Historia y recuerdos sobre sistemas de telecomunicación de Galápagos

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Recuerdo con bastante claridad la primera vez que volví a pisar tierra en el archipiélago de Galápagos luego de muchos años, tenía yo entonces 14, y viajaba en un buque de transporte de personas y provisiones de propiedad de la Armada del Ecuador, el célebre BAE Calicuchima, donde cuatro días de navegación desde el puerto de Guayaquil se convirtieron en una gran aventura en la cual surcaba las mares y disfrutaba de la más excitante travesía de mi vida.

Al llegar a las islas, una de las primeras prioridades que se metieron en mi cabeza fue comunicarme con mis padres, que habían quedado en el continente.

Me dirigí a las cabinas del entonces Instituto Ecuatoriano de Telecomunicaciones (Ietel), donde me esperaban: una larga fila, una sola operadora y dos cabinas de teléfono conectadas a un antiguo sistema de alta frecuencia, denominado HF, que era en ese entonces, y con un poco de suerte, la única posibilidad de comunicación directa entre las islas y el continente.

Digo con un poco de suerte porque las condiciones climáticas de los mil kilómetros de mar entre ambos puntos hacían que la comunicación se volviera ruidosa, chillona o simplemente imposible.

La fragilidad de comunicación de dicho sistema hacía que el tono y timbre de la voz mientras se conversaba se volvía variable, al mejor estilo de un cambio de voz musical desde un bajo, pasando por un barítono y pudiendo llegar a un soprano.

Aquel día fue imposible comunicarse. Varios días después, al pasar por casualidad, encontré el sitio casi vacío y la grata sorpresa de una comunicación bastante aceptable donde mi madre quedó tranquila por escucharme.

Mi madre supo contarme que años atrás, a los pocos días de haber dado a luz en las islas, la única manera como pudo comunicarse para informar la noticia entre las islas y el continente eran los radio operadores denominados “radioaficionados” los cuales, a través de grandes antenas con sistemas de códigos, o de voz (cuando las condiciones lo permitían), iban replicando cada mensaje escuchado hasta que el mismo llegaba a su destino final.

Así fue como el nacimiento del primer nieto llegó, luego de varias retransmisiones, a mi abuela en el centro de los Andes, en Chimborazo, y a mis abuelos maternos en el vecino país de Colombia.

Un buen día me tocó visitar Galápagos por trabajo, por pedido de un Presidente de la República, quien me solicitó implementar un canal de televisión nacional en las islas, pues los incipientes sistemas de video satelital a duras penas permitían recoger esporádicas señales de canales extranjeros.

Me llamó mucho la atención el pedido del mandatario: literalmente fue “me gustaría mucho que en Galápagos me dejen de decir Presidente Toledo” (el entonces Presidente del Perú).

Sin embargo, la vida y mi carrera en el sector de telecomunicaciones me permitieron visitar un par de veces más las islas para temas relacionados al de esta historia.

La primera de ellas fue cuando la empresa pública CNT inauguró un novedoso sistema de teléfonos inalámbricos fijos con una tecnología que se derivó de una de las primeras  redes de telefonía celular, conocida como CDMA. El servicio era maravilloso. La gente llevaba su teléfono inalámbrico fijo en su auto, en las carretillas de venta, en las tiendas, lo transportaba de su negocio a su casa y viceversa, y la calidad de señal era impresionante.

Esta vez acompañé a otro Presidente de la República, quien después de varias actividades concurrió a la inauguración de CDMA en Galápagos. Los periodistas que cubrían la visita nos entrevistaban con teléfonos inalámbricos CDMA. Algunos de ellos habían retirado el auricular convencional y lo habían reemplazado por un micrófono de estudio.

Era obvio que no se necesitaba decir una palabra más sobre el novedoso y útil sistema. En dicha ocasión, en el momento de más aglomeración y entrevistas, recibí el mejor de los agradecimientos por mi trabajo: unas palmadas en la espalda de manos del entonces Presidente.

La última ocasión que visité las islas por estos temas lo hice sin Presidente, para la inauguración del nuevo Telepuerto Satelital de CNT, el cual, gracias a un novedoso sistema de modulación, permitió multiplicar la capacidad de transmisión y recepción al doble.

En esa ocasión las palmadas de felicitación vinieron del gerente de la estación terrena de Galápagos, Vinicio, que estaba más emocionado que yo.

No pude visitar las islas para mi última gestión en Galápagos pero lo dejo aquí descrito como algo que temo olvidar luego de que han pasado muchos años desde entonces. Fue para la implementación de un nuevo sistema de audio y video por suscripción nacional, el cual hasta ese entonces había sido imposible implementar, pues las huellas satelitales de las señales de televisión nacionales no llegaban a cubrir Galápagos, por lo que fue necesario subir dichas señales a un satélite cuya huella pueda caer sobre las islas.

Con esta última implementación culminé lo que describo como la combinación de mi amor por mi tierra natal con mi pasión como ingeniero en telecomunicaciones. Solo espero que las próximas veces, ojalá sean varias, que visite las Islas Encantadas, lo haga tomando una piña colada y saboreando unos mariscos en la plaza de comidas, exclusivamente como turista.

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