Educación remota en emergencia: entre la brecha digital y la oportunidad de repensar el modelo educativo

La pandemia puso en evidencia que aquellos países menos avanzados en el desarrollo digital y con políticas poco robustas están en peor condición para enfrentar los desafíos de la educación, explica María Teresa Lugo, especialista de la Unicef.

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Fátima González ya siente perdido el ciclo escolar de sus hijos: Ángel, de 10 años, y Brenda, de ocho. Antes de la pandemia, ambos acudían a una primaria en Iztapalapa, Ciudad de México. Aunque han podido tomar clases por televisión con el programa “Aprende en casa” de la Secretaría de Educación Pública (SEP), tienen muchas dudas sobre los contenidos y les cuesta mantener la atención.

La maestra resuelve sus inquietudes por WhatsApp, les envía audios e incluso videos para explicar con más detalle algún tema. Sin embargo, no los pueden descargar a tiempo por falta de dinero para abonar una recarga. Fátima es madre soltera y trabaja como comerciante en un tianguis local. Sus ingresos han bajado desde que el gobierno implementó medidas de confinamiento social para contener los brotes de Covid-19.

¿Internet fijo? “Sí hay cobertura de un montón de empresas, pero es un lujo ahorita; o comemos o pago el Internet, y de una computadora mejor ni hablamos”, comenta. El caso de Ángel y Brenda figura entre los 32 millones de niñas y niños, de entre 5 y 12 años, que están excluidos de la educación en línea en América Latina porque en sus hogares carecen de Internet, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La crisis provocada por el SARS-CoV-2 ha generado una emergencia educativa a nivel mundial, ante los impedimentos para volver a las aulas. Debido a la falta de asequibilidad de la banda ancha, de infraestructura y de habilidades digitales, la pandemia ha acentuado la brecha digital en la región latinoamericana y ha dejado a millones de niños, niñas y jóvenes fuera de los recursos que brindan las tecnologías para su aprendizaje.

“Hoy, aquellos que no acceden a Internet están más excluidos que antes y, con la pandemia, tienen muchísimas menos posibilidades de garantizar su derecho a la educación, y a poder generar aprendizajes”, explica María Teresa Lugo, coordinadora del Secretariado de Generación Única del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Argentina, en entrevista con DPL News.

Más del 90 por ciento de los niños de los hogares más pobres no cuentan con conexión a Internet en países como Bolivia, Perú, El Salvador y Paraguay; mientras que en México, República Dominicana y Ecuador, el porcentaje ronda poco menos de 90 por ciento.

En este escenario, Lugo expone que garantizar el acceso a los servicios de conectividad y a los dispositivos es esencial para tener menores niveles de exclusión y desigualdad, en especial en las poblaciones más vulnerables. “Uno de los desafíos de las políticas es garantizar la conectividad como un derecho”, asegura.

Hace tres semanas, el gobierno argentino emitió el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 690, a través del cual declara al Internet, la telefonía móvil y la televisión de paga como servicios públicos en competencia, y cuya reglamentación regulará las tarifas.

Para la especialista en políticas digitales para la educación, este es “un ejemplo concreto de una medida de política pública que va a contribuir a poder garantizar este derecho”. Otros países de la región ya han avanzado en reconocer el acceso a Internet como un derecho: México lo incluyó en su Constitución, y en Costa Rica también es considerado un derecho fundamental.

Sin embargo, ese es sólo un punto de partida y la “educación remota en emergencia” ―concepto que alude a la educación en situación de crisis― presenta otros retos para los gobiernos, de orden pedagógico, tecnológico y de contención emocional, que requieren un acompañamiento con los estudiantes y los profesores.

El gran experimento educativo

Noemí Herrera, investigadora del Programa de Educación del centro de análisis México Evalúa, dice en entrevista con DPL News que “la pandemia ha implicado que hagamos un experimento a nivel mundial en el uso de las tecnologías para acceder a la educación. Antes se utilizaba como instrumento de apoyo”.

La contingencia llegó cuando la mayoría de los países en la región no estaban preparados para asumir los retos de diseñar una estrategia para la educación a través de las TIC, aunque es una materia que ha estado en la agenda desde hace varios años.

“El único país que, previo a la pandemia contaba con todas las condiciones digitales para poder enseñar a través de la tecnología, es Uruguay. Es el único que con la pandemia demostró que estaba a la altura de las dificultades”, destaca María Teresa Lugo.

Uruguay fue el primero en retomar las clases en la región por medio de un modelo híbrido. Con el respaldo del Plan Ceibal creado en 2007, se ofrecen recursos digitales para la educación a través de diferentes portales y proyectos; se brinda acceso a Internet y a equipos de cómputo para estudiantes y maestros, y se fomenta el uso de las TIC para el aprendizaje.

