La alerta de los cárteles y las criptomonedas

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Excélsior Paúl Lara

México y Estados Unidos han decidido transformar sus esfuerzos en el combate al crimen organizado, debido a que hay gran preocupación por parte de la DEA y el gobierno de Estados Unidos por el empoderamiento de los cárteles en nuestro país y el rápido aprendizaje de las nuevas tecnologías, donde se incluye a las criptomonedas, para blanquear las ganancias del narcotráfico y el tráfico de personas.

La semana pasada tuve acceso a un documento donde el congresista estadunidense Tony Gonzales, que representa al distrito 23 de Texas y forma parte del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, y quien se desempeñó como criptólogo en la Marina de Estados Unidos, daba a conocer que si el aumento masivo en el tráfico a través de la frontera entre ambas naciones continuaba al ritmo actual, el total de arrestos fronterizos en 2021 será el más alto desde 2000, cuando las autoridades estadunidenses detuvieron a casi 1.7 millones de personas que cruzaron ilegalmente la frontera.

En el 23º distrito de Texas, que abarca 40% del total de la frontera sur, los residentes no son ajenos a los peligros que vienen con los cruces fronterizos ilegales, especialmente los relacionados con la actividad del cártel. Los análisis del gobierno estadunidense muestran que ha surgido un nuevo desarrollo tecnológico preocupante que potencialmente puede sentar las bases para que estos elementos criminales aumenten exponencialmente sus operaciones de tráfico de drogas y personas.

Los cárteles han estado a la vanguardia de la innovación tecnológica durante décadas. Sus drones, submarinos furtivos y tecnologías encriptadas rivalizan con las mejores agencias de inteligencia del mundo. Por tanto, no debería sorprendernos ver que los cárteles ahora han adoptado la criptomoneda como una vía para la moneda que no se puede rastrear fácilmente.

Debido a que las criptomonedas como el bitcoin aún no son ampliamente aceptadas como una forma de moneda, las billeteras digitales deben combinarse con una cuenta bancaria para convertir la criptomoneda nuevamente en dinero, con lo que una persona puede usarla en el mundo real. Si bien las instituciones financieras y las fuerzas del orden pueden ver las transacciones de las cuentas bancarias a las billeteras digitales que albergan las criptomonedas, los investigadores pueden encontrarse rápidamente con problemas jurisdiccionales y de citación a medida que el dinero se mueve de la billetera digital a la billetera real, para finalmente cambiarse a monedas tradicionales.

Un informe de la DEA sobre ciberamenazas de este año muestra que los cárteles tradicionalmente han utilizado una variedad de formas de blanquear sus ganancias ilícitas, incluidos la compra de vehículos, aviones pequeños y mensajeros. También utilizan transferencias bancarias, cuentas comerciales legítimas y ficticias, cuentas de embudo y depósitos estructurados para mover dinero, mientras ocultan el enrutamiento de los ingresos ilícitos. En comparación con la inversión requerida para comprar el equipo y la mano de obra para mover dinero a través de estos métodos tradicionales, las criptomonedas son una forma barata de lavar sus ganancias.

Además, mientras que un fajo de billetes en efectivo puede atraer la atención de las fuerzas del orden hacia los contrabandistas, millones de dólares pueden almacenarse en una memoria USB y transportarse a cualquier parte del mundo sin que los investigadores los examinen. Para 2020, según la DEA, hay una caída en las incautaciones de divisas de 702 millones de dólares en 2012 a 368 millones para 2019.

Santiago Nieto, jefe de la UIF en México, ha descrito que los cárteles usan criptomonedas para evadir la aplicación de la ley al lavar su dinero mediante la compra de pequeñas cantidades de bitcoin y transferirlo a través de las fronteras sin ser detectado. Si bien una ley mexicana de 2018 ordenó que las plataformas de comercio de criptomonedas registradas reporten transferencias que excedan los 56 mil pesos mexicanos (aproximadamente 2 mil 800 dólares), la policía mexicana no tiene la mano de obra ni la destreza tecnológica para hacer mucho con la información recopilada.

Más allá de las actividades financieras ilícitas, los recientes ataques a las propias instituciones financieras se han atribuido a cárteles de la droga latinoamericanos, donde destacan los mexicanos. Según un nuevo informe de la firma de ciberseguridad IntSights, los cárteles han aprovechado una amplia variedad de estafas y malware para violar bancos en Colombia, México y Brasil.

Nieto ha manifestado que “hay una transición para cometer delitos en el ciberespacio, como adquirir criptomonedas para lavar dinero… y la pandemia lo ha acelerando”. La batalla apenas ha comenzado.