PhD Rodrigo Ramírez Pino

Director Programa Desarrollo Digital para América Latina

Flacso

Ex Presidente Foro Latinoamericano de Entes Reguladores de Telecomunicaciones (Regulatel) y ex Subsecretario.

La disputa comercial entre EEUU y China ha revelado una nueva derivada de la tensión entre ambas potencias por el liderazgo del nuevo “Orden Mundial Digital” teniendo a la nueva generación tecnológica 5G como nervio central de la próxima arquitectura de la red global.

Esta guerra 4.0 o la lucha por la hegemonía tecnológica del siglo XXI ha tenido varios episodios desde su resonada declaración. Esta vez, el capítulo del veto de Google a Huawei. Donald Trump emitió una orden ejecutiva que incorpora oficialmente a Huawei (junto a otras 70 empresas) a una lista negra comercial por ser considerada un riesgo para la seguridad nacional, argumentando con ello la necesidad de proteger las redes informáticas de Estados Unidos de la amenaza China. Esta prohibición en las transacciones con este “adversario extranjero” ha tenido un paréntesis y con ello se retrasó la medida en 90 días.

Con esta orden ejecutiva del Gobierno de EEUU, Google concurrió con un veto a Huawei, limitando las actualizaciones del sistema operativo Android para los futuros terminales no teniendo acceso a aplicaciones como Gmail, Youtube o Google Maps. Seguidamente otras compañías norteamericanas (Intel, Qualcomm, Broadcom, Micron Technology o Western Ditigal) hicieran lo propio con respecto al hardware (microchips y memorias). Hasta ahora un par de países, que hace rato quedaron en la periferia del desarrollo de las plataformas tecnológicas, han recogido las sugerencias de Estados Unidos y han vetado a la compañía, bloqueado su participación en el mercado interno y han ido eliminando sus componentes de la red de comunicación móvil: las británicas ARM, EE y Vodafone; más las Japonesas SoftBank, KDDI anunciaron la postergación, modo “pausa”, de los lanzamientos junto a Huawei. Otras anunciaron el veto y luego de unos días lo retiraron como Alliance, SD Association y Bluetooth SIG y la JEDEC.

Ya es conocido que la administración Trump puso en el centro de su ataque a Huawei, sumando varios capítulos a esta historia, como la detención en Canadá de su directora financiera, acusando a la compañía de robo tecnológico y generando la sospecha global de espionaje y del mal uso de la información que haría la empresa China. Lo cierto que aún no se conoce evidencia de esas acusaciones y Huawei sigue avanzando como referente del desarrollo de la arquitectura digital global.

Lo que esconde estas acusaciones es un enfrentamiento tecnológico de nueva generación, donde Occidente corre el riesgo de perder el liderazgo histórico de la innovación y el predominio del desarrollo de nuevas tecnologías, cediendo esta supremacía a manos de nuevos desafiantes y actores emergentes, en especial de China, que pasó de ser el paraíso de la copia y de la mala imitación a un gigante tecnológico mundial.

El país de Asia Oriental definió que su futuro dependía, en parte, del desarrollo de sectores claves de la economía, y para ello, y por su independencia, debía aplicar una alta tecnología para modernizar su base manufacturera, la robótica, la biogenética, los vehículos

alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la inteligencia artificial, la tecnología de la información, las redes de infraestructura. Como respuesta a estos desafíos, el gobierno chino ha propuesto las estrategias “Made in China 2025” y “One Belt, One Road” transformando su capital y economía desde la manufactura de mano de obra intensiva hacia una economía innovadora.

En esta misma dirección avanza Corea e India. Las plataformas supranacionales Google (que perderá 450 millones de dólares anuales con este veto), Amazon, Facebook, Apple, Microsoft lideran sin contrapeso. Europa no se ha podido colar en este paradigma tecnológico. China sabe dónde y con quién debe competir. El primer paso que se han planteado es liderar la arquitectura de la red global 5G.

Seremos los primeros en tener 5G! Se repite como mantra generando frenesí por quién conquista antes que cualquiera la tecnología de quinta generación. Mandatarios, líderes tecnológicos, consultores, reguladores se colocan tras este anhelo. Aunque nadie sabe muy bien de qué estamos hablando realmente.

