El impacto económico del 5G será de 2.2 billones de dólares en los próximos 15 años con sectores claves como manufactura, servicios públicos y servicios profesionales.

Sin embargo, la toma de malas decisiones como limitar la cantidad de suscriptores a los que pueden acceder los operadores, o inflar artificialmente los precios del espectro, puede limitar la inversión de la red y dañar a los consumidores.

En su documento Mejores prácticas en subasta de espectro, la GSMA expresa su preocupación por el diseño de algunas subastas que infla los precios o distribuye de manera ineficiente el espectro.

“Estamos viendo una tendencia preocupante de adjudicaciones de espectro mal administradas que podrán afectar seriamente el potencial de 5G antes de comenzar”, sostuvo Brett Tarnutzer, jefe de Espectro de GSMA.

Los beneficios de las subastas se pueden perder si no se planifican correctamente. Por eso, de acuerdo con el informe de la GSMA, los procesos deberían seguir estas recomendaciones:

La prioridad máxima de las subastas de espectro debería favorecer los servicios móviles asequibles y de alta calidad. Los objetivos como el aumento de los ingresos públicos o la modificación de la estructura del mercado móvil facilitando la participación de un nuevo operador no deberían ser el principal objetivo de las subastas.

– Las subastas son un mecanismo de asignación de eficacia comprobada, pero pueden fallar cuando no se diseñan correctamente. Algunas subastas han asignado espectro a precios que se consideran excesivamente elevados, como ocurrió en México con la frecuencia de 2.5 GHz, que recibió la queja de los operadores.

En este sentido, algunos ejecutivos de los operadores que participaron en la subasta de espectro 5G de Alemania también se quejaron del precio elevado de las frecuencias: el consejero delegado de Deutsche Telekom, Tim Hoettges, advirtió en la junta de accionistas de la compañía que la forma en la que se estaba realizando la subasta de 5G iba a provocar una escasez de espectro, además de elevar los costos para las operadoras, que dispondrían de menos recursos para desplegar las redes de 5G. En el caso de Telefónica, que ofreció mil 124 millones de euros por nueve bloques en 2 GHz y en 3.4 GHz, el importe está por encima de la inversión en espectro realizada por el operador en tres años.

– Las subastas no deberían ser el único proceso de asignación, ya que no siempre resultan adecuadas para el objetivo que se persigue. En este ítem se pueden destacar las entregas a demanda que hizo Argentina tanto para la frecuencia de 2.5 GHz como la de 450 MHz. En ambos casos no hubo proceso licitatorio, solo entrega a pedido, aunque en el caso de la primera frecuencia, los operadores debieron abonar una contraprestación.

Las subastas diseñadas para maximizar los ingresos públicos pueden perjudicar gravemente a los usuarios. Recuperar el valor justo de este bien público es un objetivo aceptable, siempre y cuando la recaudación de ingresos no sea tan excesiva como para que se vea afectada la economía digital en general. Las medidas que inflan el precio de las frecuencias pueden provocar que el espectro no se venda.

Asignar cantidades del espectro suficientemente grandes y publicar hojas de ruta para la provisión de servicios móviles de alta calidad. Según el organismo internacional, los operadores necesitan garantías de que una cantidad suficiente de espectro en la combinación de bandas correcta estará disponible durante mucho tiempo, para dar certezas a las inversiones. En este caso se puede destacar la consulta pública que lanzó la Subtel de Chile para poner a disposición distintas frecuencias como 700 MHz, AWS, 3,5 GHz y 28 GHz para 5G.

-Los topes y las reservas de espectro impiden la igualdad de oportunidades. Los topes pueden perjudicar la capacidad de un operador de estar a la altura del creciente uso por parte de los consumidores.

Algunos países comenzaron a rever la situación de los caps, como es el caso de Brasil, donde el regulador decidió cambiar los valores basados en términos porcentuales.

Las obligaciones y condiciones de licencia deberían estar diseñadas para minimizar el costo de cobertura de áreas no rentables e impedir que la asignación del espectro se vea alterada. Las obligaciones implican una carga económica para el oferente ganador, y por lo tanto, deben tenerse en cuenta al momento de fijar los precios de reserva y tasas anuales.

El diseño de subasta escogido no debería suponer riesgos adicionales e incertidumbre para los oferentes. Para la programación del proceso deben tenerse en cuenta factores como la dinámica de cada mercado, el tipo y la cantidad de espectro que se subasta y la cantidad de bandas que se licitarán.

– Los tamaños de lote mal escogidos o los paquetes inflexibles de lotes del espectro corren el riesgo de tener resultados ineficientes. Cuando los oferentes compiten por una pequeña cantidad total del espectro, con reglas que les prohíben cambiarse a licencias sustitutas, es probable que el resultado no sea bueno.

– Los formuladores de políticas deberían trabajar en conjunto con las partes interesadas para lograr que las asignaciones sean oportunas, justas y eficaces. Por eso es importante las consultas públicas con la industria para determinar el formato de la asignación.

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