¿Te has sentido insegura o inseguro al esperar un taxi en la calle? Los sistemas de transporte, como todas las esferas de la sociedad, se encuentran altamente afectados por desigualdades de género: movilizarse en el espacio público es una experiencia totalmente distinta para mujeres y hombres.      

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte, entre otras cosas, que el acoso callejero es una gran limitante en el desplazamiento de las mujeres y la construcción de su autonomía. Además, hay muchos factores que intervienen en la movilidad diaria de las mujeres (como la infraestructura y la asequibilidad). Sin embargo, uno de los más apremiantes es la inseguridad, ya que ellas se encuentran más expuestas a abusos y riesgos.

En la región latinoamericana, las mujeres consideran durante sus trayectos factores de seguridad, ya sea en el transporte público o privado. Debido a que ellas dependen menos de vehículos motorizados como el automóvil o la motocicleta, las plataformas de movilidad están ganando terreno como una alternativa tecnológica que ofrece servicios más seguros y que toman en cuenta las preferencias de movilidad de las mujeres.

Aquí te decimos cinco razones de por qué las aplicaciones de movilidad tienen características que les permiten contribuir a la equidad de género al dar a las mujeres acceso a condiciones de seguridad en el transporte más igualitarias que las de los hombres, convirtiéndose en un elemento diferenciador para subir un peldaño más hacia una movilidad con perspectiva de género.      

1. Las mujeres no tienen que ir de pie

Las plataformas de transporte amplían cada vez más su alcance para ser una oferta de movilidad ubicua. Basta con solicitar el servicio para que lleguen a la puerta de la casa, sin necesidad de que las mujeres se trasladen a un punto específico para esperar el vehículo, donde es probable que no haya condiciones adecuadas de iluminación, infraestructura o puntos ciegos para el patrullaje. Además, las plataformas cuentan con botones de emergencia y métodos de pago diversos y flexibles, por lo que no es necesario que las pasajeras lleven consigo dinero en efectivo.

2. Identificación del conductor

Al llegar el vehículo, la ventaja de las plataformas es que de antemano se conocen los datos de identificación de quien conduce, como la fotografía, el nombre, así como el modelo, el color y las placas del vehículo. Esto, con el fin de verificar que, efectivamente, sea quien se asignó por medio del sistema.

Previo a este paso, las empresas autentican la identidad de quienes conducen. DiDi, por ejemplo, lo hace mediante un sistema de reconocimiento facial y con documentos oficiales.

3. Compartir el viaje

Una vez que se aborda el vehículo, las pasajeras pueden compartir su ruta de viaje con sus contactos de confianza para que sigan su trayecto en tiempo real. La mayoría de las aplicaciones de transporte han habilitado esta función, entre ellas, DiDi, Uber, Cabify y Beat.

4. Trazabilidad y monitoreo

Durante los viajes a través de aplicaciones de movilidad, las empresas pueden realizar una trazabilidad. Es decir, conocer quién es la persona conductora y pasajera, cuál es la ruta, cuánto tiempo dura un traslado, qué paradas se hacen, la geolocalización, si hay una desviación y otros elementos importantes para verificar que la persona arribe al lugar que desea.

Además de que puedan compartir su viaje, las plataformas posibilitan el monitoreo en tiempo real de los trayectos y en algunas ciudades los sistemas ya están interconectados con las agencias de seguridad.

DiDi está integrando la posibilidad de grabar audio en los trayectos, lo cual es útil cuando hay una situación de riesgo, para servir como evidencia en posibles investigaciones si ocurre un delito o incidente en el viaje.

5. Enlaces institucionales

A partir del punto anterior, algunas aplicaciones ya están colaborando con el gobierno para mantener una comunicación constante y enviar reportes de alerta ante una situación que ponga en riesgo a las pasajeras o las conductoras.

En México, el servicio de DiDi se enlaza con los Centros de Comando y Control (C5 o C4) de algunas ciudades (Guadalajara, por ejemplo). Las estaciones encargadas de la videovigilancia se encargan de canalizar al personal policial y los servicios de emergencia para apoyarlas.

Estas mismas condiciones no sólo brindan seguridad a las mujeres por el lado de la demanda, en su rol de pasajeras, también por el lado de la oferta. DiDi Mujer permite que más mujeres tengan un autoempleo en el sector de transporte.

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Innovación y cambios

En la movilidad diaria, las mujeres tienen necesidades diferenciadas y menos opciones para transitar de un lugar a otro. En Costa Rica, por ejemplo, la Encuesta de Movilidad Domiciliaria indica que ellas suelen viajar acompañadas de niños y otras personas; tienen un acceso limitado a autos propios; recorren más kilómetros que los hombres; hacen varias paradas y caminan más.

Cada ciudad o territorio tiene sus particularidades, pero todas reflejan una realidad distinta en la movilidad de las mujeres. En un escenario ideal, el transporte público tendría que transformarse en la arteria principal de los viajes, conectándose a otros servicios para facilitar la multimodalidad que atienda los requisitos específicos de la población.

Sin embargo, ante la insuficiencia de políticas públicas con enfoque de género en la materia, los servicios de transporte compartido pueden tener un efecto transformador en la movilidad de las pasajeras y responder a demandas que no han satisfecho por completo los servicios tradicionales.

Incluso, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca que las aplicaciones móviles, que son el soporte de las plataformas colaborativas, son una herramienta que debería replicarse en todas las formas de transporte para detonar las oportunidades que brindan las tecnologías de ofrecer servicios más eficientes, seguros, confiables e innovadores.

Además, las plataformas colaborativas tienen la capacidad de ofrecer un importante valor en los viajes de última milla para que las mujeres lleguen hasta sus hogares, cuando el transporte público no llega a sus localidades, así como en horarios nocturnos.

Las plataformas no son la única solución para una movilidad más igualitaria, pues hay otras barreras como el nivel de ingresos de las mujeres, los cuales suelen ser más bajos que los hombres por la brecha salarial que puede hacer de estos servicios inaccesibles en un día a día para ellas. 

Sin embargo, se integran al ecosistema de transporte para subsanar brechas existentes en los servicios tradicionales, explotando los recursos innovadores de la tecnología.

Más allá de las empresas con mayor presencia alrededor del mundo, están surgiendo proyectos locales que funcionan con este modelo. En España, un grupo de emprendedoras creó la aplicación MissCar para viajes compartidos únicamente con conductoras y usuarias.

En México, han surgido iniciativas con el mismo concepto, como Laudrive y Aura, y en Colombia nació Laura lt. Las grandes plataformas también cuentan con funciones para que las conductoras acepten viajes sólo con pasajeras, como DiDi Mujer.

Todos estos proyectos de aplicaciones de transporte buscan abarcar demandas específicas en los contextos donde operan. La desigualdad de género es una problemática histórica en todas culturas y sociedades, pero se expresa de manera diferente.

En Arabia Saudita, las mujeres eran asiduas pasajeras de las plataformas como Careem porque hasta 2018 no tenían permitido conducir. Cuando se levantó la restricción, comenzaron a volverse      conductoras.

Hasta agosto de 2021, la autoridad de transporte de ese país reportó que el número de mujeres conductoras se quintuplicó hasta 3 mil 900. Antes, usar las aplicaciones de movilidad era una necesidad para las mujeres sauditas; ahora, una opción de emprendimiento e independencia económica.