Colombia | ‘Esta es la sociedad del ruido, del ruido informático’

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El Tiempo – Yamid Amat

Twitter, YouTube, Facebook, Instagram, Rappi, Uber, Didi son un ejemplo de lo que está ocurriendo. La tecnología, la digitalización, el universo de los datos cambiaron el mundo y están modificando radicalmente el rumbo de nuestro país.

Durante dos años y medio de trabajo e investigación, 144 profesores, incluyendo 67 mujeres, de la Universidad Externado de Colombia, participaron en la escritura de una obra que titularon: Disrupción tecnológica, trasformación digital y sociedad. Se utilizó una metodología que cruzó todas las dependencias académicas de la universidad. Son 4 tomos que incluyen las contribuciones tecnosociales para la trasformación; las políticas públicas y la regulación en las tecnologías, el derecho a la innovación y los nuevos desafíos tecnológicos a las instituciones económicas, financieras y organizacionales.

Todo este trabajo colectivo fue dirigido por el rector Juan Carlos Henao, quien, con el lanzamiento de semejante histórica obra, culmina su gestión al vencerse su periodo. “Es la primera obra de esa magnitud en lengua española. No hay antecedentes sobre el tema”, dice Henao sin vacilaciones. “Se trata de la cuarta revolución industrial”, asegura.

Henao, especializado en derecho administrativo, máster en derecho público y doctorado en la Universidad de París, fue muy conocido en el país por su gestión histórica como presidente de la Corte Constitucional.

¿Cuál es el objetivo de la presente publicación?

Hacer presencia social desde la investigación académica. Siempre he pensado que la academia libre es el máximo poder de una sociedad, no porque decida, sino porque ilustra a la ciudadanía y a quienes toman decisiones. En este caso se trata de una visión desde las ciencias sociales de la cuarta revolución industrial.

¿Por qué se llama cuarta revolución industrial?

Es llamada revolución industrial porque, al igual que la del vapor en 1800, la de la energía en 1900 y la de los computadores en 2000, supone hondos cambios en la sociedad. Esta revolución es aún más intensa que las otras porque altera la vida cotidiana de cualquier ser humano y permea todos los sectores sociales.

¿Cuáles son las fuerzas que alimentan a esta revolución industrial?

Los datos, Yamid. La fuerza de esta cuarta revolución está en el manejo masivo de los datos y de la información, en la llamada Big Data, y también en la innovación en muchos frentes, como la ingeniería ciborg, que es la fusión del cuerpo humano y dispositivos no orgánicos, la genética, el trabajo sobre el ADN y las mitocondrias que permiten transformaciones de las personas por nacer. Además, la robótica, el blockchain, internet, las plataformas digitales, la inteligencia artificial… Esos datos tienen un enorme valor económico y social: permiten desde la creación de emporios empresariales como Facebook, Google, Rappi o Instagram, hasta la democratización de la medicina o la liberación de la intermediación para el abaratamiento de productos y servicios.

¿En qué situación se encuentra Colombia con respecto a los países desarrollados en esta revolución industrial?

Muy atrás. A pesar de los esfuerzos del Gobierno, que no se pueden negar, estamos lejos en conectividad, investigación, desarrollo de nuevas invenciones y en patentes de descubrimientos. La base del aprovechamiento de los aspectos positivos de este gran cambio aún no se logra en Colombia por la brecha digital.

La fuerza de esta cuarta revolución está en el manejo masivo de los datos y de la información, en la llamada Big Data.

¿Cómo están incidiendo las nuevas tecnologías sobre nuestra sociedad?

Totalmente. No hay sector que no haya cambiado y que no tenga plataformas. Como dicen, “todo sector tiene su Uber”. Piense, por ejemplo, a nivel turístico y hotelero en Airbnb; en transporte público, en Uber, Didi o Cabify, y aun en la georreferenciación que usan los taxis normales para indicar a cuántos minutos está su carrera; en el sector de videos y música en Netflix, YouTube y Spotify…

¿Y qué hacer con un niño o adolescente que se la pasa todo el día en internet y en redes sociales?

