La Nación, Juan Fernando Lara

“Incumplimientos de planificación” le pasan una millonaria factura al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) en su proyecto para una red de Internet de banda ancha en el país: al menos ¢10.203 millones.

Así lo revela el informe N° AUNT/DI/02-2017, en poder de La Nación, sobre la llamada Red de Acceso de Nueva Generación (Range) II, una red de fibra óptica para vender servicios de Internet, televisión y telefonía a hogares, comercios e industrias. La meta es sumar 180.000 enlaces.

Por las omisiones en el planeamiento, el proyecto pasó de $91,7 millones en noviembre de 2016 a $107 millones en febrero del 2017: $15,3 millones adicionales (unos ¢9.180 millones).

Las advertencias las envió el 7 de diciembre del 2017 la auditora general del ICE, Sofía Machuca Flores, al gerente de Telecomunicaciones, Jaime Palermo Quesada, y a la entonces directora jurídica, Julieta Bejarano Hernández.

Cuando el proyecto se presentó a aprobación del Consejo Directivo, el 15 de noviembre del 2016, Range II se ofreció como “un plan integral”, dice el informe.

“En la práctica, no es así, por cuanto, se omitió elementos de importancia necesarios, como es el tema de migraciones y desmantelamiento de la red de cobre”, asegura el documento. Esa omisión es la de $15,3 millones.

¿Qué son migraciones? Range II tiene como propósito “desmantelar” la red de cobre por la que transmite datos y sustituirla por una de fibra óptica, que permite altísima velocidad. Es decir, migrar de una tecnología obsoleta a una de última generación.

Lo que económicamente no se contempló, y se convirtió en una costosa actividad paralela, es el retiro de la red de cobre de un cliente actual (un cable que va desde el poste hasta la casa del usuario) y la sustitución por fibra óptica.

Antes de quitar el cable de cobre e instalar la fibra, tiene que darse una coordinación previa con cada cliente quien se queda temporalmente sin servicio mientras migra.

Esto, provoca “el riesgo de un aumento en la tasa de cancelación de clientes” si se da un atraso en el cambio, dice el informe. Parece sencillo, pero el costo es millonario.

La Nación preguntó varias veces desde la semana anterior al departamento de prensa del ICE, cómo iba ese proceso de migración de cobre a fibra óptica. La entidad declinó precisar la cifra.

“Incumplimientos de planificación” le pasan una millonaria factura al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) en su proyecto para una red de Internet de banda ancha en el país: al menos ¢10.203 millones.

Así lo revela el informe N° AUNT/DI/02-2017, en poder de La Nación, sobre la llamada Red de Acceso de Nueva Generación (Range) II, una red de fibra óptica para vender servicios de Internet, televisión y telefonía a hogares, comercios e industrias. La meta es sumar 180.000 enlaces.

Por las omisiones en el planeamiento, el proyecto pasó de $91,7 millones en noviembre de 2016 a $107 millones en febrero del 2017: $15,3 millones adicionales (unos ¢9.180 millones).

Las advertencias las envió el 7 de diciembre del 2017 la auditora general del ICE, Sofía Machuca Flores, al gerente de Telecomunicaciones, Jaime Palermo Quesada, y a la entonces directora jurídica, Julieta Bejarano Hernández.

Cuando el proyecto se presentó a aprobación del Consejo Directivo, el 15 de noviembre del 2016, Range II se ofreció como “un plan integral”, dice el informe.

“En la práctica, no es así, por cuanto, se omitió elementos de importancia necesarios, como es el tema de migraciones y desmantelamiento de la red de cobre”, asegura el documento. Esa omisión es la de $15,3 millones.

¿Qué son migraciones? Range II tiene como propósito “desmantelar” la red de cobre por la que transmite datos y sustituirla por una de fibra óptica, que permite altísima velocidad. Es decir, migrar de una tecnología obsoleta a una de última generación.

Lo que económicamente no se contempló, y se convirtió en una costosa actividad paralela, es el retiro de la red de cobre de un cliente actual (un cable que va desde el poste hasta la casa del usuario) y la sustitución por fibra óptica.

Antes de quitar el cable de cobre e instalar la fibra, tiene que darse una coordinación previa con cada cliente quien se queda temporalmente sin servicio mientras migra.

Esto, provoca “el riesgo de un aumento en la tasa de cancelación de clientes” si se da un atraso en el cambio, dice el informe. Parece sencillo, pero el costo es millonario.

La Nación preguntó varias veces desde la semana anterior al departamento de prensa del ICE, cómo iba ese proceso de migración de cobre a fibra óptica. La entidad declinó precisar la cifra.

“Incumplimientos de planificación” le pasan una millonaria factura al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) en su proyecto para una red de Internet de banda ancha en el país: al menos ¢10.203 millones.

Así lo revela el informe N° AUNT/DI/02-2017, en poder de La Nación, sobre la llamada Red de Acceso de Nueva Generación (Range) II, una red de fibra óptica para vender servicios de Internet, televisión y telefonía a hogares, comercios e industrias. La meta es sumar 180.000 enlaces.

Por las omisiones en el planeamiento, el proyecto pasó de $91,7 millones en noviembre de 2016 a $107 millones en febrero del 2017: $15,3 millones adicionales (unos ¢9.180 millones).

Las advertencias las envió el 7 de diciembre del 2017 la auditora general del ICE, Sofía Machuca Flores, al gerente de Telecomunicaciones, Jaime Palermo Quesada, y a la entonces directora jurídica, Julieta Bejarano Hernández.

Cuando el proyecto se presentó a aprobación del Consejo Directivo, el 15 de noviembre del 2016, Range II se ofreció como “un plan integral”, dice el informe.

“En la práctica, no es así, por cuanto, se omitió elementos de importancia necesarios, como es el tema de migraciones y desmantelamiento de la red de cobre”, asegura el documento. Esa omisión es la de $15,3 millones.

¿Qué son migraciones? Range II tiene como propósito “desmantelar” la red de cobre por la que transmite datos y sustituirla por una de fibra óptica, que permite altísima velocidad. Es decir, migrar de una tecnología obsoleta a una de última generación.

Lo que económicamente no se contempló, y se convirtió en una costosa actividad paralela, es el retiro de la red de cobre de un cliente actual (un cable que va desde el poste hasta la casa del usuario) y la sustitución por fibra óptica.

Antes de quitar el cable de cobre e instalar la fibra, tiene que darse una coordinación previa con cada cliente quien se queda temporalmente sin servicio mientras migra.

Esto, provoca “el riesgo de un aumento en la tasa de cancelación de clientes” si se da un atraso en el cambio, dice el informe. Parece sencillo, pero el costo es millonario.

La Nación preguntó varias veces desde la semana anterior al departamento de prensa del ICE, cómo iba ese proceso de migración de cobre a fibra óptica. La entidad declinó precisar la cifra.


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