Llegó lo que muy pocos anticipaban cuando la ciudad Wuhan estaba en cuarentena desde finales de enero y hasta principios del presente mes de marzo: tener que permanecer en casa como medida necesaria para disminuir la magnitud de los casos a lo largo de la curva epidémica. Por ahora, en México el aislamiento es de forma voluntaria y como solidaridad para evitar escenarios trágicos como en los países de Europa, en contraste con la implementación severamente obligada en China dado su régimen político.

El teletrabajo y las clases “en línea” entrarán en su etapa obligada de adopción para varios sectores de la sociedad. Las preguntas ahora son: ¿están los usuarios listos para la adopción de actividades laborales y académicas por medio de banda ancha fija y/o móvil?

Cuando la rutina de “ir a la oficina” tanto en entidades privadas como públicas es equivalente de “ir a trabajar”, ¿están los docentes y alumnos capacitados para impartir y recibir clases online?, ¿existe la capacidad de realizar consultas médicas a distancia para evitar congestionar hospitales? La respuesta seguramente será negativa.

Por el lado de los operadores y el regulador, ¿existe la capacidad de cada uno de los concesionarios, cualesquiera que sean, para soportar el incremento de la demanda de tráfico por banda ancha? ¿Son los servicios residenciales de banda ancha fija (fibra o cable) capaces de soportar con calidad la demanda que tendrán por actividades en tiempo real como clases y video conferencias? Será la hora de ver cómo se desempeñan los concesionarios ante la contingencia.

Si se considera toda la cadena involucrada en el servicio, desde la calidad de la señal de Wi-Fi en el hogar, la capacidad del equipo terminal que tenga el usuario fuera de su oficina y las características del servicio fijo o móvil que se tenga contratado, todos ellos son factores determinantes para que surjan obstáculos para el teletrabajo o las clases en línea, desde la incapacidad para realizar una conexión, hasta la baja calidad del streaming por intermitencia de velocidad o inestabilidad de la conexión atribuible a factores en la premisa del usuario, en el desempeño de los recursos utilizados en “la nube” o bien en las capacidades que tengan los concesionarios para administrar el tráfico por sus redes.

Pregúntese, ¿mi proveedor de servicio de Internet tiene disponible recomendaciones para mejorar la señal de Wi-Fi en mi casa? (atributos del router) o ¿mi calidad de Internet es constante durante el día? Porque ante una mayor demanda por contenidos online el ancho de banda del concesionario puede degradarse en calidad y no ser aceptable y funcional a lo largo del día, lo que hace que la velocidad promedio disponible disminuya con frecuencia.

Según el Financial Times,[1] la Unión Europea ha hecho un llamado a los operadores, a plataformas de streaming como Netflix y YouTube a administrar sus servicios de tal manera que no tengan como consecuencias degradar la calidad del servicio de banda ancha al aumentar la demanda por causa del teletrabajo masivo, dadas las medidas de cuarentenas masivas en diversas ciudades de Europa.

Es en tales eventos extremos en los cuales se observará qué operadores han invertido y cuáles quedarán rezagados por su desempeño ante sus usuarios.

Italia experimentó un incremento de hasta 75 por ciento de tráfico de banda ancha residencial y móvil y España ha exhortado a los usuarios a racionar su uso de Internet y preferir horarios no-pico.

La presente eventualidad será evidencia de las consecuencias de las legislaciones en materia de neutralidad de la red. Al estar obligado el operador a tratar todo tráfico de la misma forma, no habrá forma de dar prioridad a una actividad crítica en tiempo real como telemedicina o una clase de yoga o un videojuego en línea.

La administración y la discriminación por prioridades del tráfico de banda ancha resulta ser la solución a otra curva semejante a la epidémica: la curva del ancho de banda o de conectividad a lo largo del día y en los días de la semana. Ignoro si el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) tiene tales curvas agregadas por concesionario.

A nivel de políticas de prevención, con excepción de Corea del Sur e Israel, el resto de los países no han utilizado las telecomunicaciones como forma de seguimiento de casos de contagio y de personas expuestas, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ha recomendado que el seguimiento de cada caso de covid-19 es fundamental para la mitigación de la pandemia.

Ejemplos de la efectividad de utilizar la geolocalización por los dispositivos móviles y/o el uso de plataformas han sido los casos de Taiwán, Singapur, Israel y Corea del Sur.

En los medios y publicaciones especializadas se ha hecho una referencia obligada el caso del paciente No. 31 en Corea del Sur. Utilizó sus metadatos generados para identificar aquellas personas con las cuales tuvo contacto y las que estuvieron expuestas, las cuales fueron centenares y fueron sujetas a pruebas del virus, lo que permitió identificar a contagiados todavía asintomáticos que eran agentes portadores y que, a su vez, tuvieron contactos con otros, lo que su cadena de transmisión se ubicó en miles.

También utilizaron una app para monitorear el estado de las personas en cuarentena por haber estado expuestas al virus.[2] Así, Corea del Sur logró disminuir su curva epidémica y exhibe la más baja tasa de mortalidad como porcentaje de su población infectada.   

En el caso de Israel,[3] se utilizó la geolocalización de los teléfonos móviles para identificar las ubicaciones, los patrones de viaje de las personas expuestas al SARS-CoV-19, medida autorizada por el Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, como medida de emergencia, en lugar del tradicional interrogatorio de lugares y personas con los cuales ha estado en contacto y que se hace a los pacientes en su consulta de diagnóstico.

Ante tales eventualidades, sin duda el costo en privacidad es menor a los beneficios sociales de mitigar una epidemia.

Mientras tanto, Estados Unidos todavía está en la negociación para implementar la geolocalización para “aplanar” la curva epidémica utilizando los datos de Facebook, Google y otras plataformas, pero sujetas a la condición de anonimato o preservación de la privacidad al utilizar los metadatos de los brotes identificados y los patrones de movimiento de los posibles expuestos. Tal vez lleguen demasiado tarde.

En el caso de México, el sector salud responderá con el “mejor esfuerzo” y con una fuerte restricción presupuestaria pero aislado totalmente del sector telecomunicaciones. Lo anterior al no haber una coordinación y plataformas diseñadas ex ante para ensayos de aplicaciones al menos básicas de telemedicina o de aplicaciones y recursos “en la nube” para prevención de infecciones como parte de la seguridad nacional, utilizando la infraestructura y los servicios ofrecidos por los concesionarios.

La Agenda Digital que quedó pendiente desde la reforma en materia de telecomunicaciones nunca tomó forma desde 2014 a la fecha, y la salud era un tema obligado en ella. Se optó por rumiar con singular ahínco la regulación y dar rienda suelta a ella a todo lo que pudiera dar e imponer. Ahora de nada le sirve a la población la separación funcional cuando su bienestar está en riesgo ante una difícil circunstancia y se ha desincentivado la inversión por seis años consecutivos.


[1] Financial Times, “EU warns of broadband strain as millions work from home”, 17 de marzo de 2020.

[2] Kim, M., “South Korea is watching quarantined citizens with a smartphone app”, MIT Technology Review, 6 de marzo de 2020.

[3] Financial Times, “Israeli spies to keep track of virus sufferers via mobiles”, 17 de marzo de 2020.

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