La Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) lanzó un estudio en colaboración con Apple, el cual busca revolucionar la detección y el tratamiento de la depresión y la ansiedad. La investigación se llevará tres años, arrancando esta semana con 150 pacientes reclutados, planeando que entre 2021 y 2023 se contará con tres mil participantes.

Los investigadores se centrarán en obtener medidas objetivas de factores como el sueño, la actividad física, frecuencia cardíaca y la rutina diaria para relacionarlos con los síntomas de estas enfermedades. Apple aportará la tecnología del iPhone, Apple Watch y del dispositivo de monitoreo del sueño Beddit.

La conexión entre datos cuantificables y síntomas permite detectar signos de advertencia y prevenir la aparición de episodios depresivos, rastrear la efectividad del tratamiento e identificar las causas o factores genéticos y ambientales que contribuyen a la depresión. La depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, provocando un millón de suicidios al año.

Nelson Freimer, director del UCLA Depression Grand Challenge, lidera el estudio y ha señalado que “los enfoques actuales para tratar la depresión se basan en recuerdos subjetivos de quienes la padecen, con este proceso se obtendrán mediciones objetivas y precisas que guíen tanto el diagnóstico como el tratamiento”.

Los participantes deberán descargar una aplicación de investigación en sus iPhones, se les brindará un monitor de sueño que utilizarán durante el estudio, además de compartir información importante a través de entrevistas clínicas y cuestionarios. Una de las prioridades de la UCLA y de Apple es garantizar la privacidad y seguridad de los datos de los participantes del estudio.

Por ello, el resguardo de estos datos estará a cargo de la Universidad, con acceso limitado a los miembros de la investigación, ambas analizarán los datos sólo después de que estén codificados y despojados de nombres e información de contacto.

El estudio está diseñado para que todos los aspectos de la participación se puedan lograr de forma remota. “La pandemia ha aumentado la ansiedad y la depresión, los requisitos de distanciamiento físico han limitado la evaluación y el tratamiento de la salud mental en persona, lo que lleva a un mayor uso y aceptación de la telesalud”, añadió Freimer. “Visualizamos un futuro en el que estas herramientas se volverán indispensables para los enfermos y para quienes les brindan atención”.

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