El País-Jordi Pérez Colomé

El servicio de tránsito catalán alertó a las 8:57 de la mañana de este lunes que la autopista en La Jonquera estaba cortada. No era la primera ocasión, pero esta vez la convocatoria estaba mejor preparada: a las 9:12 ya había un escenario construido en el centro de la calzada.

Antes de esa hora no hay apenas rastro en Twitter de menciones de La Jonquera. Solo hay algunas referencias que proceden del Telegram de Anonymous Catalonia, que lanza mensajes de dónde hay unidades de las fuerzas de seguridad. En algunos aparece La Jonquera.

Pero la primera persona que cita La Jonquera lo hace a las 8:45: “La Jonquera cortada en sentido sur”, escribe. Dos minutos antes había escrito: “Ya estamos en el lugar”, con el emoji de la ola del tsunami. A las 8:48, un periodista lanzó: “Ahora mismo hay más policía en La Jonquera que en Guantánamo #buenosdias”.

Son los únicos mensajes previos al anuncio del corte y a la convocatoria oficial por Telegram y Twitter de Tsunami Democràtic. Hubo una coordinación previa y seria, al margen de las redes. Por la presencia policial a ambos lados de la frontera, también parece obvio que algo sabían.

Tsunami Democratic

Queda la gran pregunta: ¿fue la misteriosa app de Tsunami la que permitió esta coordinación? Parece poco probable, por varios motivos. Uno, la app serviría para alertar a gente cerca de una acción para que fueran. ¿Nadie tuvo la tentación de soltar por ahí, en Twitter por ejemplo, dónde era la convocatoria? ¿Ningún código QR para activar la app cayó en manos de algún graciosillo?

Dos, ¿puede cortarse una autopista y montarse una acción así con su escenario, litros de caldo, kilos de manzanas, baños portátiles a través de una app? En el corte que Tsunami hizo este martes por la tarde en la autopista en Girona, cuando la organización alertó por Telegram decía que “diversos coches ya han bloqueado los dos sentidos de la marcha”. La avanzadilla parecía haber hecho su trabajo.

“Hay una élite intermedia desplegada sobre el territorio, que es la encargada de organizar las acciones a nivel logístico”, dice Enric Luján, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona y miembro del grupo Críptica. “Esta manera de operar recuerda a las urnas de 2017 en dos sentidos: uno, delegar en apoyos intermedios de la población local; dos, no todo el mundo parece conocer el plan en su totalidad.”

En el relato de la operación urnas, los implicados no sabían quién más participaba ni conocían todos los detalles. Es seguridad operacional básica. En 2017 las conversaciones eran presenciales y el móvil se dejaba en casa o se apagaba cuando se movían las urnas, según cuentan Xavier Tedó y Laia Vicens en el libro Operació Urnes.

¿La app o las apps?

Ahora con el Tsunami las acciones se suceden más rápido y la coordinación no puede ser bien preparada. Ahí es donde puede entrar en juego la app o, mejor dicho, las apps. Al menos cuatro expertos consultados por este periódico creen que es obvio que la arquitectura del sistema de la app facilita la creación de servicios encima de la capa de transporte, Retroshare.

Retroshare es una red social segura de código abierta creada en 2006. Por encima pueden correr chats, foros, intercambiadores de archivos y puede haber distintos niveles de acceso: la seguridad se logra “al conectar solo con amigos a los que has aprobado explícitamente”, dice el mismo proyecto en su página. “RetroShare es una red privada mientras te conectes con gente que conozcas. Tu seguridad depende básicamente de la confianza de la gente con la que te conectas. Conéctate con gente de fiar, estarás seguro. Permite conectarse a quien sea: quién sabe qué pasará”, añade.

