Generation Mute: el silencio digital

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La “Generación Muda”, como podemos traducir ese término al español, se refiere a los jóvenes entre 14 y 25 años que usan intermitentemente el celular para establecer comunicación a través de mensajería instantánea, aplicaciones, redes sociales, etcétera, pero evitan a toda costa realizar llamadas telefónicas.

Estas “nuevas” generaciones (Centennials y Millennials o generaciones Z y Y, respectivamente) realizan de manera importante la mayor parte de sus interacciones con su dispositivo móvil, reduciendo al extremo el uso de las llamadas. 

Incluso optan por enviar mensajes de voz, pero sigue siendo sin caer en una llamada telefónica.

Esta tendencia comenzó con el uso del correo electrónico que fue desbancando las llamadas, luego fue ocupado por los SMS y ahora encabeza la lista el uso del WhatsApp. 

En estudios recientes se ha encontrado que las personas suelen preferir textear que hablar con otros que se encuentran en la misma habitación en 35% de los casos encuestados, cifra que sube a 60% en los jóvenes. 

Para ser más específicos, alrededor de nueve de cada 10 nativos digitales no usan el teléfono para hacer llamadas.

Como sabemos, derivado de la pandemia, el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) incrementó significativamente. Según cifras encontradas, 64% usa prácticamente todo el día algún dispositivo con conexión a internet. 

Incluso el confinamiento ha favorecido la intercomunicación por estos dispositivos como única medida de libre contagio. No obstante, el uso indiscriminado trae una serie de repercusiones.

Por ejemplo, los jóvenes suelen dar excusas como que no oyeron el sonido del teléfono cuando llamaron, que no tenían buena recepción en ese momento, poca batería, iban manejando, no reconocieron ese número, entre otras.

Estas conductas incluyen implicaciones psicológicas, dado que los jóvenes manifiestan como algo disruptivo que una persona les llame por teléfono, como una invasión a su intimidad, que les consume su tiempo, que muestra cierto control de la otra persona sobre ellos, hace sentir que sus necesidades no son importantes y que pasan a disposición de quien llama, a menos que sea un asunto urgente. 

Mientras las nuevas tecnologías vayan ganando terreno y creando innovaciones que “faciliten” la interconectividad entre las personas, éstas seguirán ignorándose cuando están una a lado de la otra, para permanecer en un letargo llevado por el uso dependiente del dispositivo tecnológico, que si bien le abre un mundo de posibilidades, le cierra el verdadero contacto humano.

Este proceso de despersonalización trae consigo una serie de afectaciones en el establecimiento de relaciones efectivas, en el manejo de la frustración, en el nivel de autoestima, en el lenguaje verbal, en la interpretación del otro en tiempo real, dando prioridad al sentido de la inmediatez y no a la racionalidad personal. 

Incluso ya tenemos evidencia de que dos de cada tres jóvenes no reúne las habilidades de comunicación necesarias para los perfiles de trabajo.

Si bien esta es una variable que ha causado diversos conflictos interfamiliares, cada que un padre de familia acude a tratamiento conmigo, le consulto cuál fue el regalo de fin de año o de cumpleaños que le dio a su hijo… Como bien adivinaron, son regalos tecnológicos.

El problema no está en la tecnología, sino en la poca educación que tenemos para continuar en este camino digital…

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