Tal vez algunos de los lectores ya estén familiarizados con el concepto de Automatización Robótica de Procesos (RPA, por sus siglas en inglés). Se trata de una tendencia tecnológica que es disruptiva en la forma de trabajar dentro de las empresas y organizaciones, orientada fundamentalmente a acelerar la transformación digital y adaptada a la realidad económica de las organizaciones que la utilizan.

Su objetivo es disminuir la intervención humana en la interacción con aplicaciones informáticas, inicialmente en tareas repetitivas, pero que con el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial, poco a poco podrá ser utilizada para tareas y funciones cada vez más complejas.

Se trata de la siguiente generación de automatización de procesos que, en lugar de personas, utiliza una computadora convencional para interactuar con aplicaciones de software existentes, como los sistemas informáticos de una empresa o las aplicaciones que todos usamos cotidianamente, como procesadores de texto, redes sociales, correo electrónico y hojas de cálculo, entre otras. En resumen, es una fuerza de trabajo digital.

El Instituto de Automatización Robótica de Procesos (IRPA, por sus siglas en ingles) define RPA como: “la aplicación de tecnología que permite a los empleados de una compañía configurar un software o un robot para capturar e interpretar las aplicaciones existentes para procesar una transacción, manipular datos, activar respuestas y comunicarse con otros sistemas digitales”.[1]

El término RPA es relativamente nuevo, pero no el concepto que hay detrás. Desde hace mucho tiempo se ha buscado la forma de optimizar recursos a través del uso de software que realice funciones específicas de la forma más eficiente posible. RPA lleva el concepto de automatización hacia modelos puramente informáticos; se trata de robots de software que pueden interactuar con cualquier plataforma digital. Es la tendencia que traerá consigo niveles de calidad y productividad superiores en la estrategia de transformación digital de toda empresa y organización.

En 2017, el potencial de empleos automatizables en México se estimaba en 25.5 millones (52% de los empleos que todavía existían en ese año).[2] Al día de hoy, prácticamente todas las grandes empresas están implementando soluciones RPA dentro de sus procesos operativos, como parte su estrategia de transformación digital.

Desde el punto de vista tecnológico, es alentador observar el avance que las industrias de software han tenido con el fin de descargar del ser humano las tareas repetitivas y tediosas que nos obligan a estar sentados jornadas completas de trabajo enfrente de una computadora, causando frustración y, en muchos casos, daños a la salud física y mental de las personas.

Este avance puede compararse con la primera revolución industrial, cuando el hombre fue reemplazado por las máquinas en múltiples industrias, quitándoles las tareas que requerían de gran esfuerzo físico en condiciones de trabajo totalmente inhumanas y que costaron muchas vidas.

Pero al igual que con la primera revolución industrial, la transformación digital tiene el potencial de generar desempleo y malestar social si no nos preparamos como sociedad. Urge que la apropiación de tecnologías digitales sea una prioridad en todos los niveles de gobierno.

Por ello, es totalmente desalentador y preocupante el desprecio que el Gobierno Federal ha mostrado hacia la tecnología, como si se tratara de un mal que hay que erradicar, de un demonio que hay que expulsar para purificar la sociedad y regresar a un estado básico de existencia.

En su acostumbrada conferencia “mañanera”, el presidente López Obrador, cuestionado sobre la eliminación de equipos de cómputo en la Secretaría de Economía, respondió: “Imagínense los que lucharon en otros tiempos, por la libertad, por la justicia, por la democracia, por la soberanía ¿Qué estaban esperando a que tuvieran sus computadoras, para luchar, para transformar? Yo creo que son instrumentos, que son importantes, pero no es eso lo más importante. Hay manera, hay forma de resolverlo… el que se compartan los instrumentos de trabajo”.

Es una declaración totalmente inverosímil viniendo del Presidente de la economía número 15 del mundo. No me cabe la menor duda de que nuestros héroes utilizaron en su lucha las herramientas tecnológicas más avanzadas de las que pudieron disponer en su tiempo. Es decir, no imagino a Hidalgo dando indicaciones de que durante la batalla cada fusil debería ser compartido entre cuatro, o restringiendo el uso del papel y la tinta para los mensajes que intercambiaban Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo.

Evidentemente, nadie le ha explicado al Presidente (o no ha querido escuchar) del gran riesgo de aumentar la brecha digital en lugar de disminuirla; de la grave situación que enfrentarán millones de mexicanos por quedar excluidos del progreso tecnológico del mundo; de los costos inmensos que como sociedad enfrentaremos al desmantelar el progreso y crear estructuras de gobierno arcaicas e inservibles; de violar el derecho de los trabajadores de contar con las herramientas básicas que el gobierno está obligado a proporcionar para el desempeño de sus funciones.

Parece que en lugar de transformación digital, en México nos encaminamos hacia la transformación analógica, lo que sea que esto signifique.


[1] Disponible en: http://www.eyboletin.com.mx/boletines/eventos/agradecimiento_Conferencia_Desayuno_EY-RPA.pdf.

[2] Ibídem.

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