Los administradores de la app saben la localización de sus unidades y pueden conectar el micro o hacer fotos

Los códigos QR que se intercambian en persona ofrecen un grado de confianza, pero no plena. Es impensable que los cabecillas o los mandos intermedios del grupo estén en esa app. ¿Para qué sirve entonces esa app? Puede tener varios usos. Hay algunos obvios: la gente de abajo puede alertar de presencia de policía, de necesidades como un médico o mandar hacia arriba otro tipo de mensajes. Pero no sabe quién los recibe ni cómo se gestionan. Su papel es de soldados.

Los administradores de la app saben la localización de sus unidades y pueden conectar el micro o hacer fotos. Les permite observar qué ocurre desde el puesto de mando. También permite dar instrucciones algo más precisas o puntuales que con Telegram o Twitter. Sería una herramienta intermedia entre la app para dirigentes y las redes multitudinarias. El canal de Telegram de Tsunami es el número 70 con más seguidores del mundo.

Pero el misterio de verdad está por encima. “Si tienes a 50 mandos distribuidos por el mundo y necesitas comunicación frecuente y sostenida entonces quizá es útil. Si no, pasa de la tecnología”, dice un experto en ciberseguridad que pide permanecer en el anonimato por su trabajo. Para coordinar el resto de logística, puede haber otras herramientas o directamente el modo más sencillo: ir a casa. Una vez se usa un móvil, el factor humano conlleva errores imprevistos.

“La infraestructura de internet está hecha con la idea de rastrear siempre. La red móvil también. Cosas como RetroShare, Tor, Matrix intentan evitarlo”, dice la ingeniera de sistemas de la red Tor, Silvia Puglisi. “La idea es tener un nivel de descentralización encima de lo que es la red. Hasta ahora se usaban muy poco, pero se están haciendo más accesibles”. El mérito de la app de Tsunami es haber creado una interfaz sencilla para algo sofisticado como RetroShare, destinado a iniciados. La ventaja del movimiento es tener usuarios especialmente motivados. Nadie si no abandonaría una app de mensajería tradicional que ofrecen garantías, pero que pueden doblegarse ante las presiones de un Gobierno o de varios.

El problema del dinero

Ante este refinamiento en la arquitectura del sistema, es sorprendente la aparente falta de cuidado para los donativos. Este martes por la tarde, Tsunami anunció que habían gastado 135.000 euros y necesitaban más. Abrieron un “fondo”. Aquí se advertían notas de improvisación más difíciles de encontrar en la app.

En la versión original del texto para pedir dinero, Tsunami decía: “El sistema que hemos implementado es totalmente seguro. Tu pago es indetectable”. Pero en unas horas, el texto cambió: “El sistema que se ha implementado es seguro. Se utilizan los sistemas de seguridad más avanzados”, decía, más suave.

Stripe no ofrece ninguna seguridad específica ante una orden judicial

La improvisación es fácil de intuir por sí misma: “¿Por qué no crearon la caja de donativos después de la acción en el aeropuerto, cuando eran más fuertes? ¿No lo tenían previsto? Por el modo en que lo hacen ahora parece que esté preparado con menos previsión y se necesite repentinamente una cantidad de dinero imprevista”, dice Luján.

Pero esa improvisación deja abierto un boquete de seguridad. La plataforma de pago que usa Tsunami es Stripe, una tecnología que permite cobrar por internet. Pero que no ofrece ninguna seguridad específica ante por ejemplo una orden judicial. “Lo lógico habría sido montar un portal de criptomoneda y pasar instrucciones sobre cómo adquirir bitcoin de forma anónima. Pero con Stripe, las autoridades tienen todas las facilidades del mundo para solicitar información de las operaciones, justificándolo como posible malversación o blanqueo”, dice Sergio López, informático especializado en virtualización y sistemas. Stripe no ha respondido a varios emails de este periódico.

Bitcoin, por ser poco común, hubiera ralentizado el proceso o reducido la cantidad ingresada. No parece que Tsunami lo tuviera planeado. Una vez han comenzado las acciones, hay multas, infraestructura y servicios que suben más de lo previsto. Es la prueba de que no todo puede prepararse a conciencia.

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