El abc de los sandboxes regulatorios: su traslado del ecosistema fintech al TIC

Más de 30 países en el mundo están explorando el sandbox regulatorio como un mecanismo para impulsar la innovación en los mercados. Después de su aplicación en el ámbito fintech, se busca detonar el potencial que traería al ecosistema TIC y telco. Corea del Sur ya ha incursionado y le seguirá Colombia.

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¿Cuál es la fórmula secreta o mágica para llegar a la quincena, pagar las cuentas y, además, ahorrar dinero? ¿Y, yo empresa, qué puedo hacer para ayudar a mis clientes a lograrlo? Esa fue una problemática que buscaron resolver Pariti Technologies y HSBC. La fintech y la compañía bancaria se unieron para desarrollar un proyecto en la primera generación del sandbox regulatorio del Reino Unido.

Ambas diseñaron una aplicación, llamada Smartsave, enfocada en mejorar la gestión de las finanzas personales. La finalidad puede parecer sencilla, pero concretarla implicó enfrentarse a obstáculos regulatorios, debido a que, entre varias cosas, conllevó de alguna manera sumergirse en el comportamiento financiero del usuario.

Por ello, el sandbox o caja de arena regulatoria se perfilaba como un entorno prometedor para explorar la plataforma que imaginaban. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se trata de una suerte de espacio de experimentación que permite a las empresas innovadoras operar, temporalmente, de manera flexible para probar algún servicio, producto o solución, que de otra manera no podría hacerse debido a las barreras en las normas.

HSBC y Pariti Technologies tuvieron acceso a datos relevantes de los bancos, utilizando una interfaz de programación de aplicaciones. Dichos datos se analizaron para determinar, con apoyo del Aprendizaje Automático, cómo actuaban los clientes financieros o los titulares de cuentas.

Con base en el estudio, la aplicación era capaz de administrar o aconsejar al usuario sobre la mejor opción para gestionar su dinero y las deudas que tenía y cómo quedar en números azules, e incluso podía tomar una decisión por el cliente.

Las empresas completaron con éxito su proyecto en el marco del sandbox regulatorio enfocado en las fintech de la Autoridad de Conducta Financiera del Reino Unido (FCA, por sus siglas en inglés).

Después de eso, el objetivo sería que el regulador revisara el caso para, de ser necesario, cambiar las reglas que frenaban su implementación. La FCA permitió que la aplicación ofreciera productos y servicios de manera regulada al público en general, y brindara asesoría para las inversiones.

Sin embargo, no autorizó que la plataforma con Aprendizaje Automático se encargara de administrar planes de deuda, debido a que consideró que fuera de la caja de pruebas podría ser riesgoso para los consumidores.

Gracias a los resultados satisfactorios de la colaboración con HSBC, Pariti Technologies llamó la atención de Tandem Bank. El banco británico adquirió en 2018 la aplicación desarrollada en el sandbox, que para ese entonces ya acumulaba unos 95 mil usuarios.

Reino Unido, el pionero

Aunque en la actualidad el término sandbox regulatorio tiene una aureola de popularidad y atractivo a nivel internacional, fue en el Reino Unido donde vio la luz por primera vez y a partir de ahí comenzó a germinar por el mundo. No sólo en el ámbito fintech, sino también en el sector energético.

La FCA de ese país introdujo el primer modelo formal de caja de arena regulatoria para los servicios fintech en 2015. Lo definió como un “espacio seguro” en el que las empresas pueden probar productos, servicios, modelos comerciales y mecanismos de entrega innovadores, sin las complicaciones normativas normales.

Nació de la problemática de que las regulaciones de un determinado tiempo no pueden responder de forma adecuada al ritmo de innovación del sector. Al brindar un entorno exento de barreras, se abre el paso a nuevas ideas que buscan promover la competencia efectiva a favor de los consumidores y, según los resultados, generar cambios en la normativa.

Hasta ahora, la FCA ha aprobado la implementación de más de un centenar de proyectos bajo el esquema de sandbox regulatorio. De manera resumida, para acogerse a este mecanismo se atraviesan una serie de pasos: la solicitud, autorización, periodo de pruebas, presentación de un informe y una transición “fuera de la caja”.

Este último estadio implica continuar con el producto, servicio o modelo probado, pero ahora en el mundo real, buscando la aprobación de las autoridades o, en su defecto, aprovechar las lecciones aprendidas para reconsiderar o perfeccionar las propuestas.

Las organizaciones que han participado en los sandboxes regulatorios en el Reino Unido han conseguido también beneficios adicionales. De acuerdo con un estudio de Deloitte de 2018, las empresas adquieren una mayor confianza en sus planes estratégicos, legitimidad ante clientes e inversores y una visión temprana de fallas en su oferta y la oportunidad de solucionarlas.

