El pasado 7 de octubre el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) anunció la creación de un Comité Técnico para el despliegue de 5G. Se puede afirmar que el regulador ha iniciado el proceso para, en algún punto, permitir la oferta comercial de servicios 5G en territorio nacional.

Señala el IFT que el comité tendrá por objetivos los siguientes: i) generar contribuciones que impulsen el desarrollo y despliegue de 5G y ii) permitir la interacción entre el IFT, la industria, la academia, los entes privados y el público para exponer las necesidades, estrategias, prospectiva y estudios de 5G. Obviamente, dicho comité será de “naturaleza consultiva y no vinculante”.

Algunos comisionados han externado en diversos foros que la implementación de 5G en México requiere de una planeación extensa, dado que involucra todo un ecosistema de aplicaciones e instrumentos que obedecen a su potencial en la Internet de las Cosas (IoT) y de todos aquellos nuevos servicios que puedan surgir ante las ventajas en capacidad y velocidad de datos que hace posible.

Es de esperarse un “big bang” de datos y aplicaciones de misión crítica y/o en tiempo real que van a ir más allá de lo que actualmente conocemos en los servicios basados en 4G.

La planeación con objetivos de regulación es deseable hasta un punto donde no signifique un costo mayor que el beneficio de la planeación, dado que avanzar secuencialmente, es decir, pasar de la etapa de planeación regulatoria a la etapa de implementar normatividades técnicas estandarizadas, tal vez de una extensión inconmensurable, pero concebidas para ser aplicadas posiblemente en todos los ámbitos de la actividad económica donde pueda existir conectividad basada en 5G, consume recursos y tiempo.

Para entonces, y sólo hasta entonces, hay que proceder a la etapa de subastas de frecuencias asociadas con 5G, además de las actualmente asignadas.

Todo ello sin olvidar que tanto América Móvil (Telcel)[1] como AT&T tienen actualmente frecuencias asignadas en la banda 3.5 GHz, la de mayor uso para 5G en la experiencia internacional, con infraestructura con capacidad 5G desplegada en zonas metropolitanas que sólo aguardan la expedición normativa que se requiera para su introducción al mercado.

El despliegue de redes 5G promete que las telecomunicaciones inalámbricas o móviles irán mucho más allá de lo que actualmente puede ofrecer un teléfono móvil inteligente, llevando Realidad Aumentada o Virtual en un espectro tan amplio como decir que incluye desde la medicina a distancia hasta la profundidad de las actividades mineras, ambos ejemplos con tareas a ejecutarse en tiempo real y coordinando por medio de la comunicación máquina-máquina.

Por lo tanto, 5G tiene que ser entendido no sólo como un cambio tecnológico en el servicio público de telecomunicaciones móviles. Tiene que entenderse como una plataforma[2] de conectividad que dará lugar a un ecosistema[3] de plataformas en función de las aplicaciones que se integren a dicha tecnología de conectividad y, a su vez, formen parte de plataformas verticalmente relacionadas en cadenas de valor que existirán en forma transversal en la economía.

Entre las primeras aplicaciones que se han observado son la introducción de módems o routers para conectividad residencial, pero cuyo acceso es vía inalámbrica 5G, laptops, drones de uso comercial, industrial y, por supuesto, personal, compatibles todos ellos con acceso a redes 5G.

Eventualmente, existirá todo un ecosistema de instrumentos cotidianos con acceso a 5G y conectados para subida y bajada de datos permanentemente con aplicaciones y almacenaje de datos residentes en la “nube”.

Es prácticamente imposible anticipar todas la modalidades y tipos de instrumentos con una conectividad 5G, por lo que los estándares y normativas técnicas tendrán que ser lo más flexibles y minimalistas posibles para no obstaculizar la innovación que el mercado vaya generando.

La planeación centralizada es incompatible con la dinámica de cualquier mercado, a mayor planificación mayor será el costo y las barreras a la evolución del mercado.

De igual forma, la globalización está implícita en la creación de redes 5G, fabricantes de equipos terminales, diseñadores de circuitos integrados (chips) y de instrumentos domésticos o industriales con conectividad, los cuales están diseñados y fabricados en cadenas de suministro globales.

La autarquía o la autosuficiencia nacional NO es compatible con el cambio tecnológico asociado a un entorno 5G, lo que implica que una planeación de cadenas de valor con un contenido nacional mínimo tampoco es compatible con este cambio tecnológico en telecomunicaciones.

La experiencia en Asia a la fecha es relevante.[4] En China, el Ministerio de Industria y Transformación Tecnológica reporta haber instalado 961 mil estaciones base 5G, la mayor que cualquier otro país, equivalente a una estación base por cada 1,500 habitantes.

En materia de incentivos gubernamentales, para acelerar el cambio tecnológico la política pública está orientada a la adopción de 5G para crear una demanda base tal que catalice su adopción subsecuente en otras actividades horizontal o verticalmente relacionadas con aquellos sectores pioneros en su adopción.

Por su parte, Japón ofrece incentivos fiscales como una deducción inmediata de 15 por ciento o un régimen de depreciación especial de 30 por ciento para toda inversión relacionada con tecnología 5G disponible a las empresas que establezcan redes privadas basadas en 5G para soportar aplicaciones en fábricas y granjas inteligentes.

En Corea del Sur, el Ministerio de Ciencia y de Infraestructura de Comunicaciones ha anunciado un plan para ejercer un presupuesto de 41 mil millones de dólares en cuatro años para apoyar redes 5G diseñadas para aplicaciones específicas en el sector manufacturero.

