El CEO

En México no hay rincón en el que un habitante no haya probado una Coca-Cola, unas papas Sabritas o se haya sentado por horas frente a un televisor mientras comparte los alimentos con el resto de la familia. El país es el mayor consumidor de refrescos en el mundo y es el mercado más importante fuera de Estados Unidos para The Coca-Cola Company y Pepsico -con la fábrica de snacks más grande de Latinoamérica en la Ciudad de México- que aprovechan los 2.2 millones de grandes y pequeños establecimientos repartidos por todo el territorio, donde esencialmente se venden refrescos y frituras. Las compañías multinacionales aprovecharon a lo largo de los años un factor clave para llegar a la mayor cantidad de consumidores en territorio nacional: la televisión, cuyo apogeo sigue siendo uno de los principales canales para conectar con la población. 

La pandemia de COVID-19 resaltó en el mapa a esta triada de elementos. En un frente, el gobierno federal avanza en la introducción de una nueva norma de etiquetado frontal para controlar el consumo de alimentos y bebidas azucaradas, de las que incluso responsabiliza de agravar la condición de salud de los pacientes que contraen el virus. Mientras tanto, en otro frente, utilizará a la televisión para iniciar el ciclo escolar 2020-2021, en medio de una crisis de salud que no permitirá a los alumnos volver a las aulas de clase de manera presencial, al menos, en lo que resta del año. La chicharra la harán sonar, por primera vez en la historia y a nivel federal, los emporios mediáticos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que Televisa, TV Azteca, Grupo Imagen y Grupo Multimedios darán el banderazo al nuevo año el próximo 24 de agosto para difundir a niños y jóvenes los contenidos educativos a través de los canales de televisión abierta, que llegan al 92.5% de los hogares en México, según datos oficiales de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019.


El programa que implementará el gobierno, a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) lleva por nombre ‘Aprende en casa II’. 

También a través de Canal Once, Ingenio TV, el Sistema Público de Radiodifusión (SPR) y 36 estaciones educativas en todo el país, se transmitirán por radio programas educativos para las comunidades indígenas. Asimismo se producirán y transmitirán 4,550 programas de televisión y 640 de radio en 20 lenguas indígenas.

A cinco meses de exhortar por primera vez a los mexicanos a permanecer en casa para frenar la curva de contagios, el virus no detiene su marcha y ha cobrado la vida de más de 50,000 personas, sin que se vea un descenso próximo. 

En materia de salud pública, el sector enfrenta los problemas sobre la marcha, mientras que la conectividad en términos de infraestructura mostró las fortalezas del sector de telecomunicaciones, y aún con un potencial de desarrollo por delante, las familias mostraron una rápida adaptabilidad en sus hábitos de consumo en línea. 

Sin embargo, la apuesta por la televisión será la prueba de fuego en materia educativa. 

El proceso de adaptación al confinamiento y a la ‘nueva normalidad’ evidencian el reto que se viene para un sector cuya implementación y mejora de políticas públicas no han sido suficientes para resolver los problemas de escolaridad, desigualdad y calidad del aprendizaje, principalmente en la educación básica.

Aunque si los estudiantes tienen o no televisión, ese no será el principal problema. El nuevo esquema pondría al descubierto la deficiencia en los profesores para enseñar vía remota, en los alumnos para adaptarse a hacer distintas tareas y en las mismas instituciones educativas, además de que se deja de lado una estrategia que hoy por hoy debiera inclinarse más hacia la inversión en conectividad y digitalización.

La televisión aumentó su presencia en los hogares mexicanos a partir de la Transición Digital Terrestre (TDT), un programa gubernamental con el objetivo de migrar a los hogares mexicanos de la televisión analógica a la digital. 

Para lograrlo, la administración del entonces presidente Enrique Peña Nieto otorgó 10.2 millones de televisores digitales al mismo número de hogares de escasos recursos en todo el país, de acuerdo con cifras oficiales. 

Aunque el 92.5% de los hogares en México cuenta con un televisor, 2.7 millones de hogares en el país no cuentan con ninguno de estos aparatos. Esto es 200,000 hogares más sin televisión que un año antes. 

El porcentaje, de cualquier forma, es suficiente para los magnates que lideran las televisoras que poseen las concesiones de la televisión abierta: Bernardo Gómez, copresidente ejecutivo de Grupo Televisa; Ricardo Salinas Pliego, presidente y fundador de TV Azteca y Olegario Vázquez Aldir, director de Grupo Empresarial Ángeles y dueño de Imagen TV, la cadena más joven de todas, que en octubre cumplirá cuatro años al aire. 