En 5G están depositadas altas expectativas. A diferencia de la tecnología precedente, se trata de la transición del tradicional mundo de las telecomunicaciones hacia una nueva profunda transformación tecnológica que debe generar el nacimiento de un nuevo ecosistema digital donde concurren distintas industrias, con infraestructuras convergentes, servicios diversos de alto valor agregado que junto con nuevas interfaces harán posible promesas de más capacidad, mayor velocidad, menor latencia, robustez de red y mejor eficiencia en uso de espectro radioeléctrico, al servicio de una nueva economía y con ello teniendo consecuencias empresariales, sociales y geopolíticas.

El gobierno chino hace rato que presta atención al impacto que genera aumentar la capacidad de su fuerza científica y tecnológica. Estados Unidos ha sentido esta presión. La Academia de Ciencias de China superó en el número de patentes a sus similares de Harvard y del MIT. Para Estados Unidos Huawei, la marca más occidental de China, es el representante más típico de la manufactura avanzada y de alta tecnología del país oriental. Para colocar frenos en el desarrollo tecnológico de China, un primer paso es limitar la capacidad de expansión de los portadores de ese espíritu.

Es en este contexto, por ejemplo, a partir el abril de 2018 hasta la fecha, las negociaciones comerciales entre China y EEUU han experimentado 11 rondas, pero no han llegado a un acuerdo en la línea de las expectativas de Norteamérica. Colocar a “Huawei” en medio de este escenario es parte de los recursos para ejercer presión hacia China en el proceso de negociaciones comerciales bilaterales.

Huawei sabía que en algún momento en el ascenso de esta montaña por el liderazgo tecnológico se toparía con EEUU. Sería en la ladera o haciendo cumbre. Independiente del lugar y el momento, la empresa china estaba preparada, incluso con su propio sistema operativo.

China ha tomado una posición de liderazgo en el desarrollo de 5G a través de una serie de iniciativas sostenidas de inversión. En una primera etapa, para los próximos cinco años, contempla un desembolso de US$180 mil millones en el despliegue de redes 5G. En esta tarea China convocó a sus buques insignes China Mobile, China Unicom y China Telecom con una ruta bien definida al año 2020. Hoy ya tienen instaladas más de 350.000 estaciones base operativas 5G, casi 10 veces más que en Estados Unidos. A nivel mundial, los grandes fabricantes de equipos de China también están promoviendo el despliegue de 5G, solo Huawei ha proporcionado más de 10.000 estaciones base en el extranjero. En general, la tecnología y las capacidades 5G de China tienen una ventaja competitiva y gradualmente han establecido una ventaja superior sobre Estados Unidos.

Desplegar esta nueva topología de red implica hacerse cargo de algunos riesgos asociados a la ciberseguridad. Riesgos que no son propio de la próxima red 5G, solo basta revisar la evidencia actual sobre desestabilización de redes, ciberespionaje, fugas de seguridad, robos de propiedad intelectual, ataques cibernéticos a personas, gobiernos y a diferentes industrias. Otro riesgo evidente será la protección de la gran cantidad de datos que serán traficados por estas nuevas redes, lo que implica generar la gobernanza adecuada y el marco de fe y confianza pública en el uso de toda esa data.

Los ciudadanos necesitan conocer las reglas del juego en esa sociedad del Gigabyte. El mal uso y tratamiento de los datos personales ya no son propios de las historias contadas en las series conspirativas de televisión. Hay evidencia de cómo los Estados, y otras instituciones, espían las comunicaciones, realizan la trazabilidad de usos y preferencias de las personas, interceptan llamadas, construyen patrones a partir del uso de palabras claves, construyen algoritmos para recopilar información de inteligencia y realizar actividades de contrainteligencia. Este es un desafío para los gobiernos, para la institucionalidad y para la industria que participa en la construcción de la nueva red de telecomunicaciones.

