La tecnología, ¿arma en pro o en contra del racismo estructural?

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Este 2020 se ha posicionado como un año de cuestionamientos sobre el racismo estructural, de forma especialmente enfática en Estados Unidos, lo que ha abierto el diálogo a pensar en los riesgos que implica emplear la tecnología como herramienta de vigilancia masiva.

Al respecto, Sarah Chander, asesora senior de políticas en European Digital Rights (EDRi), en una entrevista con Euractiv hizo un llamado a revisar, bajo el lente de la justicia racial, la propuesta de ley entrante sobre Servicios Digitales en la Unión Europea, y la propuesta legislativa de la UE sobre Inteligencia Artificial para 2021.

Seis leyes de Kranzberg, lo mencionan: “la tecnología no es buena ni mala, tampoco neutral”1, la tecnología obedece los intereses de quien la controla.

Para la asesora, las nuevas tecnologías son una alternativa a problemas sociales complejos, pero hay un sesgo regulatorio en cuanto a su impacto en las minorías negras, migrantes, e incluso como arma sistemática de control para los movimientos sociales.

“La creciente evidencia demuestra cómo las tecnologías emergentes no sólo pueden exacerbar las desigualdades existentes, sino que, en efecto, diferencian, apuntan y experimentan en comunidades marginadas: personas racializadas, inmigrantes indocumentados, comunidades queer y personas con discapacidades”, apunta Chander.

El llamado se suma a las voces de otras organizaciones de protección de los derechos humanos como Amnistía Internacional, que encendió las alarmas sobre el uso de herramientas de monitoreo masivo, acusando a las empresas europeas de tecnología, dedicadas a la producción de tecnología biométrica, de poner en riesgo los derechos humanos al vender tecnología de vigilancia digital a las agencias de seguridad pública de China.

Chander también se refirió a la decisión de algunos gigantes del mundo tecnológico como IBM y Microsoft, que han hecho un llamado al Departamento de Comercio de Estados Unidos a adoptar controles que limiten la exportación de sistemas de reconocimiento facial a regímenes represivos.

El mensaje es claro: regular hacia 2021

“La UE buscará equilibrar los objetivos de innovación con el garantizar que la tecnología sea digna de confianza y centrada en el ser humano. Con lo digital en un lugar destacado de la agenda legislativa de la UE, es hora de que abordemos el racismo perpetuado por la tecnología”, escribió Sarah Chander.

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1Manuel Castells, La era de la información: Economía, sociedad y cultura. La sociedad red (vol I).

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