Impuesto Sheinbaum a las plataformas digitales

104

Proceso Jorge Bravo

El impuesto adicional que Claudia Sheinbaum quiere imponer a las plataformas de entrega de mercancías y alimentos no sólo es inoportuno, afecta a repartidores y usuarios y daña el comercio electrónico, también es peligroso por la visión chata y el enfoque ideológico que tiene una aspirante a la Presidencia de la República sobre los beneficios de la economía digital.

Las veces que la funcionaria ha salido a defender el impuesto ha caído en contradicciones, al grado de que pidió a la secretaria de Finanzas, Luz Elena González, que se reúna con la industria para explicar el gravamen.

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México propone en el Código Fiscal 2022 cobrar un impuesto adicional de 2% a las plataformas de entrega de mercancías, víveres y alimentos por usar la infraestructura urbana.

No es un argumento sólido: existen múltiples empresas y sectores económicos en la ciudad que aprovechan todo el tiempo el espacio urbano y no pagan impuestos especiales por ello. Nueve asociaciones de la industria (incluidas la Coparmex, Canacintra y las asociaciones de Internet y Mexicana de Ventas Online) firmaron un comunicado donde señalan que “un impuesto local por usar las calles no tiene precedente” y es “inconstitucional, ilegal, discriminatorio y discrecional”.

La iniciativa generó una confrontación innecesaria del gobierno de la CDMX contra los repartidores y la industria. Podría haber acciones legales contra el impuesto Sheinbaum y sus implicaciones.

La jefa de Gobierno quiere obtener recursos cargando contra una industria que demostró que el uso de tecnologías digitales e Internet sí puede ayudar a obtener ingresos a repartidores y ganancias a micro, pequeños y medianos comercios en tiempos de confinamiento sanitario.

Parte de la confusión y descontento es que el impuesto no sólo afecta a plataformas intermediarias de entrega a domicilio como Amazon y Mercado Libre y de alimentos como DiDi Food, iVoy, Rappi, SinDelantal, Uber Eats y muchas más, también a múltiples sectores que, imitándolas, utilizan cada vez más dispositivos y plataformas para recabar pedidos y entregar productos y víveres a domicilio, como tiendas de autoservicio, departamentales, farmacias y muchos negocios más.

Los repartidores (quienes padecen el mal estado de la infraestructura urbana para realizar su labor) y la industria están inconformes y han rechazado la medida porque desconoce los beneficios que han tenido las plataformas de Internet durante la pandemia para la generación de ingresos, el sostenimiento de negocios como restaurantes y locales familiares y la recuperación económica local.

Desde 2020, todas las plataformas digitales pagan impuestos como cualquier otra empresa en México: retienen 16% por concepto del IVA en todas las transacciones que se realizan a través de ellas, así como el Impuesto sobre la Renta aplicable al comercio electrónico.

El gravamen sería adicional y encarecería el comercio electrónico, cuando su principal ventaja es reducir los costos de transacción, es decir, todo es más barato en la red, excepto por el impuesto Sheinbaum. El usuario lo pensará dos veces antes de comprar en línea porque sus productos y víveres a domicilio costarán 2% más.

El impuesto llega en el peor momento para los bolsillos de los chilangos, porque durante la primera quincena de noviembre se registró una inflación de 7.05%, la más alta en 20 años (Inegi). El tema de conversación en los hogares es que todo está más caro, desde productos de la canasta básica hasta bienes importados.

Aunque Sheinbaum comentó en conferencia que el impuesto se aplicará a las plataformas y no a los repartidores ni a los usuarios, todos sabemos que eso no ocurrirá. Los impuestos especiales siempre se trasladan de alguna manera al consumidor final.

La principal justificación del gobierno para aumentar la recaudación entre las plataformas tecnológicas es que aprovechan la infraestructura de la ciudad como elementos de viabilidad y para el desplazamiento de bienes y personas.

En 2016 se creó un fideicomiso que desde 2020 se llama Fondo de Movilidad. Las plataformas de transporte ya contribuyen con 1.5% de cada viaje, pero el destino de esos recursos se desconoce y no es transparente. Lo ideal sería que el dinero de ese fondo se use para mejorar la infraestructura del transporte público, las vialidades y la movilidad en la capital. Quienes radicamos en la CDMX padecemos una infraestructura urbana en mal estado y los impuestos especiales de este tipo no han cumplido con su cometido de contribuir al mejoramiento de la infraestructura urbana.

Ante el descontento generalizado de repartidores, usuarios e industria, Sheinbaum defendió el gravamen con otro “argumento” que ya no fue el aprovechamiento de la infraestructura urbana sino un enfoque ideológico que genera incertidumbre y desincentiva la inversión en la CDMX, cuando empezaba a ser referente de emprendedores, nacimiento de startups y base de cada vez más unicornios mexicanos. Sería desafortunado que ese ecosistema digital se distorsionara.

Dijo que “la mayor parte de estas aplicaciones se lleva sus ganancias fuera del país y no dejan nada en México, es justamente a eso donde se quiere estar aplicando”. Explicó que el impuesto para plataformas digitales de entrega “será sobre las ganancias de las empresas que son alrededor de 40%, cifras que actualmente salen del país”. ¿De dónde obtiene ese dato? ¿A qué empresa se refiere?

Falso: el impuesto Sheinbaum a las plataformas no es sobre sus ganancias sino sobre “el cobro total antes de impuestos por cada entrega realizada”. Es un cobro sobre el bien o servicio contratado, el consumo y la operación logística de la plataforma, por eso sí impacta sobre repartidores y usuarios.

La de Sheinbaum es una respuesta infantil y peligrosa. Su impuesto a las plataformas debe enmarcarse en las acciones de una aspirante a la Presidencia de la República que ya está en campaña. El mensaje que lanza a la industria es que el apoyo de la economía digital a la reactivación no es relevante, que el comercio electrónico debe pagar impuestos adicionales, que las plataformas tecnológicas son extranjeras (aunque el impuesto también alcance los emprendimientos locales) y que las empresas deben pagar gravámenes especiales por “sacar sus ganancias fuera del país”.

Similar a como ocurrió a nivel federal, Sheinbaum hizo un llamado al Congreso de la CDMX para que “así como se recibió, así sea aprobado” el paquete económico 2022. Ella requiere 34 de 66 votos para aprobar la iniciativa, pero Morena tiene 29 legisladores en el Congreso local (43.9%). Con algunos aliados podría alcanzar la mayoría, pero ¿todos los legisladores de Morena comparten la visión ideológica de Claudia de la economía digital? ¿Qué piensa Marcelo Ebrard del impuesto a las plataformas? ¿Su visión es más progresista, apoya el comercio electrónico y los beneficios de la economía digital? ¿Tiene aliados sensibles y conciliadores en el Congreso local que maticen la postura confrontativa de Sheinbaum?