El Economista – Nicolás Lucas

Las redes 5G empiezan a ser una realidad en distintos mercados del mundo. Se trata de conexiones a internet de alta velocidad que utilizan mayor infraestructura y mayor espectro radioeléctrico, lo que despierta temores no sólo sobre el desarrollo físico de esta tecnología, sino también en la salud. Si las redes de telefonía móvil tradicionales, desde los años noventa, han motivado un fuerte debate sobre los efectos en la salud de las personas, las redes 5G parecen potenciar la discusión.

Corea del Sur y China empezaron el 2019 construyendo redes nacionales, mientras que ciudades de Estados Unidos y Uruguay, para el caso americano, ya viven su primera experiencia con comunicaciones de quinta generación de la mano de operadores comerciales o estatales desde finales de 2018. En México, Telcel hizo una primera prueba en 2017 y AT&T consiguió un permiso para hacer lo mismo durante el primer semestre de 2019.

La promesa de la industria de telecomunicaciones radica en que la 5G será hasta cien veces más rápida en su transmisión que tecnologías anteriores como la 4G-LTE. Se promete también que las redes 5G reducirán los tiempos de respuesta en dispositivos (latencia) para que aplicaciones de medicina a distancia, por ejemplo, puedan ser posibles. En entretenimiento, con la 5G una película de dos horas podrá descargarse en un segundo, esto por la velocidad promedio de bajada de 20 Gigas. 

La 5G también hará posible aplicaciones como la llamada Industria 4.0, que impactará a las economías de los países y, con ayuda del internet de las cosas (IoT, por su sigla en inglés de “internet of things”), poco a poco volverá inteligentes hogares, vehículos y ciudades. 5G “será el órgano neurálgico” de las comunicaciones de las siguiente generación, se escuchó en un foro de la GSMA Mobile 360 Latin América, edición México 2019, que se desarrolló del 4 al 6 de junio en la Ciudad de México.

El temor para algunos actores está en que la tecnología 5G requiere una mayor instalación de infraestructura y explotación de frecuencias radioeléctricas, pues la 5G viajará a través de señales de espectro con mayor capacidad de información pero que recorren distancias más cortas. Y aquí se crea otra incertidumbre: al utilizar mucho espectro y mucho equipo tecnológico, ¿5G puede incrementar los niveles de radiación y afectar la salud de personas, plantas y animales?

Un debate de largo aliento

“Hasta hoy, los estudios actuales con los que contamos no indican presión ambiental ni un riesgo definido para las personas. Y lo que se ha conocido no es más serio que los riesgos que ya se han identificado en el pasado para las otras redes celulares (3G/4G). Es más peligroso conducir un auto y mandar mensajes que usar 5G. Eso sí es más riesgoso. 5G no se transmitió bien por los materiales sólidos y me parece que nosotros estamos hechos un poco de eso”, empezó así una plática Jack Rowley, director de relaciones institucionales con gobierno de la asociación GSMA en asuntos de sustentabilidad ambiental y regulación.

Las personas temen a la 5G y todo su equipamiento, dijo Rowley, porque muy pronto verán antenas y cables de fibra óptica en postes de luz, de teléfonos, en colegios, casas, centros de transporte y edificios de gobierno, “en todas partes y, quizá, por eso la creencia de que 5G trae el riesgo de cáncer en el cerebro. De inicio, un estrés”.

¿Cómo funcionan las redes 5G?

Las redes 5G usan frecuencias más altas que las explotadas por la industria en 4G y entre más “alta” sea la señal de espectro más corta será la longitud de la onda de comunicación. Rowley comentó que las redes 4G-LTE viajan hasta distancias de 20 kilómetros, mientras que 5G no avanza más allá de un kilómetro; su efectividad es mejor en los primeros cien metros, de ahí la necesidad de muchos mástiles y antenas para ampliar la cobertura.

Esto, porque esta nueva red viajará sobre bandas que se ubican en su mayoría arriba de los 6 GHz, aunque también ya se experimenta con las bandas de los 600 y 700 MHz y con la banda de 3.5 GHz. Según Jack Rowley, existen estimaciones de que bandas mucho más altas, arriba de los 50 GHz, sí podrían tener una mayor posibilidad de “penetrar” el organismo, pero otra vez insistió en que, de momento, sólo se han considerado formalmente a otras bandas más “abajo” para la 5G y ésta sólo es efectiva a cortas distancias; entonces, para que esta tecnología pueda afectar a los niños en un colegio, la antena debe ubicarse a unos pocos metros de ellos y exponerse todo el día a ese equipo.

En México, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) ha identificado aproximadamente 11,190 Megahertz para potenciales servicios 5G en bandas como aquellas de 600 y 700 MHz; en 2.5 GHz, y más allá de los 26, 38, 42, 48 y 51 MHz.

Las redes 4G viajan a potencias de 100 watts, mientras que las redes 5G, según la experiencia, lo están haciendo a 50 watts; otra muestra de que “afectarán” en menor proporción a las personas. Los teléfonos, por su parte, tienen picos de potencia de hasta dos vatios y estos están a menos de 40 centímetros del cuerpo. Es lo que debe considerarse para definir si las redes 5G realmente son riesgosas para la salud humana.

Rowley invitó a las personas a no temer a las redes 5G; no se puede temer a una tecnología, dijo, que, en principio, todavía se están definiendo bandas más aptas para su explotación. Citó que existen reportes de la industria de que las afectaciones potenciales de 5G son entre tres y cuatro veces menores a las afectaciones potenciales de las redes 4G.

Además, platicó el experto de GSMA, las antenas de comunicación 5G harán más eficiente la cobertura en su trayectoria desde el origen de la señal hasta el dispositivo, por lo que también se reducirán las interferencias y las afectaciones; será una cobertura “directa” de la antena al dispositivo.

“Tenemos que asegurarnos que estas confusiones se reduzcan. Como industria, tenemos la misión de construir confianza y la autoridad también tiene un deber de mandar el mensaje. No tenemos establecidos ni conocidos riesgos para la salud con los despliegues de 5G; trabajamos siempre con los límites establecidos. Con 4G, las redes transmiten con 200 watts y con 5G es a 50 watts; por ello, hasta ahora, no observamos riesgos. El deber es construir confianza para alejar los temores”, dijo Rowley.

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