Se ha escrito mucho sobre las consecuencias de la contrarreforma al sector eléctrico propuesta por el Ejecutivo Federal. Lo cierto es que su eventual aprobación en sus términos, fundamentalmente al imponer un orden de despacho ajeno al mercado (orden de mérito respecto a costo) de las plantas generadoras para favorecer las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y desplazar la generación privada de fuentes renovables, tendrá indubitablemente un efecto adverso en el costo del consumo de electricidad para todos los usuarios finales.

También evitará que se expanda la generación de fuentes renovables como forma de suministro, los  centros de carga o consumo como pueden ser las redes de telecomunicaciones y los centros de datos asociados a los usos de las telecomunicaciones fijas y móviles, incluido lo necesario para el advenimiento de 5G y el ecosistema de dispositivos, de almacenamiento y procesamiento de datos.

Extremadamente poco se ha escrito sobre el impacto del crecimiento del tráfico de Internet y de la digitalización de las actividades económicas en la demanda de energía, es decir, en el consumo de electricidad y sus efectos en los horarios pico o de elevada carga, cuando las plantas generadoras de todo tipo entran a suministrar electricidad, desde las renovables hasta las térmicas que usan combustibles fósiles.

Conectividad y energía

Un entorno de Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés)  asociado a 5G será un componente crucial en la gestión del consumo de electricidad en forma transversal en la economía. 

Será una tecnología complementaria en la transición energética (de generación a partir de fuentes fósiles a favor de la generación de fuentes renovables), a la vez que el crecimiento de los instrumentos con conectividad y el crecimiento exponencial en los niveles de tráfico, procesamiento y almacenamiento de datos elevarán el consumo de energía, pero deberán hacerlo disminuyendo su huella de carbono.

En la expansión de la cobertura y penetración en el acceso de banda ancha, se debe considerar el uso de fuentes de energía renovables pari-passu la expansión de las redes de acceso a localidades ubicada en el margen de los costos por su ubicación y menor densidad poblacional.

Bento (2016) documenta que el consumo de energía de la infraestructura de telecomunicaciones móviles es del orden de 10 veces mayor que el consumo de los equipos móviles. 

¿Cuál es el impacto en la demanda de energía del ascenso en el uso de la banda ancha móvil en los países emergentes o en los países latinoamericanos? Hasta la fecha, no existe un seguimiento de ello y mucho menos de la huella de carbono asociado al crecimiento de la banda ancha fija o móvil en tales economías.

Lo cierto es que a mayor sea la participación de la base de generación de fuentes renovables, menor será la huella de carbono del sector telecomunicaciones, así como es para el resto de las actividades de la economía.

En el mismo sentido, la proliferación de esquemas de autoabastecimiento para la infraestructura de los operadores de redes de telecomunicaciones utilizando su propia capacidad de generación de fuentes renovables, sea solar o eólica (posibilidad que la contrarreforma eléctrica haría imposible realizar), favorece que el sector sea sustentable y con un uso eficiente de su consumo energético.

Los efectos de segundo orden son aquellos que hacen que disminuya la huella de carbono en otras actividades debido a la existencia de mayor acceso y uso de las telecomunicaciones, para que se evité el consumo de energía por fuentes fósiles (por ejemplo, una reunión por Zoom evita la huella de carbono por disminuir el consumo de gasolina en que se incurre por evitar los costos de transporte).

El efecto neto debería ser a favor del uso de las telecomunicaciones en las demás actividades económicas, de tal manera que se pueda afirmar que son sustentables y operan a favor de la transición energética.

Consumo de energía en telecomunicaciones 

Hace cerca de una década se estimó que el consumo de energía de los equipos digitales (computadoras y teléfonos móviles) y la infraestructura de redes y centro de datos de aquel entonces consumía cerca de 5 por ciento de la electricidad global generada.[1]

Boston Consulting Group ha estimado que las TIC participan entre 3 y 4 por ciento de las emisiones de CO2 y los operadores de telecomunicaciones con 1.6 por ciento. Para 2040 aportarán 14 por ciento de las emisiones globales.

Ericsson ha documentado recientemente que los 10 mayores operadores de redes de telecomunicaciones en 30 países, que representan cerca de 10 por ciento de los suscriptores a nivel global y que comprenden 15 por ciento de los usuarios de redes fijas y 40 por ciento de los usuarios móviles, han mostrado la evolución de consumo y emisiones en los siguientes datos:[2]

Según Ericsson, las operaciones de las redes equivalen a 1 por ciento de la oferta global de electricidad. Señala que en 2015 cerca de un millón de estaciones base generaban su propia electricidad, equivalentes a 11 por ciento del consumo de las redes ese año. Respecto de las emisiones de carbono, en 2015 las operaciones de las redes fijas y móviles de telecomunicaciones contribuyeron con 0.34 por ciento de las emisiones globales.

Ericsson señala que, para cinco operadores, el tráfico de datos promedio se incrementó 300 por ciento, mientras el consumo de electricidad fue de 5 por ciento. Van Heddeghem et al. estiman que las redes fijas y móviles consumían 1.7 por ciento de la electricidad global en 2012, los centros de datos 1.4 por ciento, lo que agregado equivalía a 2.1 por ciento de la demanda global hace nueve años.

