Catalizando la innovación basada en TICs ante la pandemia

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Los grandes eventos adversos que la humanidad ha enfrentado han tenido el efecto de incentivar, de catalizar la innovación que ha beneficiado a las generaciones posteriores. La innovación no necesariamente proviene de las autoridades o de las grandes empresas. Lo admirable es que se genera en ámbitos que pasamos por alto o simplemente surgen de situaciones inesperadas y en forma sorpresiva. La actual pandemia que nos azota y que ha puesto en perspectiva nuestras limitaciones y nuestras ineficacias, puede generar una oleada de innovación singular, como lo fueron durante la primera y la segunda guerra mundiales, así como en los años álgidos de la Guerra Fría de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

En semanas recientes el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) convocó a su comunidad estudiantil a un concurso de ensayos sobre propuestas de innovación y soluciones ante los efectos económicos y sociales en México de la pandemia. Entre los finalistas se ubicaron dos ensayos basados en el uso de las tecnologías de la información:

  1. Una aplicación de expediente médico virtual actualizable en tiempo real portado por el usuario en su teléfono inteligente o en un dispositivo móvil diseñado sólo para este fin.[1] Como la autora señala, “nos podremos olvidar de las miles de preguntas que hacen los médicos en cada consultorio u hospital al que acudimos. Con esta aplicación cualquier médico con una computadora podrá accesar al expediente de los pacientes y agilizar el proceso de diagnóstico”, “la aplicación se pued[e] sincronizar con sistemas médicos del sector público y privado”. El expediente médico actualizado con signos vitales en tiempo real y el historial de análisis clínicos efectuados sería propiedad de la persona y del médico tratante al que acuda y no de una entidad burocrática.
  1. Una plataforma B2C (bussines to consumers) diseñada a nivel local (colonia/barrio) para micro y pequeños comercios (a nivel incluso de tianguis) y empresas que permita permanecer contacto con sus clientes y éstos con sus proveedores de servicios aún durante tiempos de confinamiento domiciliario. Como dicen los autores: “por su tamaño, dependen de una clientela regular y su alcance de mercado es reducido. [Para] mitigar el costo que deberán pagar estas empresas, por su baja relevancia durante una época de [pandemia], se propone una herramienta digital”,[2] es decir, mantener una relación de confianza entre las partes en tiempos de la otrora normalidad. Los establecimiento familiares o unipersonales podrían incluso adoptar en su conjunto medios de pago digitales que tal vez en forma individual no podrían hacerlo.

Estos dos ejemplos pueden ser indicativos de un universo de ideas que potencialmente existe entre los estudiantes de nivel superior. En estos últimos meses han abundado webinars sobre telecomunicaciones en épocas de pandemia entre autoridades nacionales, organismos multilaterales, grandes operadores y proveedores de equipos con presencia internacional.

¿Qué hay del llamado a las iniciativas de innovación de estudiantes a nivel de educación superior o dirigidas a aquellas del sector social local del interior de la República? Es necesario enfatizar que el retorno social de las TICs y el uso de herramientas digitales es mayor donde su adopción ha sido y permanece limitado, en grupos sociales donde no sólo es ver videos de TikTok o imágenes en Instagram o donde incluso se suben ofertas de comercios locales formales e informales a estas plataformas, en ausencia de apps específicas para ello.

¿Porque no organizar una competencia tipo Shark Tank para innovadores alrededor de la TICs y de las plataformas digitales? ¿Cómo es posible que mientras se habla de la digitalización de los servicios públicos, de Big Data y de la información en la nube se haga el triages respiratorio todavía con lápiz y papel, las estadísticas de casos de Covid dependan de que sea o no fin de semana para actualizarlos o se confundan cuerpos de fallecidos por Covid en los hospitales públicos y los deudos no puedan dar seguimiento a los restos de sus seres queridos?

Es necesario evitar la histéresis en los temas de telecomunicaciones (histéresis es la dependencia del estado de un sistema a su historia, es semejante a la inercia o la dependencia de los hechos pasados respecto al estado del presente o futuro de una entidad o sistema). Ejemplo de ello es que, a pesar de la pandemia, los agentes económicos no considerados como preponderantes sólo se manifiestan en medios para insistir en mantener el mito de que el concesionario denominado preponderante continúa siendo preponderante y que obtiene utilidades de ello, aunque el análisis objetivo de la evolución de participaciones de mercado, localidad por localidad y la rentabilidad de su capital invertido, indique otro escenario y otra realidad que no les conviene que se reconozca.

