La República-Jorge Hernán Peláez

Transcurrieron un poco más de seis meses, desde la primera vez que supimos que en el mercado colombiano de las comunicaciones había un posible nuevo competidor, una compañía que se mostraba interesada en participar de la subasta de espectro de 2019. Gradualmente se conoció que la oferta sería importante, y que adicionalmente estarían interesados en adquirir uno o varios operadores.

WOM finalmente se quedó con unas porciones de espectro en la subasta y renunció a una banda por lo que ellos llamaron un “error” en la cifra ofertada. MinTIC les cobró la póliza de cumplimiento de seriedad de la oferta por $42.000 millones. A ese primer “error” se opuso principalmente Telefónica, compañía que quedó por fuera de la subasta.

Tres días antes de la audiencia definitiva de la subasta, se conoció sorpresivamente que uno de los operadores declinaba de participar: Avantel anunció que entraba en ley de reorganización. Semanas atrás los tres grandes del mercado móvil: Tigo, Claro y Telefónica habían hecho acusaciones públicas sobre el estado de la cartera de Avantel. En resumen, todos tenían cuentas por cobrar al operador por miles de millones de pesos.

Avantel, que había participado de la subasta de espectro anterior de 4G, actuó durante cinco años como operador entrante. La palabra entrante, es clave en todo el análisis. Jurídicamente hablando, ser entrante de un mercado le permite tener condiciones de uso de espectro y tarifas preferenciales para uso de otras redes durante un tiempo limitado. Cuando se acabó ese tiempo, Avantel siguió pagando costos de interconexión como entrante. Los operadores establecidos comenzaron las acusaciones públicas y activaron mecanismos jurídicos.

Recientemente, MinTIC les dio la razón a los establecidos y Avantel debe pagar las cifras que no ha desembolsado. Además, fue multado por “trasgredir” las normas de la CRC con argumentos jurídicos traídos de los cabellos. Solamente en el caso de Tigo, Avantel debe $50.000 millones.

Sumado a eso, Avantel dentro de la reorganización ante la Supersociedades, recientemente reveló una oferta por parte de WOM para comprar la compañía. A primera vista uno diría que con el nuevo accionista al frente, se acabaría el tema de la reorganización, se pagarían las deudas con los operadores y todos a competir en el mercado por tarifa y por servicio.

La realidad es otra. WOM pretende, y ese sería su segundo “error” en el mercado, competir como entrante, comprando una compañía establecida con base de clientes y red instaladas. Telefónica y Claro se movieron rápidamente. La firma española retomó los cuestionamientos de hace meses, y los hechos le están dando la razón a Natalia Guerra, su Vicepresidente Jurídica, que en este diario afirmó en enero que la subasta fue “desequilibrada”.

Visto hacia atrás, Guerra tiene algo de razón, sobre todo si Avantel y WOM estaban negociando en secreto antes de la subasta. El área jurídica de Claro por su parte interpuso recursos ante las superintendencias, por ejemplo, medidas cautelares para intentar garantizar los pagos que debe hacer Avantel. WOM entra al mercado con doble amarilla, todos los operadores en contra y muchos obstáculos jurídicos por resolver. Compraron Avantel, compraron un problema grande.

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