Herrera también resalta la experiencia de Alemania. Pese a que es una de las naciones más desarrolladas del mundo, “la pandemia llegó cuando no estaban lo suficientemente capacitados en el uso de las tecnologías, y lo que hizo ese gobierno fue reestructurar su inversión” para mejorar la calidad de las conexiones y adquirir equipos de cómputo.

“Lo que la pandemia puso en evidencia es que aquellos países que no habían hecho un desarrollo fuerte o que sus políticas digitales no habían sido robustas están en peor condición que los otros para poder enfrentar los desafíos”, expresa la especialista de la Unicef.

Incluso las naciones con mejor desarrollo de conectividad, infraestructura y asequibilidad no están exentas de la brecha digital. Según datos de la Cepal, en Uruguay 60 por ciento de los niños y niñas que viven en los hogares de menores ingresos no tiene acceso a Internet, y en Chile el porcentaje es de alrededor de 28 puntos porcentuales.

Esto ha llevado a que los países implementen modelos de educación a distancia con apoyo de la televisión y la radio, que están disponibles en más hogares. Al menos 23 países de América Latina y el Caribe se han apoyado en la radiodifusión para dar continuidad al sistema educativo, incluidos México y Argentina. Y en 24 naciones las estrategias incluyen la entrega de recursos impresos para la población que no puede conectarse a los medios digitales o audiovisuales.

La experta de la Unicef afirma que “en este contexto vale todo (…), se ponen en valor las viejas tecnologías, la radio, la televisión, el papel: todo lo que pueda contribuir al acceso a la enseñanza”.

No obstante, “esto también es una alerta”, pues a largo plazo será necesario que los gobiernos garanticen una canasta digital básica ―como propone la Cepal―, subsidien los servicios para la población de menores ingresos y exista una mayor coordinación entre el sector público y privado.

Además, María Teresa Lugo puntualiza que no hay que “homogeneizar un modelo de aproximación a la tecnología para la educación, sino poder ver también las especificidades y las oportunidades. Pensar en territorios diferenciados donde se dan distintos modelos de conectividad, distintos formatos para la inclusión de dispositivos: todo esto hace imaginar políticas post pandemia más hacia los modelos híbridos”, en el que haya momentos de educación remota y otros presenciales.

Si no llega la banda ancha fija a una zona, hay que pensar en utilizar el servicio móvil, en las soluciones comunitarias u otras tecnologías para la educación en emergencia; al mismo tiempo, es necesario incrementar las capacidades de los docentes para enseñar con tecnología y aprovecharla, comenta Lugo.

¿A qué escuela volvemos?

Después de la pandemia de Covid-19, “¿a qué escuela vuelven los chicos y las chicas?”: esa es la pregunta que debe formularse América Latina, asevera la especialista de la Unicef. Además de todos los desafíos que representa la crisis sanitaria y económica, también muestra algunas oportunidades.

La coyuntura actual es un momento propicio para “revisar los formatos escolares, la baja relevancia curricular y la desconexión con lo contemporáneo que algunas escuelas presentan en América Latina”, señala.

En especial, es una oportunidad para pensar y adoptar un modelo educativo más inclusivo y diseñar estrategias para que la educación por medio de las tecnologías sea un camino que permita alcanzar la equidad de género, destaca Lugo.

De acuerdo con la Unión Internacional de Telecomunicaciones, sólo 48 por ciento de las mujeres en el mundo están conectadas, frente a 58 por ciento de los hombres. La brecha digital de género se agrava en las naciones menos desarrolladas. Aunado a ello, ellas tienen 10 por ciento menos de probabilidades de adquirir teléfonos móviles y menos 23 por ciento de posibilidades de ser usuarias de la banda ancha móvil en los países de ingresos medios y bajos, según la GSMA.

Para Noemí Herrera, investigadora de México Evalúa, lo más recomendable para los países es transitar a un modelo híbrido de aprendizaje. Y en el proceso, flexibilizar los contenidos curriculares y reducirlos a los que son clave para asegurar la continuidad de la educación, así como las formas de evaluar.

También debe haber un ajuste para propiciar la participación de las comunidades escolares y que exista mayor autonomía de las escuelas, a fin de no depender de una estructura centralista para responder a las necesidades de la educación.

Las expertas coinciden en que la educación durante y después de la contingencia debe abordar un aprendizaje más profundo y en sintonía con las realidades locales, con especial énfasis en las redes de docentes.

En el modelo híbrido que se está adoptando en varios países, “se puede planificar una escuela diferente, con puentes mucho más robustos hacia las familias, las comunidades; de escuelas que puedan estar en los territorios en mayor sintonía con las comunidades, con el desarrollo local”, afirma María Teresa Lugo.

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