Después de más de un año de negociaciones, Estados Unidos y China firmaron oficialmente la primera fase del acuerdo comercial que pone fin a los aumentos de los aranceles electrónicos, que se venían incrementando durante los últimos dos años.

El tratado frena el aumento de los aranceles que Estados Unidos había impuesto para productos chinos como teléfonos celulares, computadoras portátiles, consolas de videojuegos, juguetes, monitores de computadoras y ciertos artículos de calzado y ropa. De esta manera, los consumidores estadounidenses evitarán pagar por estos productos un 10 por ciento más.

Muchos analistas consideran esta fase uno como “una tregua” comercial entre ambas economías, más que un tratado.

El acuerdo incluye mayor protección para la propiedad intelectual y las transferencias tecnológicas, ya que facilitará la identificación y el castigo del robo de propiedad intelectual, la falsificación y la piratería a través de diversos medios. China se comprometió a poner fin a su práctica de obligar a las empresas extranjeras para que transfieran su tecnología a las empresas chinas como condición para hacer negocios allí.

El robo de propiedad intelectual en tecnología fue uno de los principales motivos por el que el presidente Donald Trump inició el conflicto comercial con China.

Además, el acuerdo incluye mayor gasto chino en bienes y servicios estadounidenses, y un mercado chino más abierto a empresas norteamericanas. Es así que China se comprometió a comprar una suma adicional de 200 mil millones de dólares de exportaciones estadounidenses que abarca 77 mil millones de dólares en productos manufacturados, 52 mil millones de dólares de bienes energéticos, 38 mil millones de dólares de servicios y 32 mil millones de dólares en productos agrícolas. Asimismo, el país asiático reducirá los trámites burocráticos para flexibilizar los pagos electrónicos de tarjetas de crédito estadounidenses.

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