Los magnates de los medios muestran una relación de cercanía con la administración de López Obrador. Un mes antes de que asumiera formalmente el poder el primero de diciembre de 2018, el entonces presidente electo adelantó la creación de un Consejo Asesor Empresarial integrado por ocho miembros que sería coordinado por la Oficina de Presidencia. Gómez, Salinas Pliego y Vázquez Aldir entraron al club.

En lo que fue la primera salida del primer mandatario al extranjero, en julio pasado, ellos estaban también entre los 10 empresarios que viajaron a Washington para acompañarlo a la reunión que tuvo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. 

Casi un mes después, Emilio Azcárraga, presidente ejecutivo del Consejo de Administración de Televisa, Benjamín Salinas Sada, CEO de TV Azteca e hijo de Salinas Pliego, y Vázquez Aldir, de Imagen, firmaban en el acuerdo con la SEP en Palacio Nacional ante miles de testigos que dependen de YouTube para seguir las conferencias mañaneras del presidente, irónicamente el canal favorito de la administración por internet para comunicar sus mensajes de gobierno.

El compromiso generará a las televisoras beneficios sin costos por estos canales a contenido exclusivamente educativo y gratuito. La estrecha relación de los magnates del entretenimiento con AMLO no es casualidad. Históricamente, el gobierno federal se ha mantenido cerca de empresarios de medios, unidos por una relación de privilegios de ida y vuelta, comentó a EL CEO Fernando Dworak, consultor y analista político. 

La realidad de la relación entre López Obrador y estos empresarios, a pesar del eterno discurso de ‘derrotar a la mafia del poder’, es que sigue dependiendo de ellos y eso, al final, es puro realismo político

La cercanía de los hombres de negocio con el poder en turno es reflejo de una relación de prebenda, pues estos no solo se benefician económicamente, sino también cuentan con ciertos privilegios, acceso a recursos y contacto directo con el presidente, a cambio de legitimar al sistema, agregó Dworak.

La importancia de las televisoras en México sigue siendo relevante. Para muestra, las acciones de Televisa y TV Azteca se dispararon en la Bolsa Mexicana de Valores los días consecuentes al anuncio, lo que para el analista supone un espaldarazo de los inversionistas que le da las televisoras más rentabilidad, además de colocarlas a años luz de cambiar a un sistema que no es más que ‘capitalismo de cuates’.  

El acuerdo con los empresarios supone para el gobierno federal un desembolso de 450 millones de pesos, un monto que solo cubre los gastos operativos y el uso por 24 horas diarias de los canales para la transmisión de contenidos para educación básica y media superior.

La estrategia busca salvar principalmente a los estudiantes de nivel básico. Los de educación media superior y universidad tiene otros desafíos que prácticamente se resumen en la necesidad de contar con una computadora y conectividad a internet.

En México, la mayor parte de los estudiantes están acostumbrados a los sistemas presenciales, por lo que no han desarrollado habilidades de procesos de autoaprendizaje o autorregulación para llevarlos en solitario, ya que aprendieron en colectividad. 

Uno de los principales retos es que la educación remota originalmente se diseñó para adultos y no para la población infantil y juvenil, justo el segmento al que más se enfocará el gobierno con la televisión, por lo que será necesario establecer un desarrollo nuevo y objetivos claros en el esquema a distancia para lograr que funcione. 

La pandemia evidenció las brechas, la falta de información y la realidad de que los docentes no están preparados para enfrentar totalmente la idea de dar clases a distancia, no como impartidores de cátedra sino como facilitadores digitales dijo Luz María Garay Cruz, profesora de la Universidad Pedagógica Nacional Ajusco.

A esto se suma el hecho de que los profesores no están preparados para la educación a distancia, a la par de que los estudiantes no están habilitados ni listos para enfrentarse a procesos educativos que impliquen organización de horarios, permanencia en clases y regulación de tiempos de tarea y de estudio, todo al mismo tiempo.

Si bien no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una contingencia global, lo que resulta novedoso es que ahora se vive en términos de hiperconectividad, ante un escenario en donde las telecomunicaciones han sido una especie de antídoto, dijo recientemente en un foro virtual Ernesto Piedras, socio director de The Competitive Intelligence Unit (CIU). 

Sin embargo, no toda la población tiene la capacidad de conectarse, ni todos los hogares cuentan con algún dispositivo o internet, lo que supone otro de los grandes retos en materia educativa. 

Según la ENDUTIH del año pasado, el 43% de la población de seis años o más es usuaria de computadora, mientras que se estima que 20.1 millones de hogares disponen de Internet, es decir, un 56.4%, ya sea mediante una conexión fija o móvil.

Para Piedras, parte de la tarea social, de política pública, académica, y de industria es asegurarse que todas las partes generen las capacidades de conectividad para hacer la diferencia. Ante este gran reto, la gran pregunta es cómo se va a garantizar el acceso a la educación en un país en donde no todos tienen servicios básicos, mucho menos a la conectividad y acceso a internet. 