Para la consultora, la experiencia británica ha demostrado que los órganos reguladores pueden desempeñar un papel activo y positivo en fomentar la innovación al dar permisos para actuar, pero enfrenta desafíos como habilitar negocios de carácter transfronterizo.

Otros países se entusiasmaron con la experiencia británica y decidieron trazar un camino para la implementación de sandboxes regulatorios. Un total de más de 30 naciones, entre ellas: México, Colombia, Tailandia, Canadá, Japón, Singapur, Australia, Suiza, Hong Kong, Países Bajos, Australia, Dinamarca y Corea del Sur.

Trasladar el sandbox a las TIC

Luego de varias pruebas en el sector fintech en diferentes partes del mundo, en 2019 la nación surcoreana se convirtió en la primera en extender este mecanismo al ámbito TIC, enfocándose en tecnologías emergentes como la Inteligencia Artificial y el Internet de las cosas.

Aunque se trata de dos ecosistemas relacionados, existen características y condiciones que divergen y requieren un estudio específico antes de su adopción, como lo notaron las autoridades de Corea del Sur y, más recientemente, las de Colombia.

Recién en abril de 2019, la Comisión de Servicios Financieros de Corea puso en marcha el mecanismo, cuyo periodo de exploración para los proyectos dura dos años. Este 2021 se podrían conocer algunos de los hallazgos importantes.

Entre los casos aprobados por la autoridad en la nación asiática, se encuentra un servicio de licencia de conducir móvil que ofrecen los operadores SKT, KT y LG Uplus, el cual funciona como una tarjeta de identidad que puede consultarse en los teléfonos inteligentes. 

Otro ejemplo es el servicio de gestión cardíaca mediante un dispositivo de electrocardiograma, una especie de reloj pulsera diseñado en el Hospital Anam de la Universidad de Corea. El objetivo de esta innovación es ser una herramienta para la atención médica, incluso en emergencias.

Al trasladar las arenas de prueba regulatorias a las TIC y las telecomunicaciones, Gerardo Mantilla, gerente de proyectos de Artifex Consulting, explica en entrevista con DPL News que los proyectos se tienen que orientar en desplegar servicios de valor agregado, aquellos que parten de la plataforma tecnológica actual, pero contienen elementos adicionales para los usuarios finales o son especializados para el sector empresarial.

Los organismos reguladores deben tomar en cuenta que existe una diferencia considerable entre las inversiones que desembolsan los sistemas fintech y las telecomunicaciones, ya que las empresas de este segundo tipo no pueden darse el lujo de invertir grandes sumas de capital en tecnologías (como la fibra óptica) que tienen un tiempo de recuperación más largo que el de una fintech, enfatiza Sonia Agnese, analista sénior de Omdia para América Latina.

Mantilla coincide con Agnese en que las inversiones fintech son muy bajas en comparación con las TIC y de telecomunicaciones. Si hablamos de usar el sandbox para buscar nuevas formas de construir redes o infraestructura ―comenta―, se trata de un trabajo más arduo, debido a la alta carga impositiva que existe en las telecomunicaciones.

“Si un regulador quiere cobertura de fibra óptica hacia regiones que no han sido cubiertas y lo hace a través de políticas de innovación, como el caso de los sandboxes, eso requiere que exista otro tipo de decisiones y de incentivos”. Por ejemplo, disminuir impuestos o pagos de licencias, señala el especialista.

Por ello, la oportunidad de los sandboxes regulatorios está en estos servicios agregados que, en varias ocasiones, encuentran restricciones en la normativa actual. Este esquema permitirá saber cuáles son los aspectos de la regulación, las normas o la ley que se deben modificar a fin de propiciar la innovación en el mercado.

Con la llegada de las redes 5G, los operadores, por ejemplo, podrían ofrecer algunos servicios específicos gracias al corte de red (network slicing) y a la computación al borde, dando valor agregado en distintos sectores como la telemedicina, la teleducación, las fábricas y la agricultura.

Modificar las viejas reglas

La meta principal del sandbox regulatorio es dar paso a cambios en las normas, pues muchas veces éstas no evolucionan al mismo ritmo que la tecnología o los mercados.

En América Latina, son bastantes los países cuya legislación TIC o de telecomunicaciones tiene ya hasta 15 ó 20 años de antigüedad. Algo similar sucede con los reglamentos y regímenes regulatorios, que suelen no estar actualizados.

Mantilla advierte que, para aplicar un sandbox, “debe haber una política de innovación y una revisión clara y previa de todo el marco normativo”, con la finalidad de identificar cuáles son los aspectos de la ley o la normativa que necesitan modificarse.

