América Latina | Mercado Único Digital

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Proceso Jorge Bravo

La adopción tecnológica y el desarrollo digital de América Latina es el verdadero factor aglutinante que puede integrar la región en una comunidad y mercado únicos.

México fue sede de la Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) 2021. Haciéndose eco del sueño e ideario de Simón Bolívar de tener una América unida, el presidente López Obrador llamó en su discurso a integrar una comunidad económica, pero sus erráticas políticas públicas tecnológicas y digitales lo contradicen en los hechos.

AMLO declaró que “la CELAC, en estos tiempos, puede convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre nuestros países de América Latina y el Caribe, y alcanzar el ideal de una integración económica con Estados Unidos y Canadá en un marco de respeto a nuestras soberanías; es decir, construir en el continente americano algo parecido a lo que fue la Comunidad Económica que dio origen a la actual Unión Europea”.

Entre los asistentes a la cumbre estuvo la mexicana Alicia Bárcena, secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Fue precisamente este organismo internacional, a través de un documento, el que propuso la integración estratégica de un mercado digital regional a la manera del mercado único digital europeo. Sin embargo, el tema de una integración digital estuvo ausente en la CELAC.  

Para la Unión Europea un mercado único digital “es aquel en el cual esté garantizada la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales y donde los individuos y las empresas sin problemas pueden acceder y ejercer actividades en línea en condiciones de competencia leal, y un alto nivel de consumo y protección de datos personales, independientemente de su nacionalidad o lugar de residencia”.

Una de las condiciones para impulsar el crecimiento en Internet y la competitividad del mercado único digital europeo fue la eliminación de los cargos por itinerancia o roaming que a la Unión Europea y sus operadores de telecomunicaciones les llevó arduos años de negociación, pero en 2017 finalmente concretaron la eliminación del roaming.

América Latina fue incluso más veloz que Europa. Tras la entrada de AT&T al mercado mexicano de telecomunicaciones, los operadores eliminaron el roaming entre México, Estados Unidos y Canadá para integrar una norteamérica digital de 400 millones de usuarios. Esta medida no requirió el acuerdo entre los países; fue una estrategia comercial para competir en el mercado móvil y atraer a los clientes.

En 2019, América Móvil de Carlos Slim también eliminó el costo de roaming entre sus clientes de 18 países de América (incluidos Estados Unidos y Canadá) para hablar, navegar por Internet y enviar mensajes de texto con la misma tarifa local de un plan nacional. Este tipo de estrategias son posibles gracias a que las redes de telecomunicaciones, los servicios digitales y las economías de escala no tienen fronteras.

El objetivo de integrar una comunidad económica latinoamericana sólo puede lograrse mediante el desarrollo de un mercado digital regional que aproveche los beneficios de una economía colaborativa en Internet.

América Latina no ha sido ajena a las grandes transformaciones de las últimas décadas como la liberalización de los mercados de bienes, servicios y flujos de capital, el surgimiento de plataformas digitales globales y el rápido crecimiento de los flujos de datos.

Pero a diferencia de Estados Unidos, China y Europa occidental que lideran y compiten en la revolución tecnológica, América Latina no ha sabido obtener mayores ventajas de un mercado digital más dinámico. La región se ha conformado con ser consumidora en Internet en lugar de producir en línea. El mercado tiene un potencial de integrar a más de 660 millones de habitantes. En 2020, la región tenía 390 millones de usuarios de Internet móvil.

Las tecnologías habilitadoras de una economía y mercado digital regional son la conectividad de banda ancha, la computación en la nube, la Internet de las cosas, la analítica de los grandes datos y la Inteligencia Artificial. Todas ellas están transformando la oferta y demanda de bienes y servicios, las cadenas globales de valor, la gestión de recursos humanos, financieros y los procesos productivos de todas las industrias.

Estas tecnologías habilitan derechos fundamentales, generan nuevos productos y servicios, aumentan la productividad e incorporan a millones de personas a la economía digital. A diferencia de las empresas tradicionales, las plataformas de Internet son globales y no requieren instalaciones físicas para operar. Ayudan a los marginados a generar ingresos, fomentan la inclusión financiera y dinamizan las mipymes. 

Si AMLO aspira genuinamente a construir una comunidad económica latinoamericana que se integre con Estados Unidos y Canadá, tendría que predicar con el ejemplo desde casa y  crear las condiciones para invertir en infraestructura de telecomunicaciones, desarrollar servicios públicos digitales, fomentar ecosistemas de innovación, proteger a los usuarios de las estafas en Internet y los ciberataques y digitalizar la administración pública, incluida la impartición de justicia, además de emitir rápidamente la cédula de identidad digital. Sólo entonces pasaremos de los dichos y los discursos históricos a los hechos.

Twitter: @beltmondi