Cuando el gobierno chino se convierte en el gran ‘fact checker’ de Internet

La Oficina de Seguridad en Redes, también llamada la "policía de internet" está encargada de censurar los contenidos "ilegales y dañinos"

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El País-Lucas de la Cal

Imagine que en España el Gobierno tuviera un ministerio con varias oficinas de verificación en internet que decidieran las noticias que son fake news y las que no. Imagine que además pudiera establecer las pautas para el contenido que se publica en Twitter, Facebook o WhatsApp, en base a una serie de consideraciones ideológicas sobre si ese comentario, esa información o esa fotografía, es apropiada.

Vamos con otro supuesto. Imagine que el Gobierno tratara de controlar todo el contenido en la red, pero no puede porque circula a través de canales privados en el ciberespacio, dirigidos por grandes empresas tecnológicas independientes y extranjeras.

Entonces, se decide cerrar todas las puertas por las que entra el tráfico en línea mundial, y crear un gran software interno en el que sólo pudieran operar obedientes proveedores de servicios de internet. Estos permitirían a las autoridades analizar la información, mensajes y tendencias que circulan, así como manipularlos o censurarlos a su antojo mediante algoritmos e ingenieros disfrazados de policías que chequean el ciberespacio.

A finales de la década de 1990, el doctor en ciencias de la computación Fang Binxing desarrolló en China un Gran Cortafuegos que permitió al gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) cortar el acceso a las direcciones IP que consideraba “peligrosas o maliciosas”. Ese programa de firewalls y servidores proxy en las puertas de enlace se fue volviendo más restrictivo con los años.

En el 2000, los líderes chinos emitieron una orden que exigía a los proveedores de servicios de internet que se aseguraran de que la información enviada en sus servicios cumpliera la ley. Un par de años después, el Gobierno redactó el “Compromiso Público de Autodisciplina para la Industria de Internet de China”, que estableció cuatro principios: observancia patriótica de la ley, equidad, honradez y honestidad. Hubo más de 100 empresas extranjeras que firmaron el compromiso.

La llegada de Xi Jinping al poder en 2012 supuso un control más férreo del ciberespacio. “Internet se ha convertido en el principal campo de batalla para la lucha de la opinión pública”, dijo Xi en un discurso filtrado poco después de ocupar el trono de Pekín. El objetivo era asegurarse de que el contenido en la red sirviera a los intereses del partido. En septiembre de 2013, la Corte Suprema del Pueblo, órgano judicial controlado por el PCCh, dictaminó que los “autores de publicaciones en línea que difundieran deliberadamente rumores o mentiras, y que fueran vistos por más de 5.000 personas o compartidos más de 500 veces, podrían enfrentar cargos de difamación y hasta tres años de cárcel”.

Dos años después, el Ministerio de Seguridad Pública, el más fuerte de China, estableció la Oficina de Seguridad en Redes, también llamada la “policía de internet”, encargada de censurar los contenidos “ilegales y dañinos”. En un comunicado, el ministerio aseguraba que la presencia de estos agentes era para “crear un internet armonioso, culto, claro y brillante”, y que trabajarían para “detectar y prevenir el cibercrimen, las malas palabras y maldiciones online”.

En los navegadores chinos se encuentran manuales sobre cómo fabricar una bomba de napalm y cómo comprar precursores químicos para fabricar fentanilo. Pero es imposible conectarse a una página porno. Para entrar en Facebook y Twitter, o ver vídeos en Youtube, se necesita una VPN, un software que conecta el servidor del ordenador o móvil con las redes de otro país.

China probablemente tiene el sistema de control en línea más sofisticado del mundo. Con el paso de los años ha ido aislando más aún su ciberespacio. Ahora, el gobierno chino está en plena cruzada reguladora, metiendo mano en casi todos los sectores del país, en especial en las empresas tecnológicas.

Un informe reciente de la agencia oficial Xinhua decía que hay nuevas directrices que buscan mejorar la “civilización de Internet”, con más regulación para “mejorar la ética y el comportamiento”.

Desde la Administración del Ciberespacio de China (CAC, órgano encargado del control de internet en el país asiático, dependiente también del Ministerio de Seguridad Pública) lanzaron en septiembre una campaña contra las noticias falsas. Según la nueva normativa: los censores en línea perseguirán a los “periodistas ciudadanos sin licencia que malinterpreten las políticas económicas y pronostican pesimismo en los mercados financieros”. También a aquellos que “escriban noticias falsas y difundan rumores”. Mientras, se fortalecerá la “propaganda dirigida sobre los logros del partido”.

El documento de la CAC desglosaba otros puntos de su nueva campaña: “Abordar problemas que incluyen la mala interpretación de las políticas financieras nacionales y los datos macroeconómicos; publicar información negativa para amenazar, intimidar o chantajear a las partes interesadas relevantes”.

Las nuevas directrices proporcionarán al Gobierno un marco para reforzar aún su control sobre los gigantes de internet, desde Tencent hasta ByteDance, y sobre la gran cantidad de contenido y datos que generan. Se espera que la campaña conjunta de 10 agencias reguladoras llegue a plataformas de redes sociales como Douyin, el nombre por el que se conoce a TikTok en China.

La CAC también explicó hace unas semanas que estaba reforzando la supervisión de los algoritmos utilizados por las empresas tecnológicas para que “actúen de manera justa y no utilicen modelos de algoritmos que atraigan a los usuarios a gastar dinero en efectivo de una manera que podría alterar el orden público“. Las pautas incluyen una propuesta para permitir que los usuarios desactiven los servicios de recomendación de algoritmos.

Las nuevas reformas han llegado hasta WeChat, el WhatsApp chino, donde la CAC comunicó que iba a comenzar a tomar medidas contra los grupos de la aplicación considerados una “mala influencia”. A finales de septiembre, WeChat eliminó docenas de cuentas LGBT administradas por estudiantes universitarios, diciendo que algunas habían roto las reglas.