Por Raquel Gatto, Andrés Piazza y Andrés Sastre

¿Para qué hace falta crear un nuevo organismo? ¿Que tendría éste de novedoso para que sea razonable su existencia? ¿Dónde está su nota de diferenciación?

Los promotores de esta plataforma hemos llegado a conclusiones muy parecidas desde diferentes perspectivas sobre las políticas digitales: la evidencia de una falta de traslado de las discusiones que se dan en los espacios multisectoriales regionales y nacionales que nos hemos dotado hacia las definiciones de política pública que finalmente se llevan a cabo. En muchas ocasiones, estas carecen del adecuado consenso y de la necesaria reflexión sobre sus efectos a mediano y largo plazos.

El resultado, pese a los innegables avances en la última década, es un retraso en la digitalización de nuestras sociedades, que ha tenido su evidencia más incómoda a raíz del avance de la pandemia de Covid-19. Se ha puesto de manifiesto que aquellos sectores que todavía no acceden de manera significativa a Internet han sufrido más los efectos de la pandemia.

Por otra parte, pese a la multiplicidad de foros de ámbito de debate en línea, las decisiones de políticas públicas difieren de manera evidente de lo que se plantea en las áreas de debate.

No solamente es necesario mejorar la calidad de las políticas públicas sino hacer que las cosas pasen.

La creación de una institución apropiada para los tiempos que corren (la tercera década del siglo XXI)  busca que los ámbitos de discusión y análisis, que buenamente nos hemos dotado, tengan un impacto directo en las decisiones de política pública y que del debate salgan hechos asumibles y no sólo marcados discursos que en la mayoría de los casos “se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.[1]

Porque al contrario de lo que diría Roy Batty en el filme, no es precisamente tiempo de seguir observando naves ardiendo más allá de Orión, sino de dar traslado a los “policy makers” de propuestas consensuadas en el marco digital, o de elementos que doten de rigurosidad sus definiciones, para promover un desarrollo dinámico y efectivo de nuestras sociedades.

Hay que armar las piezas y unir los espacios de diálogo a los ámbitos de decisión. Hacer que las cosas pasen no significa duplicar esfuerzos, sino que los espacios de reunión ya existentes aumenten en relevancia y que determinadas discusiones encuentren su canal para ser debatidas. Sin perder el foco de que surjan propuestas aplicables que trasciendan el papel.

He aquí la voluntad con la que nace este instituto. No se pretende sustituir los roles y mecanismos previamente establecidos, sino de ser capaces de generar una entidad adecuada al contexto actual, que establezca canales en los cuales se puedan tratar temas de interés para avanzar hacia la digitalización de nuestras sociedades.

Ahora, más que nunca, dicha discusión adquiere una especial importancia: la digitalización es imprescindible para la recuperación post pandemia, para el ejercicio de la ciudadanía en nuestros países, para el acceso a la información, la expresión libre, la educación y hasta para el futuro laboral de todos nosotros.

Igualmente, cuesta imaginar qué hubiera sido de nuestras sociedades si se hubiera carecido de conectividad en 2020. La salud emocional sin contacto social, el daño a la economía, al trabajo, a la educación de nuestros menores hubiera sido muchísimo mayor. Ahora mismo toda nuestra vida gira en torno a lo digital, lo que nos tiene que concienciar más que nunca sobre aquellos que aún no logran acceder y también sobre los riesgos que conlleva esta sociedad digital.

Igualmente, observamos como existen varios movimientos gubernamentales bien intencionados (o no) que quieren regular Internet y sus contenidos, que quieren rediscutir los marcos jurídicos sobre los que se han desarrollado las telecomunicaciones y, si bien están en su legítimo derecho de plantear estas cuestiones, entendemos que el debate debe ser multistakeholder y lo más informado posible.

En nuestro día a día, estamos acostumbrados a que, en países democráticos, podamos discutir ampliamente las decisiones de política pública de nuestros entornos, tales como el ejercicio de derechos y deberes como ciudadano, la salud, el modelo educativo, por citar algunos de ellos.

Lo mismo debe suceder para la regulación de nuestros derechos en la red. En este sentido, una parte del problema es que no siempre hay espacios para promover ese diálogo abierto e inclusivo. En otras ocasiones, aunque ese diálogo existe, no logra aterrizar en forma de políticas públicas efectivas, estando totalmente ajeno a la hora de tomar decisiones.

Es por esto que la vocación del Instituto de Desarrollo Digital (IDDLAC) es, precisamente, la de construir puentes que colmen ese hueco y retroalimentar otros procesos nacionales, regionales e internacionales.

De esta forma, hacemos un llamado a que nos acompañen en este proceso, para juntos trazar el camino hacia el desarrollo pleno de nuestro ecosistema digital, para que todos los actores puedan disfrutar de los enormes beneficios que la digitalización nos ofrece y que ningún ciudadano de América Latina y el Caribe quede atrás.


[1] R. Scott (director), M. Deeley y H. Fancher (productores) (1982). Blade Runner [película]. Estados Unidos, Warner Bros.