Otra evidencia de histéresis es lo que coloquialmente se dice como “predicar y no practicar”. Hay consenso de que es necesario aumentar los niveles de cobertura y penetración de los servicios de banda ancha, pero no hay iniciativas de reforma al actual marco normativo. Hay anuncios de inversión pública en ello, pero ese fue el mismo error que las administraciones anteriores en la cuales tales inversiones eran contingentes al estado de las finanzas públicas. Ahora con megaproyectos en refinación y ferrocarriles y ante una de las más severas recesiones económicas de los últimos 100 años, las telecomunicaciones son demasiado relevantes como para que se encuentren a merced de los vaivenes recaudatorios y sean receptores residuales de recursos después de la continuación de proyectos que evidentemente son mayor prioridad política que cualquier otra.

Los shocks temporales pueden tener dos dinámicas: shocks temporales con efectos transitorios y aquellos con efectos permanentes. La enfermedad Covid-19 es un shock temporal, eventualmente la pandemia desaparece o se hace endémica, pero sus efectos económicos y sociales pueden ser transitorios o permanentes, eventualmente las economías volverán a tomar su senda de crecimiento unas más pronto que otras que sufrirán por mucho más tiempo.

El teletrabajo y la educación online serán cambios permanentes. Las empresas están en un proceso de aprendizaje en el cual se percatarán que el teletrabajo les es más redituable que mantenerse en la histéresis del trabajo en una oficina. Ante una recesión económica histórica pueden ahorrar recursos en espacios físicos sin demérito de la productividad de sus empleados. Y si el distanciamiento social se prolonga hasta el advenimiento de una vacuna, el espacio inmobiliario tendrá que ser mayor para un mismo número de empleados, elevando su demanda por espacio a un mayor costo. El teletrabajo ahorra espacio físico e incluso disminuye la huella de carbono de las empresas al evitar que sus empleados se trasladen, sobre todo en las grandes ciudades.

Dingel y Neiman estiman que cerca de 40 por ciento de los empleos no agrícolas totales de Estados Unidos pueden hacerse en forma remota,[3] pero en países con un ingreso per cápita relativamente bajo, un menor porcentaje de empleos pueden ser realizados desde los hogares. Bélgica, Holanda y Finlandia se ubican significativamente por encima del promedio de empleos susceptibles de ser realizados desde casa, mientras Ecuador, México y Perú están muy por debajo del promedio de referencia.[4] Las posiciones relativas están determinadas por la penetración de TICs en el hogar, el nivel de capital humano del empleado y el crecimiento del ingreso per cápita.

Algo semejante ocurrirá con la educación superior, a diferencia de la educación básica que requiere el componente presencial dada la formación social de la persona. El modelo híbrido de clases en línea (esencialmente las intensivas en conocimientos teóricos) y aquellas presenciales con grupos reducidos (intensivas en prácticas de laboratorio y de campo) será el favorecido. La curva de aprendizaje en las universidades puede ser breve dado que el ajuste de los docentes y de los alumnos al entorno digital puede ser mayor que en una anquilosada cultura laboral que privilegia la presencia de los empleados independientemente de su productividad.

Las técnicas pedagógicas, las evaluaciones y la interacción entre profesores y alumnos tendrán que innovar, frecuentemente por medio del ensayo y error, en cada uno de los aspectos antes referidos. La innovación está basada en el uso de plataformas y redes de telecomunicaciones, frecuentemente soportando aplicaciones críticas en tiempo real como una videoconferencia, una clase en línea o un examen online con límite de tiempo a ser aplicado simultáneamente a centenas de alumnos. Estos son ejemplos evidentes de la indispensable confiabilidad y seguridad que las redes deben de ofrecer a los usuarios.

Subrayo: la innovación se caracteriza por ser impredecible, así como la iniciativa empresarial se da en forma discontinua y sorpresiva. Ninguna autoridad reguladora puede pronosticar el próximo salto tecnológico o el próximo sucesor de las plataformas actuales. Siguen discutiendo la neutralidad de la red cuando un regulador no puede anticipar qué tipo de aplicaciones y entre qué tipo de usuarios existan en el futuro y que requieran de “prioridad crítica”, por decirlo de alguna forma. En cambio, cada vez se acumula mayor evidencia de que no hay necesidad de tal regulación, que la prioridad de tráfico no se requiere cuando las redes expanden sus capacidades por encima de lo que exige el tráfico presente. Lo único necesario es la inversión continua en tales capacidades y la innovación en el transporte y administración del tráfico digital por las redes.


[1] Mariana Caamaño Gómez, “Expediente Virtual”, ITAM, mayo de 2020. Derechos reservados.

[2] J. Manuel Castillo Sosa y José Rodrigo Pagola Duchateau, “Participación conjunta: una inversión en nombre de todos”, ITAM, mayo de 2020, Derechos reservados.

[3] Dingel, J and B Neiman, “How many jobs can be done at home?”, VoxEU.org, 7 de abril de 2020.

[4] Hatayama, M., Viollaz, M., y Winkler H., “Jobs amenability to working from home: Evidence from skills surveys for 53 countries”. Mayo de 2020.

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