En este mismo espacio he publicado diversos artículos respecto de la preocupante omisión del gobierno mexicano de establecer una política de Transformación Digital Nacional y de cómo sus acciones apuntan hacia un retroceso en el esfuerzo por disminuir la brecha digital.

El pasado 10 de agosto, por medio de un escueto comunicado, se dio a conocer la decisión de desaparecer la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la estructura orgánica de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). En su comunicado, la SCT señala que “como parte de una restructuración administrativa, lo que en su momento desaparecerá es la plaza de subsecretario de Comunicaciones, no sus funciones, ya que éstas son facultad de la SCT en la definición de política pública en materia de telecomunicaciones.”[1]

Lo que más me ha sorprendido del asunto es que la noticia no causara mayor revuelo en los medios de comunicación y en las redes sociales y la prácticamente nula reacción del sector de las telecomunicaciones nacionales al respecto. Esto quizá refleje el hecho de que en la práctica la Subsecretaría que encabezaba (¿o aún encabeza?)[2] Salma Jalife contaba ya con muy poco margen de maniobra desde el inicio de su gestión a finales de 2018, al ser notoriamente excluida de decisiones tales como la creación de CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, empresa con la cual el gobierno pretende lograr la conectividad de todo el país.

Personalmente, conozco a la maestra Salma Jalife. Trabajé con ella en la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) y fuimos compañeros en el Consejo Consultivo del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Me consta el conocimiento profundo que tiene del sector de las telecomunicaciones mexicanas y su reconocida reputación en el ámbito internacional, al haber representado a México en muy diversos foros internacionales en la materia.

Por ello, sostengo que la ausencia total de políticas públicas en materia de transformación digital es responsabilidad directa de la Oficina de la Presidencia y, de manera directa, del propio presidente Andrés Manuel López Obrador quien, al parecer, no ha escuchado, o no ha querido escuchar, a su gabinete de primer y segundo nivel (Secretarios y Subsecretarios). Este es el caso de Salma Jalife, una excelente profesional nombrada en el puesto indicado, pero ignorada por completo dentro de la Administración Pública Federal. 

Es lamentable que, además, en pro de una mal entendida austeridad, se borre de un plumazo una Subsecretaría que debió de haber encabezado el esfuerzo de creación y puesta en marcha de la política de Transformación Digital Nacional.

Como lo sostuve en este mismo espacio, el IFT es la única esperanza que nos queda en México; tiene las atribuciones y la autonomía suficientes para encabezar la construcción de la estrategia de transformación digital que México urgentemente necesita.[3]

De igual forma, he señalado que, “al igual que con la primera revolución industrial, la transformación digital tiene el potencial de generar desempleo y malestar social si no nos preparamos como sociedad. Urge que la apropiación de tecnologías digitales sea una prioridad en todos los niveles de gobierno”.[4]

Tecnologías disruptivas como la Automatización Robótica de Procesos (RPA, por sus siglas en inglés) se están implementando alrededor del mundo. Estar capacitados para utilizarlas y adaptarlas a cada una de las actividades productivas de un país es esencial para asegurar su competitividad internacional y el bienestar de su población.

Un hecho reciente que ejemplifica el avance acelerado de las tecnologías digitales disruptivas en el mundo es el anuncio que OpenAI[5] hizo el 11 de junio: la liberación de la API (del inglés Application Programming Interface) de su último modelo de lenguaje, GPT-3, para acceder a nuevos modelos de Inteligencia Artificial (IA) desarrollados por dicha compañía. 

De acuerdo con OpenAI, su misión es “asegurar que la Inteligencia Artificial General (AIG), con lo que nos referimos a sistemas altamente autónomos que superan a los humanos en el trabajo más económicamente valioso, beneficie a toda la humanidad. Intentaremos construir directamente una AGI segura y beneficiosa, pero también consideraremos cumplida nuestra misión si nuestro trabajo ayuda a otros a lograr este resultado”.[6]

GPT-3 es un modelo de lenguaje capaz de generar contenido con tan sólo darle órdenes en inglés y de forma comprensible por cualquiera. “OpenAI alimentó a GPT-3 con todos los libros públicos que se hayan escrito y estén disponibles, toda la Wikipedia y millones de páginas web y documentos científicos disponibles en Internet. Esencialmente, ha absorbido todo el conocimiento humano más relevante que hemos publicado en la red.”[7]

Gracias a la capacidad de procesar gran cantidad de información, GPT-3 ha llegado más lejos que cualquier otro modelo de IA existente hasta la fecha. Basándose en hasta 175 mil millones de parámetros, el algoritmo decide la sucesión de palabras para recrear una conversación, redactar escritos especializados e incluso escribir líneas de código de programación. El modelo utiliza 48 GPUs[8] de 16 GB cada una.

Las tecnologías digitales están evolucionando de forma asombrosa, aumentando de forma drástica el riesgo de incrementar la brecha digital, con resultados devastadores para los sectores sociales más desprotegidos. Mientras esto sucede, en México decidimos desaparecer justo la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico en pos de una “austeridad republicana” mal entendida y, por lo tanto, pésimamente ejecutada.

Sí, la Inteligencia Artificial es un riesgo en México, mientras no entendamos que necesitamos urgentemente una política de Transformación Digital Nacional.

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