Criptomonedas en Cuba: ¿estafa u oportunidad?

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Vanguardia – Laura Seco Pacheco

No me imagino al día de hoy explicándole a mi abuela qué es un bitcoin. «Es una moneda digital, abue, o sea, que está en internet. Nunca la voy a tener en mi mano y no tiene una forma definida ni respaldo en el banco. Pero vale miles de dólares, aunque su precio cambia de un día para otro. Se guarda en un monedero virtual, que tampoco he visto nunca, pero que hace casi imposible que me lo roben. En fin, abuela, que sirve para comprar los combos de aseo desde A-FUE-RA».

Sucede que no es sencillo entender de qué va y cómo funcionan las criptomonedas, incluso, para los nativos digitales. Mientras más estudiaba sobre el tema, mayor era mi vacío teórico. Especialistas, desde todos los rincones del planeta, aún intentan llegar a consensos sobre su legitimidad, valor e influencia en el mercado actual, así como respecto a los peligros. Si ellos no han avanzado mucho, menos yo.

El mundo de las criptomonedas resulta tan amplio, oscuro y torcido como la propia internet en que se aloja. Inversiones millonarias con recompensas aún mayores y estafas que, con sus cantos de sirenas, han hecho perder a más de uno los ahorros de la vida.

Amén de los detractores, el auge del dinero digital ya es innegable y suman cada vez más los adeptos, los adictos y los fanáticos. Tanto ha sido así que los gobiernos han comenzado a preocuparse por estas monedas tan autónomas y descentralizadas, y los bancos se lanzaron a la búsqueda de opciones para frenar, o sacar provecho, de la situación.

De los bancos a los Blockchains

A principios de febrero, el millonario Elon Musk compró para su compañía Tesla de automóviles eléctricos 1500 millones de dólares en bitcoin. Unas semanas después recogía una ganancia de 900 millones. El alto perfil del empresario disparó el valor de esta criptomoneda a más de 58 000 dólares.

De hecho, la volatilidad del bitcoin en el mercado le ha dado parte de su éxito financiero, pero también es la causa tras la desconfianza de miles. Su valor meramente especulativo lo mantiene en la mira de bancos mundiales y grandes empresas.

Cuando fue creada, en enero del 2009, esta moneda valía menos de un dólar; en 2017 casi llegó a los 20 000, al año siguiente se desplomó hasta los 3200, en 2019 saltó otra vez a los 13 800 y al cierre del 2020 pasaba de los 30 000. Mientras escribo estas líneas está en 55 807. Mañana podría duplicarse o caer en picada.

Pero conceptualicemos un poco.

La criptomoneda es un sistema de pago digital que no depende en absoluto de los bancos. Se trata de un procedimiento entre pares que permite que cualquier persona envíe y reciba pagos desde y hacia cualquier lugar. Emplea la criptografía para asegurar y verificar transacciones, así como para controlar la creación de nuevas unidades de una criptomoneda particular. Esencialmente, son entradas limitadas en una base de datos que nadie puede cambiar a menos que se cumplan condiciones específicas.

Hubo muchos intentos para crear una moneda digital durante el boom tecnológico de los 90, pero al final fracasaron. Todos estos sistemas se basaban en la confianza en intermediarios, lo cual significaba que existían empresas detrás de ellos que verificaban y facilitaban las transacciones. Debido a las fallas de estas, la creación de un sistema de efectivo digital se consideró una causa perdida durante mucho tiempo.

Fue en el 2009 cuando Satoshi Nakamoto presentó el bitcoin. ¿Un dato curioso?: hasta el día de hoy nadie conoce la identidad de este programador o del grupo de programadores que actuaron bajo este alias.

El sistema y su propuesta cautivaron. Lo primero, por ser completamente descentralizado, es decir, que no tiene servidores involucrados ni una autoridad central de control. Lo segundo, por su transparencia, pues todas las transacciones se realizan a través de un sistema llamado Blockchain, un libro público que recoge las transacciones que ocurren dentro de la red, disponible para todos. Lo tercero, por su método para evitar la devaluación al limitar el número posible de bitcoins a 21 millones.

Actualmente existen más de 2 000 criptomonedas en el mercado internacional, y entre las más conocidas se encuentran, junto al bitcoin, ethereum, ripple XRP, KBC y litecoin.

Estas monedas virtuales se pueden adquirir desde todos los rincones del planeta mediante la compra en sitios que funcionan de forma similar a las casas de cambio tradicionales. Este es el caso de exchanges como coinbase, binance, kraken y local bitcoins.

También se puede emplear la minería, que consiste en resolver problemas matemáticos para validar y procesar las transacciones entre los usuarios. Los «mineros» compiten entre sí, y una vez que uno lo logra, compartirá la solución con el resto de la red para que pueda verificarla y confirmar la adición del bloque.

En países como Canadá, Reino Unido, China, Austria, Suiza, Polonia y España ya existen cajeros para extraer sus ganancias de bitcoins en efectivo, y la lista la encabeza Estados Unidos con casi 13 000 equipos.