El caso de Huawei y las no comprobadas acusaciones de contar con “puertas traseras”, investigadas y descartadas por el gobierno Británico, el Departamento Federal Alemán de seguridad y por la Comisión Europea, que permitirían acceder sin autorización a la infraestructura de las redes fijas y móviles, abre una gran interrogante en esta sociedad vigilada en pro de disminuir la vulnerabilidad del sistema y por la transparencia de la sociedad red: ¿Cómo los ciudadanos logran conocer cuando alguna compañía de tecnología ó algún operador de telecomunicaciones se encuentre desarrollando proyectos en asociación con gobiernos u otras industrias donde el objeto pudiera poner en riesgo la seguridad y privacidad de la vida de los ciudadanos?.

Sabemos que en nombre de la seguridad nacional se han pasado a llevar y violentado más de algún derecho constitucional de los ciudadanos. Promover el veto a Huawei también genera la sospecha de la falta de trasparencia en el mercado de la seguridad y de la defensa nacional. Al excluir por secretaría a algunos actores del mercado, la señal que se entrega es que los que quedan trabajando son aquellos que están dispuestos a aceptar las reglas del juego impuestas de manera arbitraria, incluso en ir más allá del monitoreo de la supuestas amenazas internas. Un mercado abierto, plural, no discriminatorio, con varios proveedores en toda la cadena de valor (núcleo móvil, redes, enrutador, conmutador, servidores) entrega ciertos mínimos de confianza que hoy son imperativos.

La evolución de la “G” siempre es una buena noticia. La transición de una generación a otra implica un nuevo avance en la tecnología inalámbrica la que tiene un impacto comercial, competitivo y de seguridad significativo en el precursor.

Recordemos que Europa, liderada por Alemania, obtuvo un liderazgo y una ventaja competitiva líder en la era 2G, lo que significó que compañías emblemáticas pudieron introducir equipos más avanzados antes que su competencia. Durante este periodo, la industria europea de tecnología inalámbrica floreció, mientras que las compañías proveedoras de otras latitudes con suerte lograron navegar por ese nuevo océano tecnológico.

La llegada de 3G encontró a Europa en una transición debido a las directivas, leyes y regulaciones del uso del espectro que condicionaron los tiempos y condiciones de las subastas para el despliegue de la tercera generación tecnológica. Esta situación fue aprovechada por Japón, que al poco andar se instaló como líder en 3G, aunque los Estados Unidos finalmente logró ponerse al día con Japón, pero en este proceso tuvo tuvo que pagar un alto costo, y con ello un debilitamiento sostenido de la industria tecnología inalámbrica, las que quebraron o fueron adquiridas por empresas extranjeras.

El costo de llegar tarde al desarrollo de 3G por parte de Estados Unidos fue una gran lección y aprendieron de esos errores. No podía suceder los mismo con la nueva generación que se avizoraba: 4G y 4G LTE La inversión de Estados Unidos en 4G fue muy audaz y la institucionalidad de las telecomunicaciones adelantaron los escenarios abriendo más espectro, licencias y regulaciones para promover la rápida expansión de las redes 4G. Florecía y se expandía por todos los continentes la “Siliconización del mundo”. Estados Unidos tomaba la delantera en el mercado con terminales inteligentes, mientras que Apple, Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Netflix, y otras empresas estadounidenses más un sinnúmero de otros emprendimientos de servicios digitales, daban vida al nuevo paradigma de la economía digital, apoyado en un robusto ecosistema global de proveedores de redes, fabricantes de dispositivos y desarrolladores de aplicaciones que daban forma al futuro de 4G.

Para Estados Unidos no es una opción llegar tarde a 5G. El país del norte entiende que China le lleva 10 pasos adelante por el liderazgo mundial de toda la cadena de la industria de equipos de telecomunicaciones, terminales y aplicaciones de Internet para el nuevo ambiente 5G. La proyección de crecimiento de la economía China para los próximos años, y luego de la economía India, estarán por sobre la norteamericana. El país que obtenga la la primera ventaja tendrá el camino despejado para desplegar el patrón de desarrollo que

tiene como base a la nueva generación de tecnologías de la comunicación y el crecimiento de industrias relacionadas.

Estados Unidos sabe que son los líderes los que pueden fijar las reglas del juego, pueden formular estándares y el desarrollo de distintos modelos de negocios, mientras que los rezagados solo pueden seguirlos. No está ni en los peores sueños de Trump que sea China quien ponga la música que obligadamente deba bailar.

Las piezas del tablero se mueven para construir un nuevo orden mundial digital.

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