La importancia de cerrar la brecha digital ha tomado relevancia. Se han venido realizando esfuerzos desde el sector público y privado. Sin embargo, como lo explica la CEPAL en el informe Panorama Social de América Latina 2020, “como consecuencia de la fuerte recesión económica en la región, que registrará una caída de PIB de -7.7 por ciento, se estima que en 2020 la tasa de pobreza extrema se situó en 12.5 por ciento y la tasa de pobreza alcanzó 33.7 por ciento de la población. Ello supone que el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones de personas más que el año anterior.”

Obviamente, estas cifras impactan en el acceso a las TIC, especialmente debido a la pérdida de capacidad de pago de los servicios, reduciendo el número de personas que acceden mensualmente a Internet móvil. 

Es necesario observar esta situación desde un enfoque real, dejando de lado los mitos, como es la penetración, que muchos reguladores utilizan para medir la cantidad de líneas o personas que acceden a los servicios móviles. En este caso en particular, me centraré en el servicio de Internet móvil.

Es importante entender el ciclo de vida de los clientes. Se utiliza para describir el proceso que sigue el consumidor cuando captas su atención por primera vez, considera tu producto, lo compra, lo utiliza y mantiene la lealtad a la marca.

Por ejemplo, un usuario pospago tiene un ciclo de vida más largo, debido a que su método de pago le permite crear una relación más larga. En algunos casos, si un cliente pospago deja de cancelar sus servicios, el operador mantiene activa la línea por un tiempo prudencial, en algunos casos de 3 a 6 meses.

Sin embargo, para los clientes prepago es totalmente diferente el ciclo de vida. Si el cliente no tiene saldo en su cuenta o paga por un plan mensual con una capacidad previamente acordada, no podrá acceder a Internet.

En algunos casos podrá recibir llamadas o SMS. Lo anterior debido a que algunos operadores permiten recibir llamadas de voz o SMS como una forma de recibir ingresos debido al consumo de otros clientes de su misma red o de la red de otro operador, llamadas on net y off net.

El cliente prepago sin renta introduce un saldo en la cuenta que le permite utilizar los servicios de voz, SMS o datos a discreción hasta que se consuma el valor de su saldo. En algunos mercados, este saldo puede tener una duración de 15 ó 30 días continuos. Este tipo de cliente puede permanecer activo dentro de la base de datos de los operadores entre 3 y 6 meses, aún sin saldo en su cuenta. En otros mercados, los operadores prefieren eliminar este tipo de clientes de su base de datos para promover el consumo.

Ahora bien, ¿porqué es importante considerar el ciclo de vida del cliente? Definitivamente, nos da una idea clara de la cantidad de clientes que realmente tienen activo el servicio móvil. Especialmente, el servicio de Internet móvil, ya que para acceder el cliente debe estar activo o tener saldo en su cuenta para poder conectarse.

Adicionalmente, queda claro que si se tiene la intención de crear política pública o regulación para promover el acceso y utilización de Internet a través del móvil, es necesario conocer cuál es la brecha de acceso que realmente existe.

En algunos países se indica una penetración del servicio móvil superior a 100 por ciento debido a que considera que más de una persona puede contar con dos equipos o servicios contratados. Sin embargo, es muy diferente al servicio de Internet móvil en función de la cantidad de personas que realmente tiene contratado el servicio.

Parece necesario profundizar en las estadísticas sobre el número de personas que utiliza realmente Internet a través de móvil, mensual o trimestralmente.

Adicionalmente a las estadísticas de acceso, existen muy pocos datos sobre el uso de Internet. Las cifras más interesantes provienen precisamente de empresas como Google, Facebook y Apple. En Costa Rica, por ejemplo, podemos observar algunos datos sobre las 20 búsquedas que las personas realizan en Google:

Estas estadísticas, en cuanto al uso de las búsquedas en Google, permiten identificar que es necesario fortalecer el uso del acceso a Internet hacia la ejecución de actividades económicas. No sólo para las actividades de entretenimiento. En especial, debido a que la mayoría de la población en Costa Rica, y el resto de América Latina, son nativos digitales.

Su intrínseco conocimiento en el uso de las computadoras, redes sociales e incluso la banca digital permite obtener ventajas con mayor facilidad, teniendo en cuenta que las actividades tradicionales basadas en el turismo están enfrentando retos en los actuales momentos. Costa Rica posee grandes ventajas que no pueden ser aprovechadas debido a la pandemia.

Por otra parte, las redes sociales también cuentan con una audiencia potencial que puede indicar la cantidad de personas que acceden. En el caso particular de Costa Rica, Facebook y YouTube son las redes sociales con mayor número de personas que utilizan frecuentemente esas mismas redes sociales.

Es importante notar que aún las redes sociales tienen un incipiente uso para llevar a cabo las actividades relacionadas con la economía digital, a pesar de que ambas redes poseen aplicaciones para la actividades económicas. En el caso de Facebook, su aplicación de Marketplace e Instagram es una plataforma que puede ser utilizada para la promoción de pequeños negocios y su actividad comercial.

En este momento, es necesario dotar de las habilidades digitales a las personas de forma tal que les permita realizar una actividad comercial. Especialmente, a pequeños emprendedores, aunque es necesario crear las condiciones para la formalización de la economía digital. 

Particularmente, ofreciendo ventajas para la formalización de las pequeñas empresas. Permitiendo que un mayor número de personas puedan trasladar su actividad económica, obteniendo ventajas para la formación de empresas y seguridad social, como hemos planteado en otras publicaciones.

Particularmente, es importante avanzar en la bancarización de la población. Costa Rica posee un alto porcentaje de la población con acceso a la banca respecto de otros países en América Latina. El 67.8 por ciento posee al menos una cuenta bancaria y sólo 13.9 por ciento tiene acceso a una tarjeta de crédito. Según estos datos, 27.5 por ciento utiliza las compras y/o pagos en línea. 

Para que la economía digital sea parte importante de la actividad comercial el acceso a la banca debe incrementarse, permitiendo que un mayor número de personas pueda participar activamente.