Las criptodivisas actualmente se pueden emplear en tiendas online como forma de pago casi en todas partes del mundo. Además, se pueden generar ingresos mediante las estrategias de trading (comercio) y holding (posesión), tal como se realiza con las acciones en el mercado de valores tradicional.

¡Bitcoin is alive in Cuba!

El cubano no cree en desventajas tecnológicas. En 2015, cuando alrededor del mundo ya resultaba habitual el tráfico de criptodivisas, en Cuba el internet era incipiente. Esto no impidió que se realizara, en julio de ese año, la primera transferencia de bitcoin en la isla desde la wifi de un parque habanero.

El 2021 ofrece un panorama que luce bastante mejor para los adeptos a las tecnologías y las inversiones digitales. Al aumentar el acceso a la red de redes se han abierto nuevas alternativas para enfrentar las limitaciones financieras.

Ahora mismo, con criptomonedas se pueden comprar tarjetas de créditos virtuales Visa y Mastercard para acceder a tiendas online en el exterior, recargar teléfonos móviles, enviar remesas, incluso, pagar en algunos negocios locales.

Pero realizar transacciones con criptoactivos en Cuba no resulta fácil. El riesgo es demasiado al carecer de total acceso a las grandes plataformas. La ruta para traerlos hasta acá es demasiado larga y tediosa.

Eric entró en el mundo de las criptomonedas cuando todavía la conexión a internet por datos era el sueño de una noche de verano. «Lo conocí por amistades que habían empezado en ese mundo y hablaban mucho del tema; además, se empeñaban en ganar referidos con la mayor rapidez posible, porque supuestamente te bonifican por ello», comenta.

A través de sitios como Monypaid, Publipaid, Mirror Trading y otros similares, este joven estudiante de preuniversitario comercializó bitcoin, doge, litecoin, además de las monedas internas de cada plataforma. A los pocos meses renunció debido, sobre todo, a las trabas para hacerse con las ganancias. «Cuando aquello, la única forma que yo tuve de cobrar fue en recargas para el móvil», explica.

 En un principio, otra de las vías para acercar el dinero era a través de los familiares o conocidos que viajaban a la isla y podían traerlo como favor. De ahí que muchos, como Eric, desistieran de realizar sus pequeñas inversiones.

A esto se añaden las dificultades para la conectividad, el desconocimiento respecto al tema y, en gran medida, la «mala fama» que se agenció este tipo de negocios.

El panorama ahora mismo porta un rostro más favorable. Con el crecimiento de la accesibilidad a las tecnologías y los emprendimientos digitales, han surgido una serie de exchanges «made in Cuba», más centradas en la realidad de la nación y las necesidades palpables de quienes vivimos en ella.

Este es el caso de Qbita, CubaXchange, QvaPay y Fusyona,que a travésdel mecanismo peer-to-peer (persona a persona), permiten realizar transacciones de forma rápida y segura dentro y fuera de la isla. Los servicios de estas plataformas se han extendido y actualmente también los usuarios pueden, además de depositar y vender criptoactivos, emplearlos en otros servicios útiles.

Ahora mismo, existe CubaCripto, una comunidad fundada en 2018, que, además de sus objetivos, promueve las criptofinanzas entre los cubanos, así como una cultura financiera alejada de los timos y las estafas. Un espacio que, a través de las redes sociales, comparte los conocimientos y brinda asesorías.

De igual modo, Karatbars Cuba, otra de estas comunidades enfocada en el comercio de KBC, constituye «una familia de individuos muy diversos, cuyo objetivo es el desarrollo personal y colectivo, al tiempo que demuestra al mundo la posibilidad de pertenecer al proyecto Karatbars Internacional, sin perder la identidad como nación», expresó su fundador, Rubén de Jesús Moraga Ramírez, en una entrevista publicada en Cubadebate.

Damián Benítez cursa el cuarto año de Economía en la UCLV. Desde 2017 se ha adentrado en el mundo de las criptomonedas a través de distintas plataformas. Aunque reconoce los peligros de invertir en un mercado tan volátil y cambiante, apuesta por el riesgo. «El primer beneficio lo constituye la entrada de divisas al país. Con monedas digitales, los cubanos podemos generar ganancia en la bolsa de valores internacional, burlando el bloqueo», comenta.

De hecho, desde que el expresidente Donald Trump cerrara los servicios de la Western Union en noviembre pasado, gran parte de las remesas que se envían a Cuba desde la nación norteña han sido a través de criptomonedas. Esta ha resultado una excelente opción para miles de familias, aunque aleja el flujo de dinero del control estatal.

Por la contraparte negativa, sobresalen los casos de estafa por ser un método de pago alternativo sin validez legal, así como los hackeos de las cuentas, y el empleo de estas divisas para el lavado de dinero.

Poco a poco, las criptomonedas ganan más seguidores —e inversores— entre los cubanos. Los duros meses de la pandemia han devenido un catalizador en la búsqueda inminente de nuevas formas de financiación. De ahí que hasta los más escépticos hayan apostado por esta vía de ingresos.

Sobre los entresijos de las inversiones de este tipo en la isla y los puntos sobre su legalidad hablaremos el próximo mes en este espacio.

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