La Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, citó al desaparecido economista Rudi Dornbusch quien alguna vez expresó: “en economía, las cosas toman más tiempo para suceder de lo que tú esperas y luego suceden más rápido de lo que tú pensabas”. Lo anterior describe cómo la digitalización de la economía y de las actividades cotidianas se aceleraron por la pandemia, que todavía no termina, aunque nos obliguen a comportarnos como si hubiera terminado.

La digitalización hace posible la educación y el trabajo a distancia que apenas hace dos años era algo que se consideraba ubicado en algún punto en el futuro y que, incluso, algunos pensaban que nunca llegaría por el empecinamiento al status quo que impone la presencia física en los lugares de trabajo y que fortalece los simbolismos de la jerarquía en las empresas, los diferenciadores y manifestaciones de poder sobre los subordinados en los entornos de trabajo corporativos.

Los desplazamientos a los lugares de trabajo tienen un costo social en las metrópolis por ser un tiempo improductivo y causante de externalidades tanto en emisiones como en la movilidad de las ciudades. Debería de ser considerado como algo propio de una etapa primitiva en una economía digitalizada.

El comercio electrónico ha sido una forma de resiliencia de las actividades comerciales ante la pandemia y ahora ha modificado el patrón de cómo y dónde se realiza el consumo de bienes y servicios. 

De forma semejante, impulsó el uso de los medios digitales de pago en sustitución de acudir y esperar en las sucursales bancarias. El concepto de que debe existir una ventanilla en una sucursal para tener acceso a los servicios del sistema bancario está quedando en el pasado.

Un beneficio social adicional de la digitalización y de la expansión en la cobertura y penetración de los servicios de banda ancha es la disminución de la huella de carbono del resto de las actividades económicas en forma transversal y con efectos diferenciados, es decir, facilitan la disminución de emisiones en forma directa o indirecta, pero en diferente magnitud.

La actual administración en México tiene un sesgo a favor de la generación de energía por combustibles fósiles y a mantener en funcionamiento plantas que son intensivas en las emisiones de gases con efecto invernadero.

Esto no significa que en sectores diferentes al energético paraestatal tengan que abandonar sus esfuerzos de abatir su huella de carbono. Un instrumento para ello es la adopción de Tecnologías de la Información basadas en la digitalización de las actividades productivas y de formación de capital humano, ambas fundadas en el acceso a las redes de banda ancha y, entre ellas, la adopción de 5G y de fibra óptica en forma acelerada.

Económicamente, al considerar que la cobertura y penetración de la banda ancha fija y móvil tiene externalidades positivas, significa que su beneficio social es mayor que el beneficio privado, lo cual hace un llamado a un subsidio para su expansión, dado que el óptimo de inversión privada es menor que el óptimo de inversión desde el punto de vista social.

Esto no significa que el Estado deba participar en la expansión de las redes de telecomunicaciones por medio de una empresa estatal o por medio de empresas público-privadas inviables financieramente, dado que existe una incompatibilidad entre objetivos de cobertura y sus resultados derivados del mercado (v. gr. Altán Redes, operador de la Red Compartida Mayorista).

En principio, la política pública debería maximizar la inversión privada en redes por medio de la desregulación de la actual regulación asimétrica, de tal manera que todos los concesionarios tengan incentivos para invertir y eliminar el mantra de que la inversión en redes, en infraestructura activa y pasiva de telecomunicaciones, es una barrera a la entrada que debe ser evitada para maximizar el número de operadores competidores entres sí.

Considerar la inversión como una barrera a la entrada a ser evitada por medio de regulación es una falacia que ha permeado en la política pública desde hace más de ocho años en el caso de México.

La inversión en redes de telecomunicaciones debe incluirse como una inversión para una economía sustentable, a favor del medio ambiente, y como una herramienta para evitar un mayor efecto del cambio climático (tal vez manifestándose ahora mismo en el planeta).

Inversiones digitales y “verdes” son dos aspectos a resaltar en un enfoque pro-inversiones en el sector de telecomunicaciones. El financiamiento en el mercado de capitales para inversiones en redes físicas de alta capacidad y velocidad (5G y uso extensivo e intensivo de fibra) abre nuevas opciones de colocación de bonos en los mercados por países como empresas concesionarias, bajo la perspectiva de abatimiento de huella de carbono.

Se ha estimado que la industria de telecomunicaciones contribuye con 2.6 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono,[1] pero no es un sector intensivo en el uso de energía como otras actividades económicas. Por ejemplo, el sector transporte aporta 24 por ciento de las emisiones de CO2, por lo que su contribución a la disminución de emisión en términos netos es positiva y debe ser creciente.

