Derechos de la Sociedad de la Información

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Proceso Jorge Bravo

La pandemia aceleró y materializó la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Durante los meses de confinamiento los gremios, las profesiones, los sectores industriales, las especialidades todas se han congregado para compartir sus saberes y conocimientos, generar nuevos, volverlos a compartir y ofrecer alternativas por el covid-19 y sus consecuencias. Todo esto ha ocurrido en Internet, a través de correo electrónico, videoconferencias, teletrabajo, educación a distancia y un uso intensivo de plataformas de mensajería instantánea, entre otras.

Cada organización social y modo de desarrollo configura sus propios derechos y obligaciones, y la Sociedad de la Información (SIC) no es la excepción. Además, esta SIC constituye el modo de desarrollo contemporáneo del modo de producción capitalista. Los aspectos inmateriales que más nos definen como especie humana como la creatividad, la innovación, el conocimiento y la información es lo que hoy genera valor y riqueza.

Es sencillo constatarlo. En 1917 las empresas más grandes y valiosas de la Unión Americana eran US Steel, American Telephone & Telegraph (hoy AT&T, donde la última “t” es sólo una reminiscencia de ese glorioso pasado), Standard Oil, Bethlehem Steel y Armour & Co. que envasaba carne. Acero, petróleo, comunicaciones telegráficas e incipiente pero prometedora telefonía alámbrica y alimentos procesados generaban la riqueza de la sociedad industrial del momento.

Esas empresas fueron valiosas porque ese acero levantará metrópolis y permitirá construir vehículos y puentes. El petróleo y sus derivados será el energético de la economía mundial, las comunicaciones facilitarán el comercio, la información, el ejercicio del poder y la democracia, mientras que la creciente migración del campo a la ciudad y la urbanización demandará más alimentos y su consecuente industrialización. Todo es un engrane muy lógico y funcional.

Cien años después, las empresas más valiosas del mundo son Apple, Alphabet (Google), Microsoft, Amazon y Facebook. Son consorcios de la Sociedad de la Información y simbolizan el acceso a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones como los smartphones, las computadoras personales, cada vez más dispositivos, gadgets tecnológicos como relojes inteligentes y cada vez más pantallas en todos lados.

Representan el acceso a Internet, a sus múltiples servicios, aplicaciones, plataformas y contenidos. Google (aunque en realidad es la red de redes) ha materializado la libertad de buscar, recibir y difundir información que tanto han escamoteado gobiernos, empresas e incluso medios de comunicación.

Simbolizan la organización del trabajo y las actividades cotidianas a través de sistemas y software, el crecimiento del comercio electrónico, necesidad de compartir nuestras experiencias con los demás y socializar, pero ahora en el ciberespacio y en redes sociales. Todo tiene sentido.

La sociedad industrial, el maquinismo, la producción en serie, la sociedad de masas y de consumo configuraron sus propios derechos que todavía hoy están consagrados en la Constitución de 1917. Son los llamados derechos sociales al trabajo (artículo 123 para seguir produciendo), a la educación (artículo tercero para formar obreros y profesionistas que se incorporen a las fábricas, industrias, administraciones y burocracias) y a la salud (artículo cuarto para que esos trabajadores gocen del bienestar requerido para generar plusvalía a través de su esfuerzo físico).

Otros derechos de la sociedad industrial son el salario mínimo, la jornada de ocho horas, las vacaciones y su consecuencia: el derecho al tiempo libre. Este último desarrolló la industria de los medios de comunicación de masas que compitieron, precisamente, por colonizar ese tiempo libre después de trabajar en la fábrica o en la oficina y antes de que el cuerpo descansara para recuperarse de la jornada y volver a hacer girar la rueda industrial. También desarrolló el turismo, los espectáculos, el deporte y los esparcimientos.

Necesariamente, la SIC tiene sus propios derechos incluso previos y preparatorios al auge de Internet: los derechos de libertad de expresión y de acceso a la información pública (transparencia). Pero también tenemos derecho de acceso a las TIC, a Internet y la banda ancha. Derecho a la privacidad y la protección de nuestros datos personales de la intromisión de gobiernos y particulares.

Ojo: no han desaparecido ni son menos importantes los derechos de la sociedad industrial, pero ahora están habilitados por las TIC. La pandemia evidencia que seguimos teniendo derecho al trabajo, pero ahora a sana teledistancia (algunos quienes han perdido o visto afectado su empleo tiene que ver con sólo desempeñarlo presencialmente). Tenemos derecho a la educación, pero ahora de forma virtual mediante plataformas educativas (quienes han visto afectado este derecho fundamental es por falta de condiciones tecnológicas como acceso a computadoras e Internet).

Tenemos derecho a la salud, pero ahora recurrimos a la teleconsulta para no exponernos en los centros de salubridad que están atendiendo a los enfermos de Covid-19 (quienes no pueden ejercer este derecho en el ciberespacio se debe al atraso tecnológico, la escasa digitalización del sector salud y la concepción centrada en el control sobre la información y los derechohabientes que ejercen los administradores y los médicos).

El SARS CoV-2 es un virus que genera una enfermedad que se aprovecha de los padecimientos ocasionados por los hábitos de la sociedad industrial (por ejemplo, comer productos procesados). Ataca directamente el corazón y la esencia de nuestra forma de vida: la economía y la sociabilidad en espacios comunes para intercambiar bienes y productos.

El patógeno obliga a parar fábricas, cerrar espacios públicos y al confinamiento en el hogar. Daña la economía y la salud física y mental de las personas. La sociedad conectada, de la información y el conocimiento (la ciencia y las farmacéuticas están a marchas forzadas para desarrollar la vacuna y después producirla industrialmente) ha sido la respuesta apropiada.

Los pensadores y los líderes visionarios de la sociedad industrial defendieron derechos que hoy están consagrados en las constituciones de la mayoría de los países. Construyeron las infraestructuras para que esa sociedad y sistema funcionaran como vías férreas, redes de telegrafía y después de telefonía, carreteras, puertos, aeropuertos y suburbios.

Los ideólogos y líderes de la Sociedad de la Información y el Conocimiento están haciendo lo propio. Están identificando esos nuevos derechos “digitales” o de “Internet” y buscan plasmarlos en las leyes, para que la sociedad y la economía funcionen en las nuevas condiciones, con bienestar colectivo.

Los dirigentes miopes viven en una dimensión desconocida: no expanden rápidamente las redes e infraestructuras de banda ancha, no facilitan el acceso a las tecnologías habilitadoras, no llevan Internet a todos, tienen un gobierno electrónico incipiente, cobran impuestos digitales especiales, recortan los presupuestos para equipos de cómputo, suspenden licencias de software, no almacenan la información pública en la nube y son líderes mundiales en ciberataques. Cualquier semejanza con la realidad mexicana es mera coincidencia.

Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi). Twitter: @beltmondi