En todo el mundo más de 700 peatones mueren cada día, principalmente en los países más pobres. Cuando se habla de automóviles y vialidad, normalmente se piensa en la congestión de ciudades y la contaminación atmosférica que produce el uso de estos vehículos, pero ¿qué pasa con los peatones?

De acuerdo con un artículo de The Guardian, la seguridad vial ha estado dominada en los últimos años por la visión de Silicon Valley de eliminar la necesidad de un conductor humano. Además, cada vez más los automóviles vienen equipados con sistemas de detección de peatones.

Dichos sistemas prometen sensores y algoritmos que mejoran automáticamente el proceso de conducción, eliminando el error humano causante de accidentes, ya sea por exceso de velocidad, distracción por teléfonos celulares o conductores ebrios.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, y según The Guardian, existen varias razones para no creer ciegamente en las promesas de compañías de automóviles que juran unirse al tren de la conducción autónoma para ayudar y no para vender.

En 2010, Volvo anunció una nueva era en que los automóviles por fin reconocían a los peatones. El Volvo 260 podía ser equipado con un sistema basado en radar y cámara para detectar la presencia de peatones en el camino del automóvil; también ofrecía un frenado automático para evitar golpearlos.

Desde que Volvo lanzó su sistema “Volvo Pedestrian Detection”, la tecnología de detección de peatones ahora es estándar en casi un tercio de los vehículos vendidos en Estados Unidos. En la Unión Europea se aprobó que dichos sistemas sean obligatorios a partir del 2022.

La creciente popularidad de esta tecnología se atribuye a que cada vez es más barata, pero también al respaldo de varias instituciones. En EE.UU., el Instituto de Seguros para la Seguridad en las Carreteras abogó por la adopción masiva de los sistemas de detección de peatones, con la esperanza de incentivar a los fabricantes para abordar el creciente número de muertes de peatones.

No obstante, estudios recientes dicen que un alto porcentaje de conductores no entiende claramente cómo funcionan estos sistemas. De hecho, se dispone de muy poca evidencia sólida sobre sus beneficios.

La mayoría de las organizaciones que califican estos sistemas lo hace con pruebas basadas en laboratorios, no en carreteras con peatones reales. Lauran Sandt, experta en seguridad de peatones de la Universidad de Carolina del Norte, dice que esta tecnología todavía se encuentra en pañales.

Años atrás del auge de la conducción autónoma, los militares estadounidenses habían intentado sin éxito el desarrollo de vehículos sin conductor que minimizaran la pérdida de vidas en el campo de batalla.

Fue así como la idea de los vehículos sin conductor llegó a Silicon Valley, cuando Google lanzó su laboratorio de coches autónomos en 2009. Pero, nuevamente la preocupación principal de esta tecnología no era la seguridad vial, ni mucho menos la de los peatones.

Las tecnológicas tienen un objetivo comercial específico: la idea de reducir los costos y límites de los conductores humanos, como la necesidad de dormir, comer e ir al baño. Eliminar al conductor humano representa un costo bajo y grandes ganancias.

Para empresas como Uber, los vehículos autónomos representan la piedra angular para sus planes a largo plazo. Desde 2016 ha invertido más de mil millones de dólares para lograr ganar la carrera de la conducción autónoma.

Claramente, la idea de los vehículos autónomos no tiene nada que ver con la seguridad de los peatones. En 2017, cada estado de EE.UU. debía presentar objetivos de reducción de muertes de peatones; sin embargo, la mayoría mostró objetivos bastante fatalistas con una nula reducción de muertes.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here