Le agrego más preguntas: ¿se le debe prohibir su uso o hacer hasta lo imposible para que tome los aspectos positivos del mismo? ¿Cómo se mide a un profesor y qué incidencias tiene dicha medición en su carrera? ¿Qué tecnologías deben utilizarse en la educación? ¿Se podrán utilizar hologramas 3D o realidad aumentada como también se está usando para conciertos? La educación es uno de los sectores que más cambios está produciendo. Pasamos de tener clases de mecanografía a clases de inteligencia artificial y diseño de entornos digitales.

¿De qué manera están influyendo las redes sociales en la vida del país?

Muchísimo. La formación de lo político está pasando por las redes. Desde la agrupación de los inmigrantes venezolanos hasta manifestaciones masivas como las que tuvieron lugar esta semana. El poder de convocatoria de las redes para formar lo que se llama ciberciudadanía es inmenso, como lo corrobora Change.org, que puede influir, por ejemplo, en la suerte de caño Cristales.

¿Y cuáles son las tensiones que han originado los avances en la tecnología?

El desempleo, la transformación del empleo, la falta de privacidad, la discriminación en la construcción de los algoritmos, las fake news, las discusiones bioéticas, la transnacionalización en el comercio, para solo citar algunos.

En este infinito de datos, de redes, de plataformas, ¿su regulación es imposible?

No, no es imposible, pero sí es difícil. El viernes pasado EL TIEMPO abrió con una información comercial pagada por importantes plataformas tecnológicas (Beat, Cabify, Didi y Uber) en la que solicitan precisamente eso: plataformas reguladas, lo cual están pidiendo hace ocho años. Uno de nuestros estudios, precisamente, se denomina ‘Políticas públicas y regulación en las tecnologías disruptivas’ y hace muchas propuestas que dan elementos en este sentido. Son las bases de lo que podría ser una reglamentación.

A pesar de los esfuerzos del Gobierno, que no se pueden negar, estamos lejos en conectividad, investigación, desarrollo de nuevas invenciones y en patentes de descubrimientos.

¿Esas reglamentaciones podrían evitar la divulgación de ‘fake news’ o de afirmaciones censurables?

Podría ayudar, aunque hay mucha polémica sobre el tema. Hay dos escuelas de pensamiento sobre el punto. La de algún sector en Norteamérica que considera que debe haber total libertad en la internet y en las redes, y la de tendencia europea que estima que se tiene que reglamentar. De hecho, en Alemania prohibieron un sitio en internet que vendía artículos usados por los nazis alemanes o en Francia prohibieron sitios que, utilizando el nombre de personas famosas, llevaban directamente a links de servicios homosexuales. Pienso que evitar afirmaciones censurables es muy difícil porque la realidad supera la norma.

¿La única alternativa es la de que los gigantes tecnológicos suspendan su servicio como ocurrió con el expresidente Trump?

No creo. No estoy de acuerdo con la decisión de los gigantes tecnológicos sobre Trump. Pero es cierto que el lindero entre la incitación al odio y a la discriminación, y los mensajes políticos fuertes, es muy sutil. ¿Dónde poner la raya? Dejar a los administradores de Twitter, de Facebook, de Instagram a ser los que deciden a quién anulan o no política o socialmente se me hace muy delicado, en extremo peligroso. De allí la necesidad de regulaciones mínimas.

Y sobre ese tema: ¿Hasta dónde las redes sociales pueden ser incendiarias?

Lo pueden ser y, de hecho, lo son en muchas oportunidades. Fíjese usted que ya existe la nueva profesión de los influencer, pagados en ocasiones para manipular. Las redes son una amenaza para la democracia, porque promueven formas comunicativas superficiales, que polarizan e incendian con frases cortas sin profundidad. Pero no todo es negativo, las redes también han jugado un papel muy importante para reivindicar la igualdad, el medioambiente y la justicia social.

¿De qué manera esta revolución industrial afecta al sector público?

Lo afecta en todo sentido. Desde permitir que se vuelva un sector espía de la privacidad hasta permitir que pueda formular políticas públicas en bien de la ciudadanía. Una de las grandes ventajas de la 4RI (cuarta revolución industrial) es que puede convertirse en un arma importante para la lucha contra la corrupción.

