Uno de los mayores retos de seguridad que deben afrontar las empresas de telecomunicaciones al lanzar 5G es lograr la interoperabilidad sin heredar las debilidades de las tecnologías móviles predecesoras como 4G, 3G y hasta 2G, ya que aún no funcionan con una arquitectura independiente, señala un informe de Positive Technologies.

En la actualidad, un operador móvil sufre alrededor de 3 mil intentos de ataques a su red al día que pueden afectar la continuidad de sus servicios y la experiencia de sus usuarios; al igual que podrían culminar en fraudes y la intercepción de datos sobre los suscriptores de su compañía.

Incluso cuando se efectúe la transición a 5G independiente (SA, por sus siglas en inglés) se arrastrarían problemas de seguridad de las anteriores redes si estos no se resuelven antes, ya que 5G SA probablemente siga empleando protocolos de señalización como SS7, Diameter y GTP.

Aunque existen sistemas más recientes, “los atacantes aún pueden hacer uso de cualquier vulnerabilidad en SS7 porque los operadores continúan implementando los estándares GSM (2G) y UMTS (3G) más antiguos. Incluso las redes solo LTE que usan el protocolo Diameter en lugar de SS7 deben interconectarse con las redes de generaciones anteriores; entonces, en la práctica, estas redes también son vulnerables a algunos ataques SS7”, explica el reporte.

La seguridad también cobrará más relevancia con otras nuevas tecnologías como el Internet de las cosas (IoT, en inglés) y su convergencia con 5G. Los sistemas IoT (como equipo industrial o componentes de un “hogar inteligente”) ya son blanco de ataques de denegación de servicio, ya sean intencionales o por algún error, por lo que esta situación podría agravarse, advierte Positive Technologies.

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