Joe Biden y las empresas tecnológicas

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Proceso Jorge Bravo

¿Cuál será la relación del virtual presidente electo Joe Biden con las empresas digitales, de tecnología y de telecomunicaciones? Sólo tiene un camino: consolidar el liderazgo digital que paradójicamente inició Donald Trump con las nuevas tecnologías 5G. La diferencia será si opta por prolongar la guerra tecnológica con China como lo hizo el republicano o si recuperará la esencia de Internet: colaborar y compartir con el mundo.

De 2009 a 2017, Biden fue vicepresidente con Barack Obama, el mandatario que más impulsó el ecosistema digital. Durante los ocho años de Obama, la industria de las comunicaciones tuvo un desempeño espectacular. Las principales acciones regulatorias buscaron despliegues de redes de nueva generación, regular la neutralidad de la red y favorecer las consolidaciones de empresas, algo a lo cual se opuso sin éxito la administración de Trump.

El republicano vio con malos ojos la compra de Time Warner (que incluía la cadena CNN con la cual siempre tuvo confrontaciones) por AT&T y la fusión de T-Mobile con Sprint, que redujo el mercado de cuatro a tres operadores móviles, pero no pudo impedirlas.

Con Obama, el vicepresidente Biden fue testigo de una Unión Americana plenamente conectada, elevada penetración de smartphones, despliegues notables de redes 4G e inversión de infraestructura de banda ancha como motor de desarrollo económico y liderazgo tecnológico.

Durante ese periodo despegaron las hoy empoderadas redes sociales, crecieron las plataformas en línea y emergieron las startups digitales. Algunas de estas empresas de Internet se fundaron antes de la llegada de Obama, pero fue durante su administración cuando se produjo la explosión de esas plataformas y su proyección global.

Biden todavía no ha presentado una política tecnológica e industrial. En su sitio de transición, una de sus cuatro prioridades es la recuperación económica. Explica que movilizará el ingenio estadounidense con infraestructura moderna y motores de crecimiento sostenibles como Internet de banda ancha universal.

Sin embargo, la relación de Biden con algunas empresas de Internet ha sido conflictiva. En octubre, su equipo de campaña envió una carta a Facebook reclamando la difusión de un anuncio que afirmaba que el candidato demócrata había chantajeado a funcionarios ucranianos para que no investigaran a su hijo.

En una entrevista a The New York Times, Biden dijo que no era fan de Facebook ni de Mark Zuckerberg. Aclaró que “no sólo deberíamos estar preocupados por la concentración de poder, deberíamos estar preocupados por la falta de privacidad y que ellos estén exentos”.

Añadió que Facebook “está propagando falsedades que ellos saben que son falsas, y deberíamos establecer normas no muy diferentes a las que están haciendo los europeos en relación con la privacidad”. Afirmó que Zuckerberg y Facebook deben ser sometidos a responsabilidad civil.

La noticia falsa ucraniana lo motivó a decir que la Sección 230 de la Ley de Decencia de las Comunicaciones debía ser revocada “inmediatamente”, algo que Trump propuso por su conflicto con las redes sociales. La Sección 230 dice que “ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o hablante de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información”. O sea, las plataformas en línea no son responsables de lo que publican sus usuarios.

Trump emitió una orden ejecutiva sobre la prevención de la censura en línea donde se lee que “Twitter, Facebook, Instagram y YouTube ejercen un poder inmenso sin precedentes para dar forma a la interpretación de los eventos públicos; censurar, borrar o desaparecer información; y controlar lo que la gente ve o no ve.”

Estas mismas redes sociales implementaron políticas para combatir la propagación de la desinformación electoral y etiquetar acusaciones de fraude electoral emitidas por Trump y sus seguidores. Esas acciones acercaron las redes sociales a Biden, al tiempo que se distanciaron de los infundios de Trump.

Las empresas de comunicaciones e Internet son la tercera industria donante de la campaña de Biden, sólo superada por los grupos ideológicos demócratas y las industrias de finanzas y seguros. Biden lanzó su candidatura presidencial en una recaudación de fondos organizada por el Vicepresidente Ejecutivo Senior de Comcast, David Cohen, en abril de 2019, el principal proveedor de banda ancha de Estados Unidos y propietario de la televisora NBC y los estudios Universal.

Según el Center for Responsive Politics de la organización OpenSecrets, un sitio que rastrea el financiamiento de campañas en Estados Unidos por individuos y Comités de Acción Política (grupos políticos organizados legalmente con el propósito de recaudar y gastar dinero para apoyar o derrotar candidatos), durante 2019-2020 Biden recibió directamente 48.7 millones de dólares de la industria de las comunicaciones, que en total aportó 97 millones de dólares a la elección federal demócrata versus 18.5 mdd a la campaña republicana.

La industria de Internet aportó 25.1 mdd a la elección demócrata (que también contribuye con algunos candidatos republicanos pero en menor medida). El principal donante demócrata fue Alphabet-Google con 10.5 millones de dólares, seguido de Microsoft con 7.8 mdd y Amazon con 5.1 mdd.

OpenSecrets explica que “las contribuciones de individuos y PAC asociados con el sector de las comunicaciones y la electrónica se han disparado durante las últimas décadas, de 17.8 millones durante el ciclo de campaña de 1990 a más de 197 millones durante el ciclo de 2012. El sector se inclina por los demócratas, habiendo dado aproximadamente 60% de sus contribuciones a los demócratas desde 1990.”

La futura vicepresidenta Kamala Harris tiene vínculos estrechos con Silicon Valley como exfiscal de distrito en San Francisco, California. Un trabajo de The New York Times recupera un comentario de Harris en las instalaciones de Google (actualmente con una demanda antimonopolio por el Departamento de Justicia): “he querido venir al campus de Google durante un año y medio. He querido venir porque quiero estas relaciones y quiero cultivarlas“.

Biden tiene el desafío de la recuperación económica y las empresas tecnológicas y de Internet de Silicon Valley son el motor económico de Estados Unidos. Está enemistado con Facebook pero su vicepresidenta muestra predilección por un Google demandado por Trump y principal donante de Internet a la campaña demócrata. Quiere universalizar la banda ancha pero Estados Unidos está enfrascado en una guerra tecnológica con China y varias de sus empresas que podrían contribuir a ese objetivo para enfrentar la postpandemia y el crecimiento futuro.

El autor de este análisis es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi). Twitter: @beltmondi

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