Y ¿cuál es el efecto de todas estas tecnologías sobre la justicia? ¿Se está transformando el derecho?

Claro que sí. No solo por la inteligencia artificial que puede decidir sin mediación de un ser humano, sino por el ejercicio mismo de la profesión y de los procedimientos. Sobre lo primero, en Inglaterra pusieron a decidir a robots sobre 1.000 casos emblemáticos y en más del 90 % los robots fallaron como habían fallado las cortes. Para empezar, será esencial la digitalización de nuestra justicia.

¿El cambio cotidiano de la tecnología nos está avasallando?

Sí. Estamos en una sociedad hiperinformada. Los espacios íntimos, de reflexión y silencio se están perdiendo. Es una sociedad del ruido, del ruido informático. Y lo peor: ese ruido produce adicción.

¿La multiplicidad de servicios que hoy se prestan en las múltiples plataformas está robotizando la sociedad en la que vivimos?

Completamente. Tú vas a un hotel en Japón y desde la recepción hasta el cuarto no hablas con ninguna persona. Vas a restaurantes en países desarrollados y solo hablas con robots que también es el chef. En Colombia, ya nos llegará la hora.

¿Esta revolución industrial está avasallando las costumbres formales?

Obvio que sí. Para empezar, tus novios o novias los puedes buscar mediante la inteligencia artificial, sin gran margen de error. Ello no es gratuito: todos los datos que tu das hacen que te consigan tu príncipe o princesa rosado o rosada a partir de algoritmos. Como diría Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, “muchas personas se sienten aisladas y deprimidas y están tratando de llenar un vacío”.

¿Todo este desplazamiento de seres humanos, de inteligencia humana, por robots e inteligencia artificial no significa una real amenaza para la sociedad que trabaja, para los empleados, para todo el mundo laboral de una nación?

Se tiene estimado que en los próximos 20 años desaparecerá un 47 % de los empleos en EUA, que no habrá labores mecánicas o de servicios realizadas por humanos, que la flexibilización laboral se impondrá y con ello habrá una nueva esclavitud, que se formará una numerosa “clase inútil o superflua”. Habrá una élite de ‘superhumanos’ que no cobijará a la gran masa de la población. Esta situación para un país como Colombia puede ser realmente dramática porque muchos empleos dependen de labores mecánicas y burocráticas.

¿Lo que viene no es una situación de desempleo absolutamente grave?

Claro que sí. Mucho mayor que en otras revoluciones industriales precisamente porque ahora toda la sociedad está permeada.

¿Toda esta revolución no supone un gran reto para las instituciones, tradicionalmente consideradas “estables”?

Quiérase o no, las instituciones que han sido estables al menos desde el siglo XIX, como Estado, moneda nacional, capitalismo, empresa, sector financiero, etc., están sufriendo una profunda transformación. No se están acabando, pero sí se tienen que adaptar bajo reglas y comportamiento diferentes, so pena de desaparecer.

¿Cree usted que el país debe abrir un gran debate sobre estos avances de la tecnología, sus ventajas y sus amenazas?

Sí y ese es el llamado que quiere hacer esta publicación del Externado. Como lo dijeron los rectores Alejandro Gaviria, de los Andes, y Jorge Humberto Peláez, de la Javeriana, así como Marcelo Cabrol, director de la oficina social del BID, esta publicación es una obra monumental y pionera en lengua hispana, que da muchos insumos para un debate social inaplazable. Todo es absolutamente alucinante.

Mañana termina su periodo como rector del Externado…

Querido Yamid: Finalmente, nada es de uno. Solo su libertad y su pulcritud. Uno se muere y el mundo sigue andando. A pesar de todo, a pesar de los aspectos inmundos y bellacos del ser humano, que muestran las exageraciones de la democracia en donde la oposición en ocasiones se hace con odio y violencia, tenemos que ser optimistas y creer en la perfectibilidad humana, para que la muerte nos coja con una sonrisa.

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