También es fundamental que exista coordinación institucional, porque las posibles reformas exigen tomar decisiones en las que participen diferentes actores: el organismo regulador del sector, el regulador de competencia, el ministerio o su equivalente, e incluso los legisladores.

Si no prevalece esta organización, es probable que sea una limitante para detonar el potencial del sandbox como parte de la política de innovación, debido a que en algunas naciones el órgano regulador de la industria no podrá sólo con sus atribuciones habilitar la entrada de nuevos productos y servicios, detalla el también exejecutivo en Telefónica Venezuela.

Además, comenta que se requiere ponderar que el sandbox regulatorio surgió en el Reino Unido, un país con un sistema legal en el que no existen leyes específicas, sino una base legal en función de la jurisprudencia, decisiones de tribunales o de reguladores. Esto implica un ambiente de flexibilidad de maniobra para la FCA, algo muy diferente a lo que se presenta en la mayoría de los países latinoamericanos.

Colombia, pionero en América Latina

Tras mirar la experiencia internacional, y especialmente la surcoreana, Colombia busca ser ahora el primer país de la región en implementar el sandbox regulatorio dirigido a servicios de telecomunicaciones y tecnologías emergentes.

El año pasado, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) dio a conocer su proyecto para aplicar este mecanismo, que dará lugar a probar nuevos modelos de negocio durante hasta un año, con posibilidad de prórroga por un periodo igual.

Te recomendamos: La comisionada Paola Bonilla de la CRC explica el Sandbox regulatorio

La CRC se encuentra en la fase de preparación para adoptar el esquema y espera en octubre abrir la convocatoria para recibir las propuestas de las compañías u organizaciones que quieran participar.

Según la visión del organismo, el sandbox regulatorio contribuirá a responder a una realidad cambiante en la cadena de valor de los servicios TIC, los nuevos agentes económicos y facilitar la innovación.

Colombia seguirá pasos similares a los del Reino Unido acerca del desarrollo del sandbox: la aplicación, evaluación, experimentación y salida de los proyectos en el entorno de pruebas.

Después de elegir las solicitudes que cumplan con los requisitos, realizará una evaluación de las propuestas, considerando que sean innovadoras, beneficien a los ciudadanos, respondan a una necesidad en el mercado y el titular del proyecto cuente con la experiencia para llevarlo a buen puerto.

Todo ambiente de experimentación conlleva ciertos riesgos, por lo que la CRC, al igual que los organismos de otras naciones, pide definir las posibles vulnerabilidades para anticiparse a ello y poder proteger a los usuarios. Al final, el objetivo será estudiar una eventual modificación al marco regulatorio.

“Los adultos siguen las reglas”

Los sandboxes regulatorios son cautivadores para las autoridades, las empresas, los gobiernos y la sociedad en general. Pero no todos están convencidos de las oportunidades que podrían generar.

Algunos expertos han señalado sus preocupaciones y reservas. La exsuperintendenta del Departamento de Servicios Financieros de Nueva York, Maria Vullo, dijo en alguna ocasión que “los niños pequeños juegan en cajas de arena; los adultos siguen las reglas”, en referencia al sandbox regulatorio.

Dan Quan, académico del Centro de Alternativas Monetarias y Financieras, del Instituto Cato, señala, en un artículo publicado en Stanford PACS, que hay menos historias de éxito de sandbox que críticas a estos mecanismos adoptados de manera fallida, lo que pondría de manifiesto que los entornos de prueba no son suficientes para promover la innovación.

No obstante, también reconoce que pueden ser herramientas poderosas si están bien diseñadas y ejecutadas, para permitir el desarrollo de nuevos casos de negocio y proteger a los consumidores, evitando las trampas de “un juguete brillante” sin sustancia.

Algunos de los elementos esenciales para lograrlo es, en opinión de Quan, promocionar políticas favorables a la innovación; eliminar obstáculos que no se restringen sólo a cambios en la ley o en las normas; así como usar otras vías para impulsar la innovación, como autorizar la prestación de un servicio novedoso, ver cómo reacciona el mercado y actuar en consecuencia.

La fuerza que están ganando los sandbox como palanca para la innovación no sólo se ciñe a los países, sino que ya atraviesa los límites territoriales. Por ello, en 2019 nació la Red Global de Innovación Financiera (GFIN, en inglés), una red de supervisores del sector que busca empujar una suerte de sandbox global para proyectos que operen de manera transfronteriza. 

GFIN es liderada por autoridades financieras, incluidos el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pero quizá muy pronto puedan colaborar de la misma manera las del sector TIC.

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