Se estima que el nivel de ahorro de emisiones asociado a la infraestructura digital es de 8 a 1, es decir, que por cada tonelada de emisiones asociada a la digitalización se ahorran 8 en las emisiones en el resto de las actividades.[2] Lo anterior se deriva del objetivo de economías de tener un nivel de emisiones “cero-neto” anunciado en la Unión Europea y que sería deseable para el resto de las economías incluidas las de América Latina.

Para maximizar la contribución del sector con los objetivos de una política sustentable permanente, es necesario que los reguladores amplíen su espectro hacia aquellos que deben de ser considerados para un sector de telecomunicaciones sustentable, incentivando la autorregulación para que los concesionarios reduzcan su propia huella de carbono bajo un esquema de incentivos en los siguientes aspectos:

i)      La adopción de consumo de energía de fuentes renovables y el uso de redes de generación distribuida[3] (auto consumo y cogeneración) para sus instalaciones de infraestructura activa y pasiva (v. gr. células o sitios de torres autosuficientes en su suministro de energía).

ii)     Establecer objetivos respecto a los equipos y partes electrónicas desechadas, para que los concesionarios se incorporen al enfoque de una economía circular que maximiza el reciclaje y minimiza el destino de equipos y partes (chips, SIMs, cables, baterías y piezas electrónicas que contienen metales pesados como plomo, mercurio y cadmio) a tiraderos no regulados.[4] La ONU estima que 40 millones de toneladas de desechos electrónicos son generados cada año a nivel global; de éstos, 80 por ciento tienen como destino el medio ambiente en forma no regulada.

iii)    Evitar o desfasar las obligaciones regulatorias de desagregación y compartición de infraestructura por la opción de coinversión entre operadores para alcanzar objetivos compartidos de expansión de infraestructura de redes físicas. La coinversión en lugar de la compartición obligada no sólo es una alternativa de mercado a las regulaciones de compartición obligada, también es una forma de incorporar ahorro de recursos en la expansión de redes sin incurrir en tarifas reguladas y oportunismos por parte de los concesionarios solicitantes, subsidios y transferencias que separan o divorcian los incentivos del obligado de aquellos del receptor de los servicios mayoristas de telecomunicaciones. Es una forma de que las partes incorporen elementos de minimización de huella de carbono en forma compartida entre los concesionarios y con el beneficio de la negociación entre las partes, tanto en los beneficios como en los costos de los componentes requeridos y de las tecnologías “verdes” insertas en los proyectos de expansión de telecomunicaciones.

Es necesario que el sector privado determine, incorpore en sus decisiones operativas y “monetice” el nivel de abatimiento de su huella de carbono atribuible al uso de soluciones basadas en las Tecnologías de la Información por su conectividad, dadas las redes públicas de telecomunicaciones disponibles. Todo ello adoptando el teletrabajo, las teleconferencias y el uso de los servicios de Cloud Computing, así como soluciones de Inteligencia Artificial en sus operaciones logísticas.

Sin embargo, la mezcla de combustibles/tecnologías de generación de electricidad en una economía determina la huella de carbono de las actividades que hacen uso de las Tecnologías de la Información.

Una economía que eleva su consumo de energía de fuentes renovables y, por lo tanto, disminuye el costo social de la electricidad que consume, reduce también la huella de carbono por GigaByte (GB) de las actividades en línea.

Si México modifica su mezcla de tecnologías de generación hacia aquellas que favorecen el consumo de combustibles fósiles y de mayor costo relativo, desplazando las tecnologías renovables, se tendrá como efecto aumentar la huella de carbono de las actividades digitalizadas, aumentando las emisiones por GB.

La digitalización de las actividades económicas y la disminución de la huella de carbono de cada una de ellas deben ser consideradas como objetivos de política pública orientada a una economía circular sustentable. 

La pandemia de Covid-19 mostró que la digitalización acelerada es posible y que los obstáculos provienen de la inflexibilidad regulatoria y de la cultura corporativa atada a lo que deberían ser el trabajo y el comercio de servicios.

El dividendo de las Tecnologías de la Información, la banda ancha fija y móvil y el Internet de las Cosas no sólo debe ser medido en productividad sino también en la sustentabilidad de las actividades económicas transversalmente. La digitalización también tiene un efecto “verde”.


[1] ETNO-BCG, “Connectivity & Beyond. How Telcos Can Accelerate a Digital Future for All”, marzo de 2021.

[2] Disponible en: https://www.farrpoint.com/digital-and-net-zero

[3] Generación de electricidad con tecnologías de relativamente pequeña escala ubicadas en los sitios donde se consume.

[4] Disponible en: https://www.vodafone.com/sustainable-business/our-purpose-pillars/planet/building-a-circular-economy