El espectro de uso libre son aquellas bandas de frecuencias que pueden ser utilizadas por el público en general sin la necesidad de una autorización, licencia o concesión por parte de las administraciones nacionales del espectro radioeléctrico. Por lo general, para las bandas de uso libre se emiten una serie de especificaciones técnicas que deben cumplir los equipos que las utilizan, con el fin de evitar interferencias perjudiciales en servicios licenciados o concesionados en bandas adyacentes, así como para permitir la convivencia de múltiples usuarios dentro de la misma banda de uso libre.

Las administraciones del espectro radioeléctrico normalmente están embebidas dentro de las estructuras de los gobiernos, por lo que sus decisiones se ven influenciadas por asuntos de política totalmente ajenos a la racionalidad que debiera prevalecer en la administración y asignación del espectro radioeléctrico. 

Uno de los factores externos a los administradores del espectro que más ha perjudicado el desarrollo de los servicios de telecomunicaciones inalámbricos, es la imposición de altos costos de licenciamiento, argumentando que se trata de un bien escaso propiedad de la nación y que su uso traerá grandes beneficios económicos para quien lo explote comercialmente.

Lo cierto es que el costo del espectro radioeléctrico, aquél que los gobiernos le imponen de manera artificial, siempre lo acaban pagando los consumidores finales, más allá del éxito empresarial que puedan tener los operadores de telecomunicaciones.

En realidad resulta paradójico, sobre todo en países que buscan aumentar la penetración de los servicios de telecomunicaciones para conectar a los grupos sociales menos favorecidos, como es el caso de los países de América Latina: el gobierno concesiona espectro radioeléctrico a precios elevados para que se provean servicios lo más baratos posibles.

El espectro se ha convertido así en una falsa dicotomía: por un lado, se busca en el espectro radioeléctrico grandes ingresos tributarios para los gobiernos y, por el otro, se persigue que a través del espectro radioeléctrico se despliegue tecnología inalámbrica que alcance mayor penetración, en el menor tiempo posible y al menor costo.

Esta contradicción sigue prevaleciendo a pesar de que se ha demostrado que al final el beneficio económico para un país determinado será la amplia conectividad de los individuos y las estructuras productivas, y no así el éxito de haber concesionado el espectro radioeléctrico con altos costos con el fin de utilizar los recursos económicos obtenidos en gastos normalmente ajenos al impulso de la conectividad.

La decisión para determinar una banda específica de frecuencias como de uso libre está determinada generalmente por la tecnología desarrollada para esa banda. Si la tecnología permite el uso compartido de la banda de frecuencias, entonces no se requieren realizar asignaciones exclusivas a persona alguna, evitando así el pago de altas contraprestaciones económicas al Estado, pues no hay necesidad de administrar esa fracción del espectro: basta con establecer una norma técnica de cumplimiento obligatorio para los equipos y sus correspondientes procedimientos de homologación.

Afortunadamente, como es el caso de la tecnología Wi-Fi, al ser las tecnologías inalámbricas desarrolladas en el ámbito internacional, cuando se convierten en estándares generalmente aceptados, los países se ven obligados a adaptar en sus políticas de administración de espectro nacionales el uso libre de las frecuencias en beneficio de los consumidores finales.

Dicho de otra forma, en los países con poca investigación y desarrollo tecnológico en materia de telecomunicaciones inalámbricas, el beneficio al usuario final no llega por las políticas públicas propias de los gobiernos, que son contrarias al interés de los consumidores por su afán recaudatorio; llega por las políticas públicas de apoyo al desarrollo tecnológico que ocurre en países más desarrollados.

Con la llegada del internet de las cosas (IoT, por su abreviación en inglés), el espectro de uso libre cobrará cada vez mayor relevancia. Al aumentar exponencialmente la necesidad de conectar cada vez más dispositivos a Internet, se requieren tecnologías de acceso en las premisas de los usuarios que soporten múltiples conexiones simultáneas de una gran diversidad de dispositivos, pero que a la vez convivan con los servicios de acceso a contenidos que ya utilizamos hoy en día, como el video sobre demanda, que son cada vez más demandantes de mayor ancho de banda.

Las bandas de uso libre, normalmente reguladas por medio de normas técnicas en cuanto a su potencia de transmisión, son el complemento perfecto para las redes 5G de alta capacidad. “En los próximos años (…) se espera observar un alto crecimiento de dispositivos conectados ―hasta 3.6 por persona para 2022―; de la transmisión de video 4K e incluso 8K; el auge de aplicaciones de Realidad Aumentada, Realidad Virtual e Internet de las cosas (IoT); así como un incremento del tráfico de datos que 5G descargará en Wi-Fi, de acuerdo con el informe Wi-Fi 6: la próxima generación de tecnología inalámbrica”, elaborado por Cisco”[1]

Es importante estar atentos a la evolución del estándar Wi-Fi 6, así como de otras tecnologías que, en beneficio de los usuarios, harán posible que en un futuro el espectro radioeléctrico deje de tener la etiqueta de recurso nacional escaso, para convertirse al fin en un bien de uso público real, sin las cargas recaudatorias que le imponen costos artificiales a su utilización.


[1] Violeta Contreras García. “Wi-Fi 6 toma impulso en medio de la pandemia con la liberación del espectro de 6 GHz”. https://digitalpolicylaw.com/wi-fi-6-toma-impulso-en-medio-de-la-pandemia-con-la-liberacion-del-espectro-de-6-ghz/. 27 de julio de 2020

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