Milenio Julio Serrano

Crisis tan profundas como las que estamos viviendo por lo general representan un parteaguas; un antes y un después. Podríamos dividir las etapas en: BC (before coronavirus) y AC (after coronavirus). Para sobrevivir, las empresas no podrán seguir operando como lo hacían antes de la pandemia, tienen que transformarse para competir en un nuevo mundo digitalizado.

El cambio de paradigma hacia una mayor dependencia de los negocios en la tecnología se venía gestando desde hace tiempo. El coronavirus solo le dio un fuerte empujón. Prueba de ello ha sido la creciente valuación de los gigantes tecnológicos de Estados Unidos a partir de que se disparó la crisis. Mientras que empresas de la vieja economía se han rezagado, empresas de la nueva economía, como Apple, Amazon, Google, Microsoft, Facebook y Netflix, han prosperado. Está claro dónde cree el mercado que está el futuro.

La pandemia ha puesto en evidencia la importancia de digitalizarse. Transitar hacia un esquema de trabajo a distancia, por ejemplo, ha sido mucho más sencillo para aquellas empresas que cuentan con tecnología de vanguardia. Industrias enteras están bajo amenaza a raíz de la disrupción que ha traído el internet y que se ha manifestado con más fuerza durante los últimos meses. Video bajo demanda ha venido a desquiciar la televisión y las salas de cine. El comercio electrónico ha hecho lo propio con el comercio tradicional. Empresas que no tengan la capacidad de vender en línea estarán en riesgo de desaparecer si no se adaptan.

La industria de los restaurantes también está siendo afectada por la tecnología. Servicios de entrega a domicilio, como Uber Eats y Rappi, están redefiniendo el negocio. Qué decir la del transporte público, con aplicaciones como Uber. La salud, con la telemedicina, y la educación, con el aprendizaje en línea, también están sufriendo cambios trascendentales. Las fintech están transformando la banca. Ninguna de estas tendencias es nueva, solo se han acelerado con el coronavirus.

Lo cierto es que es difícil encontrar algún rincón de la economía que esté inmune a la amenaza digital. Sin embargo, en México las empresas están poco preparadas para hacerle frente. Se estima que menos de una de cada 20 tiene la capacidad de operar vía internet. Solo dos de cada 10 están preparadas para el teletrabajo. Pocos de nuestros grandes corporativos, aquellos que cotizan en bolsa, se caracterizan por su innovación y tecnología. Es evidente que hay mucho por hacer si queremos ser competitivos en el mundo AC.

Pero los negocios no son los únicos que se tienen que reinventar. Las personas también tendrán que ponerse la pila digital. Saber usar y aprovechar la tecnología se ha vuelto más relevante para nuestro trabajo, educación y vida social, como lo hemos podido constatar durante la pandemia. Aquí también hay mucho por hacer y la prioridad debe ser reducir la enorme brecha digital que existe para que los mexicanos menos favorecidos puedan prosperar en el nuevo mundo.

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