El ecosistema digital 5G define su rumbo en América Latina

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    Acaba de concluir una nueva edición del Mobile World Congress realizado en Barcelona. Como es habitual, el evento anticipa varios tópicos (tecnológicos, políticos, regulatorios, de negocios) de los que se debatirá durante 2019 y más allá. En esta versión 2019 del MWC, una de las tendencias que dejó de ser promesa para transformarse en una realidad incipiente fue 5G.

    La tecnología 5G puede considerarse desde múltiples perspectivas, incluyendo usuarios, fabricantes, aplicaciones, operadores de red y servicios y proveedores de contenido. Los parámetros IMT-2020 –pueden ser cumplidos por diferentes tecnologías, incluida 5G– se pueden implementar en una variedad de contextos. En general, se identifican tres: banda ancha mejorada (eMBB), comunicaciones de baja latencia ultra confiables (URLLC) y comunicaciones de tipo máquina masivas (MTCTC).

    Entre algunas de sus características técnicas, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) destaca para algunos de los escenarios mencionados velocidades pico de bajada de 20 Gbps y 10 Gbps de subida; experiencia del usuario con descargas de 100 Mbps y 50 Mbps de subida, latencias entre 1 y 4 milisegundos y la posibilidad de conectar un millón de dispositivos por km2. Estas características técnicas habilitan una serie de nuevos servicios: ciudades inteligentes, vehículos conectados, automatización industrial, Internet de las cosas, hogares inteligentes, Realidad Aumentada, entre otros.

    5G es frecuentemente mencionado como un habilitador para la transformación digital. Lo cierto es los primeros lanzamientos apuntan a un modelo de negocio conocido por los operadores –y poco disruptivo: banda ancha fija inalámbrica (FWA).

    A febrero de 2019, 23 operadores en 13 mercados anunciaron el lanzamiento de 5G en sus estaciones base, según datos de la Global mobile Suppliers Association (GSA). Dos de estos operadores tienen equipamiento no compatible con estándares 3GPP (Verizon y C Spire, ambos de Estados Unidos). Once operadores lanzaron con disponibilidad limitada servicios 5G FWA y ocho han lanzado servicios móviles 5G –también con limitada disponibilidad. En todos los casos, los dispositivos de acceso del usuario final son escasos en número y variedad. A su vez, la cobertura geográfica de las redes está restringida a algunas áreas clave de ciudades importantes.

    En este escenario cabe interrogarse si 5G será solamente mayor velocidad y menor latencia. La pretensión inicial indica que no, que esta tecnología será un habilitador para la transformación digital, en conjunto con otras como Big Data, analíticas, Internet de las cosas (IoT), Inteligencia Artificial, entre varias.

    De esta manera, el nivel de adopción de 5G ya no obedecerá tanto al mercado masivo como las generaciones móviles anteriores, sino que dependerá de la madurez de un ecosistema digital que pueda satisfacer y, a la vez impulsar, las demandas –mayormente empresariales– de la transformación digital.

    La escena latinoamericana

    Si bien América Latina es una región muy receptiva a los adelantos tecnológicos, la llegada de 5G dependerá primero de lo que sucede en el resto del mundo, primordialmente en Estados Unidos y Europa. Tal como sucedió con otras generaciones móviles.

    Es que las millonarias inversiones para habilitar 5G requerirán de economías de escala y músculo financiero de parte de los operadores. Y, por el momento, apuntan a maximizar las redes 4G con mejoras tecnológicas (LTE-Advanced; LTE-Advanced Pro) y recuperar inversiones, mientras asumen una estrategia “wait and see” frente a 5G.

    Por su parte, las autoridades regulatorias deberán despejar el camino con normas más flexibles para una convergencia de servicios que se amplía día a día en servicios y con nuevos jugadores. También tendrán que atender la necesidad de otorgar y disponer la mayor cantidad posible de espectro radioeléctrico –insumo esencial para la industria móvil. Aquí el desafío será  equilibrar la histórica voracidad fiscal con el desarrollo de un nuevo ecosistema digital, entre varias otras cosas. Se sabe: mientras la industria encara la modernización digital que implica 5G, la regulación lleva velocidades analógicas.

    Por lo pronto, varios operadores vienen realizando pruebas con la nueva tecnología. Claro Brasil inició el camino en octubre de 2016. Y una decena de operadores en diferentes países también testearon 5G. De los operadores que han hecho pruebas, sólo Telcel planea un lanzamiento 5G en 2020.

    Las proyecciones de GSMA Intelligence indican que habrá 61.9 millones de accesos 5G en América Latina para 2025, con 41 por ciento de la población cubierta.

    El grueso de los lanzamientos comerciales ocurrirá a partir 2021. El paréntesis de tiempo frente a Estados Unidos, Europa o Asia obedece, en gran parte, a que 4G LTE tiene camino por recorrer.

    Y, al igual que lo que sucede en el resto del mundo, los operadores de la región no perciben un modelo de negocios que justifique nuevas redes. Básicamente, ese es el nudo gordiano que deberán desatar los operadores: definir su lugar en el ecosistema digital. Pueden ser proveedores de conectividad en un mundo que se digitaliza o escalar propuestas que generen valor con tecnologías de transformación digital. La demanda existe y también puede generarse en una economía internacionalizada y enlazada por cadenas productivas.

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