La acelerada digitalización global está dejando afuera a los pobres

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Todo mundo habla del sin fin de beneficios que la tecnología y la automatización generarán para la sociedad global, pero existen estratos de la sociedad que desde el inicio de las civilizaciones han quedado al fondo de la pirámide. No es de sorprender que la implementación de la tecnología en la vida cotidiana vuelva esto un problema más apremiante y profundo de lo que en alguna ocasión fue.

Recientemente, The Guardian publicó una investigación en la cual, por medio de sus diferentes sedes en Estados Unidos, el Reino Unido e India, detallan cómo es que las personas de bajos recursos y con escaso conocimiento del ecosistema digital comienzan a rezagarse y ser ignorados por sus propios gobiernos, afectando directamente la asistencia social y, en consecuencia, su precario estilo de vida.

En el informe se puntualiza cómo es que los gobiernos industrializados y en desarrollo del mundo gastan millonarias sumas en “automatizar la pobreza”, convirtiendo los incontables programas de asistencia en un instrumento frío, y a sus protegidos en simples números.

Pese a las interminables promesas de mejorar el estilo de vida de las personas de bajos recursos, la tecnología ha convertido esa brecha en un posible abismo de beneficios reducidos o detenidos por programas incontrolables y difíciles de entender para el usuario.

Philip Alston, abogado de Derechos Humanos de la ONU, presentará este viernes en la asamblea general de ONU en Nueva York un informe que hará sonar la alarma sobre las implicaciones para los derechos humanos del apuro mundial por digitalizar la asistencia social.

El análisis de Alston se basa en parte de estudios oficiales de la ONU sobre la pobreza en el Reino Unido y Estados Unidos, opiniones de organizaciones y gobiernos de más de 34 países.

Las naciones en las que generalmente se basan para realizar estudios mundiales suelen ser países desarrollados y, aunque lo son, no significa que no existe gente que carece de servicios básicos; sin embargo, el tema resulta más apremiante en países en vías de desarrollo en donde las cifras de analfabetización digital tiende a ser mayor.