El Internet y las redes sociales revolucionan el mercado negro en Cuba

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El Nuevo Herald – Mario Pentón

Cuando Olga Lydia Padrón cambió por primera vez abrigos y zapatos viejos por arroz y frijoles, allá por los años 90, tuvo que recorrer en ferrocarril y pidiendo aventón el camino entre Cienfuegos y Corralillo Peñasco, al interior de Cuba.

Corrían los difíciles años del llamado Período Especial, cuando la economía cubana se hundió tras la desaparición de los subsidios de la Unión Soviética. Por eso, cuando la escasez volvió a tocar con fuerza la puerta de su hogar el año pasado en el popular barrio de Reina, supo lo que debía hacer.

“Le dije a mi nieto: busca en internet que los guajiros [campesinos] siempre quieren cambiar cosas. Yo había visto ahí algunas ventas porque uso Facebook para comunicarme con mi hijo mayor que vive en Estados Unidos”, cuenta por teléfono desde la isla.

Empujados por la escasez de productos y la inflación en medio de la peor crisis económica en 30 años, muchos cubanos han acudido a los recién permitidos servicios de internet móvil para paliar la falta de ofertas.

Las noticias locales nunca han sido más importantes

El creciente acceso a internet en Cuba está cambiando todo, desde las noticias que leen los habitantes de la isla hasta cómo rastrean una caja de pañales difíciles de encontrar. El mercado negro digital, en particular, está desafiando un principio fundamental de la economía socialista de la isla: la reventa de artículos importados o vendidos en una tienda estatal con fines de lucro es ilegal. Tolerada durante mucho tiempo por el gobierno o “alegal”, ahora la práctica se exhibe abiertamente en línea.

Cuba tiene más de seis millones de líneas móviles, de las cuales 4.5 millones de usuarios pueden usar el servicio de internet, de acuerdo con información del monopolio estatal de telecomunicaciones.

Padrón tiene 66 años y recuerda bien los años del primer Período Especial: “el dólar costaba 150 pesos. Nos bañábamos con agua solamente, sin jabón y la libra de arroz llegó a costar 60 pesos y más”, relata.