Otras estimaciones más recientes documentan que las tecnologías digitales consumen cerca de 10 por ciento de la electricidad generada globalmente y que crece a una tasa anual de 9 por ciento en la última década. Se espera que crezca a 21 por ciento para 2030.[3]

Otra fuente afirma que las TIC aportan 4 por ciento de las emisiones de efecto invernadero, lo cual se compara con las emisiones del sector de tráfico aéreo.[4]

Dadas las diversas estimaciones, debe de ser un objetivo de los concesionarios y de los reguladores elevar la prioridad de la huella de carbono de las telecomunicaciones en México, así como en el resto de los países de América Latina.

Consumo de energía de 5G

Dado que 5G será más eficiente en la transferencia de datos, 90 por ciento más eficiente que 4G, STL Partners y Vertiv afirman que 5G incrementará el consumo de energía de los centros de datos y demás componentes derivados del entorno de IoT. Con mayores velocidades y menor latencia, el consumo de energía en el agregado aumentará 150 por ciento a 170 por ciento en 2026, de acuerdo con Vertiv.[5]

Aunque el consumo de la red sea menor por unidad de datos o mayor capacidad de datos por unidad de energía, habrá que determinar el efecto neto en consumo, porque 5G requiere una mayor densidad de antenas o celdas, aunque con menor consumo que las celdas en el actual entorno de 4G.

El multiplexaje espacial (múltiples antenas asociadas a múltiples señales de datos en la misma frecuencia simultáneamente) favorece un entorno de mayor eficiencia en consumo de energía. No hay que confundir: una mayor eficiencia o menor costo unitarios tiene como efecto un mayor consumo de datos. La adopción de generación por fuentes renovables es sin duda un factor a considerar para la adopción de un 5G sustentable.

El IFT establece que “el consumo de energía es uno de los principales componentes de costo de los Data Centers, por lo que quienes invierten en instalación / desarrollo de estas infraestructuras, entre otros factores, buscan acceso a fuentes de generación accesibles, ya que, de lo contrario, los elevados costos por el suministro de energía reducen la competitividad y atractivo para realizar inversiones de este tipo”.[6]

Esta afirmación implícitamente reconoce el daño que puede causar la contrarreforma del Ejecutivo en materia de electricidad, específicamente en autoabastecimiento en uno de los componentes cruciales del actual ecosistema digital.

De lo anteriormente expuesto, es relevante que la política pública, así como en la estrategia corporativa de los concesionarios de telecomunicaciones, se deba incorporar el componente de mejorar la sustentabilidad ambiental de las operaciones de sus redes fijas y/o móviles de tal forma que se reduzca su huella de carbono. 

Los fabricantes de equipos terminales también debieran ser explícitos al usuario respecto de sus ventajas en ahorro de energía y las emisiones asociadas durante la vida útil de tales equipos.

Regulación y energía

Es imperativo que todas las operaciones asociadas a las medidas de preponderancia (acceso desagregado y compartición de infraestructura), actividades que generan consumo de energía, se cuantifiquen en sus emisiones asociadas, de tal forma que se incorporen en su cuantificación de costos y beneficios.

De esta manera, en las obligaciones derivadas de la regulación asimétrica debe darse prioridad al ahorro en costos al evitar emisiones, como factor a considerar en su eventual desmantelamiento y desregulación, sobre todo cuando se fijan tarifas de servicios mayoristas que no sólo no cubren los costos de oportunidad del capital y del uso de recursos utilizados, tampoco internalizan el consumo de energía que imponen.

Respecto de la cobertura y penetración, es de esperar que exista una correlación entre la huella de carbono y el número de suscriptores en una localidad.

Como otros costos, la huella de carbono por usuario será mayor en entornos no urbanos que en los urbanos. Existe la necesidad de contemplar un suministro de energía a partir de fuentes renovables y por esquemas de autoabastecimiento en zonas no urbanas que en las urbanas, donde la red pública de electricidad tiene mayor ubicuidad para múltiples centros de carga o de consumo, sin que eso signifique que puedan evitar el suministro de la red pública por medio de esquemas de generación distribuida.

Así como cada año se insiste en lo costoso del espectro por el costo recurrente de los derechos federales de su uso, debería de esperarse un esfuerzo al menos semejante contra la iniciativa de reforma al sector eléctrico que, si bien parece hasta ahora postergada, no deja de ser una amenaza.

Las telecomunicaciones actuales deben tener un suministro confiable, al menor costo de generación y además con una disminución en su huella de carbono.

La amenaza a un sector de telecomunicaciones moderno y asequible no sólo proviene del nivel de los pagos de derechos federales, proviene también del costo de la energía que consume y de las emisiones que le estarían asociadas de eliminarse las oportunidades de auto abasto, cogeneración y generación por energía de fuentes renovables, para que su beneficio social sea cada vez mayor, aún mayor en un entorno de ecosistemas digitales producto de la transición a 5G.


[1] W. Van Heddeghem, S Lambert, B. Lannoo, et al., “Trends in worldwide ICT electricity consumption from 2007 to 2012”, Comput. Commun. 50 (2014).

[2] Disponible en: https://www.ericsson.com/en/reports-and-papers/research-papers/global-electricity-usage-of-ict-network-operators—an-extensive-data-set.

[3] Andrae, A., Edler, T., 2015. “On global electricity usage of communication technology:

trends to 2030”. Challenges 6, 117-157.

[4] Ferreboeuf, H., Efoui-Hess, M., Kahraman, Z., 2019. “Lean ICT – towards digital sobriety”. Shift Proj. – Carbon Transit. Thinktank.

[5] Chin, K. “Is 5G good or bad for the environment?”, WSJ, octubre 12, 2021.

[6] IFT, Análisis de los servicios de Cloud Computing en México, julio de 2020.