La importancia de la ETB

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El Tiempo-Juan Carlos Martínez Castro

En un mundo totalmente digitalizado en el que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones juegan un importante papel en el desarrollo de cualquier país, las empresas como la ETB son de vital importancia pues de ellas depende tanto el sector público como el privado a partir de la calidad de los servicios ofrecidos, de su grado de innovación y de su capacidad operativa.

Con un 86% de acciones pertenecientes al Distrito Capital, un 2% a la Universidad Distrital y un 12% a propietarios particulares; la ETB se constituye como patrimonio de los bogotanos y por ende, de todos los colombianos. Pretender venderla está en contra los intereses de la ciudadanía, más si se busca arruinarla para enajenarla a bajo precio, algo que atenta claramente contra el interés común y contra el progreso del país.

De hecho, vender cualquier empresa pública o con capital público que pertenezca a los sectores estratégicos de la economía, debería considerarse como un posible acto de corrupción. Además, la idea de enajenar la ETB no sólo es irresponsable pues carece de planeación estratégica, sino que es una acción que inclusive atenta contra la seguridad nacional ya que se trata nada más y nada menos que de las telecomunicaciones del país.

La intención de vender la ETB también denota falta de conocimiento del sector y del mundo actual, un mundo donde las TIC son el principal motor de desarrollo. Europa, Canadá, Estados Unidos, México, Corea del Sur, China, Rusia y Japón (entre otros) conocen la importancia de tener control sobre los sectores estratégicos de la economía y son conscientes de que su futuro dependerá de preservarlos. Es por eso que en vez de arruinar a sus empresas, buscan fortalecerlas, internacionalizarlas y hacerlas más competitivas. Es falso que una empresa pública no pueda ser competitiva y es totalmente falso que por el hecho de ser privada lo sea. Pero aún es más falso que el sector público y el privado no puedan coexistir en el mercado. 

Y no es que lo privado sea malo, tampoco lo público, ambos sectores son necesarios para el buen funcionamiento de la economía. Eso lo saben las grandes potencias donde estudian muchos de nuestros alcaldes, los mismos que paradójicamente hacen aquí lo contrario a lo que aprenden en sus supuestos doctorados. Es obvio que un país como Colombia necesita de inversión extranjera que aporte nuevas tecnologías, baje los precios y ofrezca un mejor servicio al cliente. También que pague impuestos, genere empleo y desarrollo. Sin embargo, esto no debe hacerse a costa de vender lo público, mucho menos arruinando a compañías que cuentan con un inmenso potencial de crecimiento.

Es extraño que de los buenos resultados que tuvo la ETB en la administración anterior, se pase automáticamente a una situación de inviabilidad por el dudoso concepto de un funcionario que fue nombrado a dedo y que parece más un liquidador de oficio que el presidente de una compañía. Es por esto que el nombramiento de los directivos de las empresas donde se tenga capital público, debería ser mediante la aprobación de un comité que evalúe a profundidad si el candidato al cargo tiene las competencias necesarias.

Por consiguiente, no se debería estar discutiendo si la ETB se vende o no, lo que se debería es estar buscando cómo fortalecerla y cómo crear compañías similares a lo largo y ancho del país. Las capitales de cada departamento deberían estar creando sus propias empresas de telecomunicaciones y asociarse en el mejor de los casos para enfrentar a la competencia. Nunca se debería estar pensando en vender un activo tan estratégico, no es algo inteligente, mucho menos para realizar obras que sólo satisfacen el capricho de la administración de turno como es el pavimentar los humedales y las reservas forestales, hacer bolardos y losas arenosas así como extender el precario y contaminante sistema Transmilenio en vez de construir el metro subterráneo, el tranvía eléctrico por la 7ma. y el tren de cercanías que tanto reclama la ciudadanía.

Lo peor es que se está desconociendo que la ETB hizo importantes inversiones en fibra óptica al llegar a más del 60% del área residencial de Bogotá, logrando así una cobertura que anhelarían muchos países del mundo. También se está ignorando que la ETB recientemente adquirió las licencias para comercializar televisión por suscripción, que obtuvo la licitación para operar telefonía 4G y que actualmente está trabajando en la implementación de servicios satelitales y de tecnología 5G. Por lo anterior, es difícil creer que una empresa que tiene tanto potencial de crecimiento no sólo a nivel de Bogotá sino del país e inclusive en el exterior, sea una compañía que se deba vender. 

Al realizar semejante inversión en infraestructura como efectivamente lo hizo la ETB, lo más correcto es realizar una mejor labor comercial con planes de mercadeo competitivos que se enfoquen en explotar esa inversión y hacerla rentable de modo que se llegue a nuevos segmentos y se logre fidelizar a los clientes actuales. Se debería impulsar sus servicios mediante diversas campañas publicitarias y con estrategias de precio, también expandiendo la cobertura a nivel nacional e internacional. La ETB es de las pocas compañías que tiene un gran futuro pero que infortunadamente, carece de líderes que sepan enfrentar sus actuales desafíos.

Bogotá cuenta con excelentes profesionales que están dispuestos a dar lo mejor de sí para que empresas como la ETB sean más innovadoras, competitivas y rentables de modo que obtengan un alto crecimiento y una mayor participación en el mercado. Por lo anterior, los directivos y demás colaboradores que no estén comprometidos en sacar adelante a esta compañía, los que dan malos resultados o los que sólo plantean la idea de enajenarla; deberían renunciar o ser destituidos inmediatamente pues están en contra de los intereses de Bogotá y del país y por ello, no merecen el salario que devengan ni la posición que ocupan.

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