En México apenas siete de cada 10 personas mayores de seis años tiene acceso a internet, e incluso, hay zonas en las que ni siquiera va a llegar pronto, a pesar del ambicioso plan de conectividad del gobierno federal. 

El gobierno federal tiene como meta que en 2024 todo el país esté conectado a internet, para lo cual creó CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, a fin de generar el despliegue de infraestructura en todo el país para conectar las zonas más alejadas.

Sin embargo, el proyecto ambicioso está siendo complejo, y no precisamente por la pandemia, pues ha tenido que hacer ajustes en sus planes, buscar aliados como la Red Compartida y diseñar una estrategia para integrar más tecnologías al proyecto. 

Si bien la demanda de conectividad aumentó durante la contingencia sanitaria para dar continuidad a actividades profesionales como académicas, los servicios contratados no están diseñados para la alta demanda ni el tráfico que genera conectarse a internet, comentó por su parte Fabiola Peña, gerente de Asuntos Digitales en NIC México. 

No es un problema de infraestructura, sino de las necesidades de uso que se tienen ahora. No es que la infraestructura falle, sino que al ser conscientes del consumo se puede hacer contratación de servicios efectiva, lo que podría elevar el gasto, agregó. 

Es deseable que se invierta en más infraestructura, es necesario que se estén analizando aquellas zonas que no están conectadas y es una necesidad natural de la evolución, pues siempre se ha necesitado una mejor conectividad

Aunque internet tiene ahora una mayor carga que antes de la pandemia, es una red técnicamente resiliente que está preparada y fue creada para entornos que fueran complicados. La red nació en los años sesenta en un contexto de guerra que evoluciona a un contexto educativo. 

La educación en línea permite tener distintos modelos de aprendizaje, por lo que las personas aprenden de formas distintas, lo que de alguna manera permitirá eliminar la falla del modelo tradicional, en el que todos tienen que aprender igual. Así piensa Diego Miramontes, country manager para México de Platzi, una plataforma de cursos por internet fundada en 2013

Pensar en una educación asíncrona, crear contenidos en los formatos necesarios para cubrir distintas necesidades, cambiar la normativa y estar conectados con las necesidades de la industria son realmente los principales desafíos para Miramontes.

Además, sólo uno de cuatro profesores en América Latina se siente capacitado para dar clases en línea, de acuerdo con un estudio reciente del TEC de Monterrey. 

La tecnología por tecnología no es la respuesta, sino la colaboración de las partes,y lo que a cada una le toca es la respuesta, pues la tecnología en sí misma, sin ninguna de las acciones de estudiantes y profesores no resuelve nada, aseguró Fabiola Peña. 

La falta de inversión en capacitación y en plataformas robustas para impartir clases remotas son los dos elementos esenciales que serán el termómetro para ver hacia adelante si los nuevos modelos educativos resultan un éxito o un fracaso. 

La educación por internet no es nueva. Plataformas como Coursera, Udemy o Crehana, pioneras en cursos online marcaron la pauta para el surgimiento de nuevas plataformas generadas en comunidades creativas gestadas en redes sociales.

En México, desde hace algunos años varias instituciones privadas diseñaron un sistema de educación a distancia, principalmente para nivel superior, adaptándose a las necesidades de estudiantes con falta de tiempo y ganas de estudiar.

Con la pandemia, muchas otras instituciones de nivel superior, principalmente públicas, trabajan en un sistema que les permita lidiar con la contingencia y con el menor impacto para sus estudiantes. 

El desafío no es menor y hay mucho trabajo por hacer, principalmente al entender que “pasar a lo digital” no significa traspasar todos los procesos, servicios y actividades analógicas, darles una cara digital y subirlas a internet, aseguró en un reciente foro virtual María Elena Estavillo, excomisionada del IFT.

Si bien hay una demanda de capacidad a la que las redes han sabido dar respuesta ante la contingencia, en realidad convendría a todos que la demanda fuera mucho más alta, porque eso supondría que una mayor parte de todos estos procesos estaría en lo digital y eso lo haría más sencillos, más ágiles y más accesibles agregó Estavillo Flores.

Esto, necesariamente acompañado de una política pública en donde todos tengan acceso a esos servicios, porque de otra manera se están creando ‘islas’ de personas conectadas con personas no conectadas. 

Por eso, la televisión no será suficiente

Para la economista, atender con televisión la necesidad real de seguir llevando educación a la población se está haciendo sobre un modelo analógico, simplemente pasándolo a la televisión, y eso requiere un salto cuántico: hay que cambiar los procesos pedagógicos, adaptarlos a todas las capacidades del internet que implican interacción, una participación activa de los estudiantes que no puede replicar la TV abierta. 

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