola al mundo en general y el final de un largo proceso de consenso, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París, Francia, se dispone durante 2021 a crear un impuesto digital global o, por lo menos, para todos los países que la integran.

De esta manera, las compañías tecnológicas multinacionales tributarán en el país donde actúan.

Este es el desafío que deberá afrontar el nuevo Secretario General de la OCDE, Mathew Cormann, quien asumirá su cargo el 1 de junio de 2021.

Le tocó a Ángel Gurría, el Secretario General saliente, navegar por esas aguas y este es su legado. Pero, ¿cómo llegamos hasta acá? Veamos.

Todo comenzó con la Tasa Google pensada por la Unión Europea (UE) sin éxito, con la finalidad de unificar a sus miembros en una tributación común para la economía digital.

Discutida en la Comisión Europea, en Bruselas, hasta el cansancio durante los últimos años, tuvo la oposición de Estados Unidos, que amenazó con gravar 25 por ciento las importaciones europeas si se concretaba.

La mayoría de estas compañías digitales son americanas y una gran fuente de poder económico y político.

Si bien no hay números ciertos en Bruselas, la UE calculaba durante 2020 que podría recaudar más de 6 billones de euros anuales por este medio.

El tributo sobre los servicios digitales apunta fundamentalmente a los colosos de la economía digital (Google, Apple, Facebook, Amazon y otros), a los cuales se les podría imponer una carga de 3 por ciento de los beneficios con la mira puesta en un impuesto digital global, tema en el cual viene trabajando la OCDE.

El impulso definitivo fue una decisión del G20 reunido en Ryad, Arabia Saudita, en febrero de 2020. Alemania, España, Francia e Italia se unieron con el objetivo claro de concertar en común acuerdo, para que las empresas paguen un impuesto digital común donde actúan y un impuesto a las sociedades bajo el paraguas de la OCDE.

Para ello, hicieron un llamado a los ministros de economía europeos para apoyar la medida. Recibieron una  respuesta positiva (Reuters) para fijar una tasa mínima a pesar de la oposición del entonces Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Frente a esta realidad, la OCDE se había comprometido a un acuerdo en las postrimerías de 2020, pero en octubre su Secretario General, Ángel Gurría, corrió para la mitad de 2021 la oportunidad de implementarlo. Alegó “diferencias políticas entre los países”, aún cuando reconoció “progresos sustanciales” con 137 países.

El Director del Centro para la Política Fiscal de la OCDE, Pascal Saint-Amans, dijo que “el vaso está medio lleno pero falta un acuerdo político”.

¿Cuáles son algunas de esas diferencias? Irlanda y Dinamarca, que originalmente se oponían, ahora aceptan el impuesto digital, pero con un trato fiscal muy favorable.

“La mayoría de estas compañías digitales son americanas y una gran fuente de poder económico y político.”

— Liliana Bein —

Francia y Alemania querían en principio que sólo se gravara la publicidad online.

España ya se ha dado su propia legislación al respecto e Inglaterra no quiere gravar la venta de información.

La publicidad que se intenta gravar es la llamada “publicidad dirigida”, cuya característica es catalogar, según su perfil y sus predilecciones, a los usuarios que visitan sus páginas digitales, no la relacionada con la venta de productos.

Según Ángel Gurría, todo esto trasladará su entrada en vigencia al primer semestre de 2021.

Con el cambio de la administración en Estados Unidos, la actual Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, manifestó el cambio de posición de Estados Unidos al decir en el G20 que el gobierno de Joe Biden ha descartado la propuesta de su antecesor, dando una clara señal de la predisposición americana a discutir un impuesto digital global.

Potenciado por el apoyo de Ángela Merkel, quien se está retirando, los líderes mundiales dan sustento a esta medida argumentando la inversión en infraestructura, salud y educación que representa.

Y ahora veamos los argumentos en pro y en contra de esta tributación respecto de los diferentes usuarios.

El argumento a favor más utilizado es que la Tasa Google (también llamado GAFA, acrónimo de Google, Apple, Facebook, Amazon) no recae sobre el consumidor final, pero nada obsta que las grandes plataformas encarezcan la entrada de otros emprendimientos y esto termine quitando estímulos a las nuevas iniciativas.

¿Qué pasaría si no se logra un acuerdo? Es algo muy importante a considerar. Según Gurría, podría haber “una guerra comercial desencadenada por impuestos unilaterales a los servicios digitales en todo el mundo”.

Este importante político mexicano opinó que “el fracaso abre el riesgo de que las guerras fiscales se transformen en guerras comerciales en un momento en el cual la economía mundial está sufriendo enormemente”.

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