El actual confinamiento en el hogar que impone la crisis de salud global arroja disparidades en el grado de preparación que presentan los hogares de América Latina para mantenerse en la red. Los niños, niñas y jóvenes conectados, así como la oportunidad de papá y mamá de trabajar a distancia, arroja grandes diferencias. El más reciente informe de cooperación entre DPL Consulting, junto con CAF, CEPAL y Telecon Advisory Services desnuda la brecha existente entre zonas urbanas y rurales, entre hogares, y cómo estos últimos poseen mejores condiciones para contextos de crisis si están conectados.

El informe Las oportunidades de la digitalización en América Latina frente al Covid-19, publicado en marzo de 2020, sostiene que en América Latina y el Caribe un alto porcentaje de los países ostentan niveles de penetración de usuarios de Internet por encima de 60 por ciento en las zonas centrales y más pobladas (urbanas); sin embargo, el informe demuestra las brechas existentes en la región.

En general y de forma agregada en los países que ostentan mayores niveles de penetración y conectividad en las áreas rurales, costeras y fronterizas (rural), el servicio llega a rondar entre 40 y/o 50 por ciento de la población. Para agravar la condición, en los países que presentan menor desarrollo digital la penetración promedia 10 por ciento de la población. 

El informe indica que “la penetración de Internet en hogares es la palanca fundamental para poder afrontar la pandemia. La digitalización de hogares permite a la población continuar realizando una cantidad de tareas cotidianas que anteriormente requerían el contacto físico (la dimensión del teletrabajo será analizada más adelante)”.

A pesar de los beneficios de la palanca digital en tiempos de crisis, el informe presenta otras realidades. Un análisis por edad en adultos mayores arroja que en mayores de 75 años el número de usuarios es significativamente menor (cerca de 20%) que en otros rangos de edad revisados, lo cual demuestra la brecha que tienen los adultos mayores para estar online y acceder en confinamiento a servicios en línea.

Para otros grupos etarios, en el rango de menores de 15 años (que no incluye en ningún caso a menores de 5 años) el informe nos brinda que el porcentaje de usuarios es muy variable entre países, pero en varios está por debajo de 50 por ciento. La UNESCO indicaba en días recientes que más de 91 por ciento de los estudiantes del mundo están siendo afectados, dado que cerca de 188 países han cerrado los centros educativos (primaria, secundaria y universidades), ello significa más de mil 500 millones de estudiantes afectados.

Esta disparidad y bajos porcentajes de población en edad de productividad educativa limita las iniciativas de educación en línea, acceso a contenidos pertinentes, programas y procesos de formación virtuales y convoca a ocuparnos porque esta brecha no se incremente y afecta brechas estructurales de los países en el mediano y largo plazos.

Es imperativo construir hogares resilientes a partir de los beneficios y oportunidades que genera la conectividad, la disponibilidad de dispositivos de uso productivo en los hogares, los servicios de banda ancha y el contenido relevante, principalmente en los de más bajos ingresos.

Por lo tanto, se hace necesario emprender acciones y brincar los obstáculos para promover el acceso a servicios de telecomunicaciones de calidad y asequibles en zonas de baja demanda, presencia de infraestructura y financieramente no rentables a los habitantes del país que no tengan recursos suficientes para dotarlos del Paquete Digital Integral Solidario (PDIS) (Internet+dispositivos+contenidos+alfabetización), que permita teletrabajar, teleeducación y telesalud, como mínimo.

Dotar banda ancha a instituciones y personas en la periferia geográfica y social y con necesidades sociales especiales, entre ellos albergues de menores, adultos mayores, personas con discapacidad, población indígena, escuelas y colegios públicos y centros de salud.

De esta forma, hay que fomentar la reducción en el acceso diferenciado entre países, sectores y personas a las TIC, así como las diferencias en la habilidad para utilizar las herramientas digitales en el uso actual que le dan los hogares y en el impacto que tienen sobre el desarrollo humano de cada individuo, ¡al garantizar mayor igualdad de oportunidades y el disfrute de los beneficios de la Sociedad de la Información y el Conocimiento donde estemos TODOS CONECTADOS!


Contrapunto, caso para valorar. Según el informe, Costa Rica es el tercer país con más penetración de Internet en los hogares de los quintiles de menos ingresos (le preceden Chile y Uruguay). Y es que precisamente el Fondo Nacional de las Telecomunicaciones (Fonatel) ha venido diseñando programas de inclusión.

En 2016 diseñó el concepto de Hogares Conectados con una inversión inicial de 128 millones de dólares con la meta de incluir a cerca de 500 mil personas, 200 mil estudiantes de escuelas y colegios públicos y más de 100 mil mujeres jefas de hogar en cuestión de 3 años con la participación de 7 empresas de telecomunicaciones (ejecutores).

Para febrero de 2020 (con apenas 6 meses de desfase de un programa de esta magnitud) se habían alcanzado las metas y el programa se amplió 2 años más con una inversión adicional del fondo. Su impacto hoy alcanza más de 10 por ciento de la población en condición vulnerable del país (hogares de estratos 1 al 3) seleccionados técnicamente, y ha contribuido a una reducción de la brecha de conectividad en la base de la pirámide de la sociedad de cerca de 8 por ciento. Además, constituye la variable de más aporte y peso en los últimos 3 años a la reducción de la pobreza multidimensional.

No en vano este programa ganó el Premio Mundial de la Sociedad de la Información de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones y las autoridades del país lo incluyeron como parte de las políticas públicas.


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