Las plataformas digitales de transporte apoyan la economía; más que una relación laboral entre el dueño de la plataforma y el conductor, existe una nueva fuente de ingresos para el conductor o, visto desde otro ángulo, se genera el autoempleo, que debería ser bien apreciado por todos los gobiernos en América Latina y que, sin duda, será un factor relevante para la recuperación económica posterior a la pandemia.

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El desarrollo tecnológico ha traído importantes emprendimientos que cada vez ayudan a la sociedad a tener productos y servicios más útiles y, en la mayoría de los casos, a precios más accesibles. 

En este contexto, nacieron a principios de la década de 2010 Uber y Lyft en Estados Unidos. Ambas empresas aparecieron como resultado de un ecosistema de taxis ineficiente en California, donde la gente solicitaba el servicio de taxi por teléfono o vía Internet, pero el tiempo de respuesta era lento. La principal razón de esta deficiencia era que los operadores despachaban conforme iban llegando las solicitudes, es decir, había que seguir la secuencia de las solicitudes de servicio para poder responder a un requerimiento, lo cual implicaba que en muchas ocasiones el operador debía transportarse desde un extremo de la ciudad hacia el otro extremo, produciendo un enorme retraso para quien solicitaba el servicio.


“Las plataformas digitales de transporte apoyan la economía; más que una relación laboral entre el dueño de la plataforma y el conductor, existe una nueva fuente de ingresos.”

—Servando Vargas