Estudiantes y maestros tropiezan con al menos seis dificultades en las clases virtuales

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Opinión Mariela Cossío / Jorge Fernández

Sofía Mercado, de ocho años, está obligada a turnarse con su hermana, José María, para el uso del único celular disponible en su hogar. “Un día pasa la menor y el siguiente la mayor”, afirma la madre de ambas niñas, Soledad Quispe, con cierto dejo de tristeza.

Esa es la situación de cientos de niños en el departamento de Cochabamba, porque no cuentan con un dispositivo móvil, ya sea celular, tablet o computadora para poder ingresar a sus clases virtuales mediante las diferentes plataformas.

La situación se complica aún más en los hogares en los que hay tres o más niños en edad escolar, donde, además, no se cuenta con un plan de Internet o megas para ingresar a los programas de Zoom, Meet o simplemente WhatsApp para acceder a las clases virtuales que imparten los maestros.

La carencia es tal que la Fundación Educar para la Vida ha iniciado una campaña de recolección de celulares o tablets en desuso, los cuales irán destinados a estas familias.

Esta fundación habilitó su oficina en la calle Ildefonso Murguía esquina Melchor Pérez de la zona de Sarco para que las personas que desean donar un dispositivo móvil puedan hacerlo.

SIN MEGAS

Agustín Mendieta, de seis años, pasa clases en segundo básico cuando tiene megas o si su vecino le permite utilizar su Wi-Fi, asegura la madre de este niño, Teresa Gonzales.

Este estudiante, que pasa clases de lunes a viernes, tiene un celular que funciona regularmente, pero no siempre accede al Internet, por lo que debe caminar cuatro cuadras para ir a la casa de su amigo y “ponerse al día” en las tareas o lecciones que deja el maestro de su establecimiento educativo.

En el caso de Martín Jaldín, de 10 años, su celular no le permite, muchas veces, ingresar a las plataformas que requiere para acceder a las clases virtuales, porque, según su madre Angélica Ramírez, el dispositivo móvil es antiguo.

SE DISTRAEN

Además de la falta de un celular, Internet o megas, los niños, especialmente los más pequeños, se distraen fácilmente cuando pasan sus clases virtuales o se aburren.

Los niños, los más, quedan a cargo de sus abuelos y, en algunos casos, no les obedecen. Ese es el caso, por ejemplo, de Lucía Rocabado, de 54 años, quien asegura no sabe qué hacer para lograr que su nieto atienda las clases virtuales.

En su caso, ella cuenta con una laptop e Internet, pero no logra que su nieto permanezca más de 10 minutos en su silla, atendiendo la materia que dicta el profesor.

Ernesto Salazar, el estudiante de segundo básico, de seis años, apaga la cámara de su laptop, se levanta del asiento, come durante las clases y no realiza las tareas que el profesor dicta, por lo que, después, llora.

En el caso de Mateo, de 11 años, su madre Rosmery, como ocurre en muchos casos, tuvo que contratar a un profesor particular para que refuerce lo que aprende su hijo durante la mañana, porque, según ella, es insuficiente el avance debido a que en el curso hay más de 30 estudiantes y el profesor “no puede con todos”.

SE CANSAN

Jazmín, de cuarto básico, de nueve años, se cansa después de 45 minutos de enseñanza virtual, al igual que sus compañeros. Su tía cuenta que los niños habilitan sus micrófonos y empiezan a preguntar a qué hora terminará la lección de matemáticas, lenguaje, ciencias naturales o sociales; no pasaron más de una hora de clases en estas dos primeras semanas académicas.

También comenta que en otras materias como educación física y música las clases no han sido por más de 10 minutos. En el primer caso, el maestro se conectó para saludar y dar una tarea, y en menos de cinco minutos concluyó la reunión sin considerar que los estudiantes, en su mayoría, recién estaban conectándose y desconcertados comentaban en el grupo de WhatsApp que no funcionaba el link enviado, pero el profesor respondió que ya había terminado su clase.

MODALIDADES En el eje metropolitano, los municipios de Cochabamba y Quillacollo aplican la modalidad a distancia a través de clases virtuales o con cartillas y fichas didácticas, según la situación de la comunidad educativa y su acceso a medios tecnológicos.

En tanto, en Sacaba las clases son presenciales, semipresenciales y a distancia. En los distritos urbanos la enseñanza es a través de Internet o cartillas, mientras que en las zonas rurales los niños acuden a sus escuelas cumpliendo las medidas de bioseguridad y personal de la Alcaldía realiza la desinfección de ambientes y dota de material de limpieza e higiene.

En Sacaba hay 120 unidades de educación fiscal, alternativa y de convenio; 16 están con la modalidad presencial, 50 semipresencial y 54 a distancia, según los representantes de los padres de familia.

Por la modalidad a distancia, los padres de familia de Cercado II, zona sur, protestaron exigiendo clases semipresenciales porque a ese sector no llegaría el Internet y no les dotaron de textos.

“Los niños se están perjudicando porque no tenemos celulares y tampoco sé usar bien esas aplicaciones que les piden. Algunos profesores nos han pedido que saquemos fotocopias, pero tengo cuatro hijos y no me alcanza el dinero”, manifestó una mamá que vive en la zona sur.

El representante de los padres, Edson Claure, indicó que aplicarán la modalidad semipresencial desde marzo y que conformarán brigadas de papás para realizar la desinfección de ambientes. Además, dividirán los cursos para que sean 10 o 15 estudiantes los que estén en aula y evitar riesgos.

Al respecto, el director del Servicio Departamental de Salud (SEDES), Yercin Mamani, dijo que no se recomienda el inicio de actividades presenciales debido a que los índices de contagios aún son altos en todo Cercado.

“La diseminación de casos es difusa y no se puede focalizar y por ende no se recomienda en retorno a clases presenciales, en este momento”, señaló.

CARENCIAS La secretaria ejecutiva de la Federación de Maestros de Cochabamba, Norma Barrón, señaló que las primeras dos semanas de clases virtuales, en muchos casos, ha desnudado las carencias que tienen tanto estudiantes como maestros, y confirma el hecho de que el país no está preparado para esta modalidad.

Agregó que, en las provincias alejadas, donde no hay mucha población, estudiantes y maestros se han acomodado a las clases semipresenciales, o presenciales, pero con una “serie de obstáculos”. Por ejemplo, maestros que tienen baja, porque han caído con COVID-19, y no se pueden llenar estas ausencias.

Otros maestros, según Barrón, ya no asisten a sus establecimientos, porque están tramitando su jubilación, muchos de ellos por temor al coronavirus.

La ausencia de maestros impide que todos los niños pasen clases.

En cuanto a las clases virtuales, Barrón manifestó que en varios cursos apenas la mitad de los estudiantes, e incluso menos, logra conectarse a las plataformas, porque no cuentan con Wi-Fi o megas.

“Los padres y los maestros asumimos los gastos que implican ingresar a la educación virtual”, manifestó la representante de los maestros.

Asimismo, dijo que debería adecuarse la malla curricular a la modalidad de la educación virtual, porque la que se aplicaba, con la Ley 070, no es acorde a esta nueva realidad.Por todas estas dificultades, Barrón concluyó que se encuentran, como Magisterio, en “estado de emergencia”.

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