La 1a revolución digital de la historia

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Reforma Jorge F. Negrete P.

La revolución industrial fue calificada por algunos analistas como el movimiento económico más profundo desde el periodo neolítico. Llevó la economía agrícola y comercial del campo y las relaciones personales a las ciudades y a una organización de la producción mecanizada sin precedente. La riqueza se multiplicó de forma masiva y se expandió al mundo. Con ella llegó un nuevo orden económico y jurídico global, entre ellos, un nuevo orden de bienestar social y laboral.

¿Qué pasa hoy? 1G, 2G, 3G, 4G, ahora 5G, pero también la Revolución 4.0 o el internet industrial son denominaciones que describen algo mayor. Conceptualmente, he sostenido que estamos viviendo la revolución digital. Mi querido amigo, Arturo Oropeza, espléndido internacionalista, fue más preciso y me señaló que es la primera revolución digital. Los eufemismos y detalles evolutivos de la tecnología tienen una nomenclatura mayor. Estamos frente a la primera revolución digital de nuestra historia. Punto.

Pero la evolución de una sociedad industrial a una digital tiene sus consecuencias. Estamos regulando la sociedad digital actual desde los marcos jurídicos e institucionales de una sociedad industrial.

El centro de trabajo, el empleador, la jornada laboral, entradas y salidas, uniformes, bonos de productividad y estado de bienestar industrial han sido un éxito de la civilización industrial y agrícola que privilegió la evolución de la economía a partir de la mecánica, la siembra, el humo, el carbón y el petróleo. La Revolución Industrial es madre del derecho social y laboral como lo conocemos hoy.

El cambio. Todo ha cambiado. Las poderosas redes de telecomunicaciones han sido transformadas en mercados, globalizó a los mismos y acercó productos a los consumidores sin intermediarios. El poderoso ancho de banda que nos obsequió liberó una economía de datos en beneficio de los ciudadanos, empresas y gobierno. Por otra parte, las Tecnologías de la Información y la Comunicación en forma de cómputo y software denuncian inevitablemente ineficiencias en las cadenas de valor. Lo que no sirve, se va.

La música no se compra en cajas, se consume en la red, en Spotify, Tidal, Claro Música y Amazon Music. Los videos no se rentan en cajas en la tienda de la esquina, se reciben en streaming. Los libros se compran en librerías, pero también se adquieren en Kindle. El acceso a enormes catálogos de contenido en línea es lo que la sociedad quiere.

La carga financiera por almacenar, transportar y promover en puntos de venta discos, libros y videos es un costo marginal en una sociedad digital. Esta divisa se repite en cada cadena de valor de negocios y ésta se pone en tensión con viejas estructuras jurídicas.

Plomeros y albañiles afuera de la Catedral Metropolitana esperaban horas y días con su equipo a que los contrataran. Hoy, todos ellos tienen WhatsApp y se promocionan en Facebook. Ésta tiene miles de páginas de mujeres empresarias que comunican productos y servicios, también en Telegram.

La economía colaborativa comienza con la intermediación entre oferta y demanda por una plataforma tecnológica que permite acercar el mercado y sus insumos al consumidor. Acerca al pequeño empresario, tecnología que facilita su trabajo, ingresos, le da conocimiento sobre los indicadores de su actividad, accede a fuentes de financiamiento, pero además eficienta infraestructura ociosa como autos, motos, bicicletas, casas, cuartos, talleres, habilidades técnicas o espacios públicos. Nacen Uber, Rappi y DiDi.

¿Son empleados de una plataforma? No. Son las primeras pymes de una sociedad digital.

Estamos en la frontera de una sociedad industrial y el nacimiento de una sociedad digital, de viejos modelos de negocio y nuevas cadenas de valor, de vieja regulación y de nuevas conductas económicas. De la tensión entre una sociedad que evoluciona y de marcos legales caducos, que crujen y se aferran al pasado.

Estamos frente al nacimiento de la primera revolución digital de nuestra historia.

Presidente de Digital Policy & Law
Twitter @fernegretep