La introducción de redes 5G ofrece mayores posibilidades de digitalización para las empresas en todas las industrias, desde la minería como el caso de China en sus minas de carbón, hasta los servicios de bienes raíces y de construcción con las posibilidades de Realidad Aumentada y Virtual.

Un ámbito hasta ahora ajeno a las redes móviles es la creación de entornos de telecomunicaciones móviles en contextos industriales locales y privados donde la seguridad, privacidad y relaciones verticales entre etapas de la producción y diseños de redes ad-hoc o específicos para cada empresa son fundamentales para la transformación de las manufacturas y de las actividades extractivas.

El advenimiento de redes privadas locales basadas en 5G será imposible de planificar centralmente, sólo hay que reconocer su existencia y que operen en un entorno normativo desregulado, a diferencia de la normatividad aplicable a redes públicas, lo que incluye reservar y/o liberar espectro para tales redes y/o permitir que los operadores sean los proveedores de tales redes privadas.

El acelerado cambio tecnológico que caracteriza las telecomunicaciones dificulta la capacidad de pronosticar la demanda (la dinámica del crecimiento del tráfico que se espera genere 5G) y de esta proyección decidir sobre la magnitud y la ubicación de las inversiones a realizar, por lo que el riesgo del retorno de las inversiones es mayor que en otras industrias e incluso respecto al antecedente en el despliegue de 4G.

Una planificación tendría que simular las decisiones de inversión de los operadores, lo cual una entidad reguladora no tiene por qué realizar y deberá dejarlas en el ámbito de decisión de los operadores y procurar una mínima intervención en su realización y en la actualización del retorno de las inversiones.

El costo de la planeación para dar lugar a la existencia de tales ecosistemas de plataformas basadas en 5G es una tarea con un alto costo de oportunidad en términos de dilatar la entrada al mercado de servicios 5G básicos que catalicen otros servicios de cada vez mayor complejidad.

El costo de oportunidad de dilatar el inicio de 5G para los operadores es equivalente a la pérdida de un mayor ARPU, dado que su magnitud y crecimiento incluirá nuevos servicios asociados a mayor capacidad, velocidad y servicios de valor agregado en el contexto de 5G.

Dar prioridad a la planificación antes que al orden espontáneo del mercado implica un elevado costo social tanto en el uso de frecuencias, hasta ahora no utilizadas para 5G, como en el costo en la productividad que no se obtiene por posponer el uso comercial de las frecuencias asignadas y los despliegues de infraestructura realizados por los dos principales operadores que detonarían los servicios 5G en México.

Al ser el escenario 5G una plataforma de conectividad que da lugar, a su vez, a múltiples ecosistemas de instrumentos que surgirían en forma espontánea por la expansión de las fronteras de la digitalización en cada una de las actividades económicas, la planificación central estará sujeta a un elevado nivel de incertidumbre, podrá significar un elevado costo de oportunidad para la economía al ser considerada como prerrequisito para la incursión de 5G al mercado y, necesariamente, disminuye el valor presente de los proyectos 5G iniciales de operadores que se encuentran listos para su introducción al mercado.

Al menos son tres los casos en los cuales 5G será disruptivo al actual modelo de negocios de las telecomunicaciones móviles y, por lo tanto, se ensanchará el espectro de competencia entre los operadores: i) banda ancha móvil ensanchada (eMBB); ii) “Wide-Area Coverage” para aplicaciones de nicho (WAN vertical) y iii) redes locales con capacidad especializada formada de WAN densas y redes privadas.

Nótese que es diferente a la clasificación de modelos de uso 5G típicamente citados que son eMBB, Massive Machine Communications (mMTC) y Comunicaciones Ultra Confiables y de Baja Latencia (URLLC).[5]

Recordemos que todo cambio tecnológico lleva inmerso el efecto de una “destrucción creativa”. Implica que algunos operadores serán necesariamente desplazados por no poder llegar al nivel de inversión y, por lo tanto, de confiabilidad de red y capacidad de expansión para satisfacer las nuevas y/o mejoradas aplicaciones disponibles para el consumidor y la industria en un entorno 5G en redes privadas y redes públicas.

A mayor sea el efecto disruptivo de 5G sobre los servicios tradicionales móviles de 4G mayor será el efecto sobre los competidores que resulten marginales. Pero mayor será el efecto procompetitivo al expandirse el ámbito de servicios en los cuales se compita y en aquellos que, por ahora, ni siquiera existen en el mercado.


[1] Al cierre de 2020, América Móvil tiene red 5G con cobertura de 22.7 por ciento de la población de Austria, 16.4 por ciento de la población de Brasil y 10 por ciento en Puerto Rico.

[2] Plataforma se define como aquella interfaz inserta en productos, servicios o tecnologías que media o sirve a las transacciones entre dos o más lados o participantes. McIntyre, D. P., & Srinivasan, A. (2016), “Networks, platforms, and strategy: Emerging views and next steps”, Strategic Management Journal, 38(1), 141–160.

[3] Ecosistema en este contexto se puede definir como aquellos sistemas de productos y/o servicios que consisten en un conjunto de actores con varios grados de complementariedad multilateral no genérica y que no se encuentran controladas jerárquicamente. Tsujimoto, M., Kajikawa, Y., Tomita, J., & Matsumoto, Y. (2018). A review of the ecosystem concept—towards coherent ecosystem design. Technological Forecasting and Social Change, 136, 49–58.

[4] Wall Street Journal, “Huawei, Ericsson or Nokia? Apple or Samsung? U.S. or China? Who’s Winning the 5G Races”, 13 de octubre de 2021.

[5] Queder, F., Lehr, W., & Haucap, J. (2020). “5G and mobile broadband disruption” en “European international telecommunications society conference (Euro ITS)”. Junio de 2020.