El País Jorge G. García

La digitalización afecta a toda la sociedad, incluido el crimen organizado. Traficantes de armas, drogas y personas han encontrado en las criptomonedas la divisa perfecta para blanquear millones y millones de dinero negro. Los ciberdelincuentes conocen desde hace años las virtudes de Internet a la hora de recoger el pago de un ataque por ransomware o de cualquier otra actividad criminal. Es su hábitat natural. Están acostumbrados a desenvolverse sin levantar excesivas sospechas, en especial cuando navegan por la dark web y deep web —redes superpuestas a la Internet pública que requieren un software específico y configuraciones o autorización para acceder—. Si hay un eslabón débil del sistema, oculto a ojos de casi cualquier mortal, por ahí van a colarse mafias y todo aquello que suene delictivo.

Palés repletos de fajos de billetes de 500 euros, compra de inmuebles u obras de arte son imágenes más típicas de malos del siglo pasado. Los cajeros automáticos de criptomonedas, especialmente bitcoin, no. El funcionamiento es realmente sencillo. Basta acudir a estos proveedores financieros, en España rondan la treintena, ingresar una cantidad determinada en una moneda física y la máquina entrega un código QR asociado a otro código alfanumérico de 32 cifras equivalente al importe de la criptomoneda. “Son una lavadora perfecta. Salvo que el propietario del cajero adopte algún tipo de autorregulación, solo ha de comprobar si quien mete los euros es residente”, explica Luis Rodríguez, experto en prevención de crimen financiero y CEO de ComplianZen.

El pitufeo es la técnica de blanqueo habitual en estos establecimientos. Consiste en cambiar a cripto cantidades relativamente pequeñas y repetidamente, durante meses. Bien pueden ser los propios criminales o personas contratadas por ellos con la promesa de recibir un porcentaje de la transacción. “Tal cual obtienes el código QR, el rastro del dinero se pierde”, asegura Rodríguez. Esto no significa que siempre se salgan con la suya. En mayo del año pasado, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvo en Madrid a ocho integrantes de una banda que había lavado nueve millones de euros provenientes del narcotráfico usando cajeros de criptomonedas.

Las casas de cambio y empresas especializadas en el rastreo de estos activos representan un dique de contención ante el crimen organizado. Chainalisys, Elliptic y Binance colaboran con las autoridades. Esta última, por ejemplo, permitió desarticular el mes pasado en Ucrania una red de ciberextorsión que había blanqueado más de 35 millones de euros provenientes del pago de rescates de ransomware. “El gran caso de uso de criptomonedas se debe a la especulación que las rodea, no al blanqueo de capitales como tal. El lavado tiene sentido porque existe una especulación tan grande como para que el dinero ilegal pueda refugiarse”, sostiene Alex Preukschat, coordinador de Blockchain España y de la Alianza Blockchain Iberoamérica.

Las casas de juego online también se han convertido en uno de los epicentros del dinero negro. Las mafias montan directamente la empresa o adquieren a un tercero la licencia de casino correspondiente —y siempre a nombre de un testaferro que dificulte inculparlos—. Una tapadera muy atractiva debido a la facilidad para mover las divisas, así como el auge de un sector escasamente regulado en ciertos países.

Una vez operativos, comienza el lavado. Suelen emplear los siguientes mecanismos: inyectar el dinero en la casa de juego online desde territorios donde no se controlan estos movimientos, contratar a personas que apuesten mediante tarjetas de crédito de prepago o poner a bots que aparenten jugar como si fueran usuarios anónimos. Terminadas las apuestas, todo el dinero movido, sean criptomonedas o euros, ya es de curso legal. “El efectivo, poco a poco, va a menos; y más ahora con la pandemia. El problema es que las cripto se están llenando criminales. En la medida que no se regule seria y ambiciosamente, seguirá siendo un vehículo para que los malos disfruten”, zanja Rodríguez.

Impago de impuestos

No es necesario recurrir a la web profunda, el pitufeo o empresas pantalla cuando la falta de legislación es por sí misma un coladero para el blanqueo con criptomonedas. Las transferencias no responden a la normativa de divisas. Saber quién las incluye en la declaración anual del IRPF o si ha obtenido algún tipo de plusvalía resulta casi imposible por el anonimato que las caracteriza. Como resume Pablo Fernández, abogado of counsel de PwC Legal, si un español cambia su patrimonio a cripto, debería declarar el incremento patrimonial. “La realidad es que en las casas de cambio solo tienes que indicar dónde quieres las criptomonedas de vuelta. No has de identificarte en ningún momento. Mediante este canal se evaden miles de millones de euros. La mayor lavadora está en el impago de impuestos”.

La primera normativa que pretende cercar el blanqueo digital, aunque no su control tributario, se conoce como Quinta Directiva. Pese a que España ha incumplido el periodo de trasposición, con lo que las consecuencias jurídicas todavía permanecen en el limbo, la Comisión Europea regula los proveedores de servicios de monedas virtuales que superen los 10.000 euros y exige la identificación de quienes utilicen tarjetas de prepago por un importe superior a 150 euros.

Al igual que sucede con cualquier divisa, el valor de las criptomonedas fluctúa. Las estimaciones financieras cuantifican en unos 250.000 millones de euros el volumen total de estos miles de activos. Y no existe únicamente bitcoin o ether. Mark Zuckerberg ha sondeado el mercado con el posible lanzamiento de Libra. Es más, a los cibercriminales les gusta bastante monero porque es completamente anónima. “Nadie sabe de qué cuenta se recibe ni cantidad se envía ni nada. Es como una caja negra”, precisa Rodríguez.

Pero no es lo único que les convence. Andan también enamorados de lo que se conoce como stablecoins, unas criptos surgidas con la intención de reducir la especulación y volatilidad habituales en el mercado. DAI, Tehter o ZXR son nombres propios que conviene recordar; y empleadas para limpiar dinero negro. “No tiene sentido que tengan euros cuando existen estos valores estables. Si obtienen 10 millones por un ciberataque, estas monedas no varían más del 1%. Mantendrían todo el valor obtenido de forma delictiva”, concluye Fernández. El crimen organizado sabe manejarse en lo alegal, que lo ilegal ya lo conocen más que bien.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here