Quien asegure que es posible cubrir a la población que actualmente está fuera de los mapas de cobertura de las redes 4.5 G y LTE y lejos de las redes de transporte de datos de alta capacidad en México, a un costo financieramente viable y con una velocidad de despliegue nunca antes vista, es una auténtica lunática o un auténtico lunático.

Y es que hoy por hoy, gracias al proyecto Loon, de la compañía Alphabet (Google), claro que es posible llevar conectividad a donde no la hay, o mejorarla en donde es visiblemente deficiente, con inversiones y complicaciones burocráticas significativamente menores a las que enfrentan hoy quienes tienen la loca idea de conectar todo el país con servicio de Internet confiable, continuo y asequible. 

Debido a la desaceleración que se ha observado en el mundo en el despliegue de redes de acceso a Internet de banda ancha durante los últimos años, Loon creó una solución que sobrepasa los límites y alcances de la infraestructura de acceso por tierra. 

Encontró la forma de aprovechar en conjunto, y sistematizar, la tecnología solar, el GPS y las propiedades de termodinámica del plástico y el gas para solucionar el grandísimo problema de conectividad que existe en el mundo; particularmente, en las poblaciones rurales, alejadas y de difícil acceso. 

Lo hizo rediseñando los componentes esenciales de las radiobases celulares para que fueran lo suficientemente ligeros y durables para ser sostenidos a 20 kilómetros de altura, soportando temperaturas cercanas a los noventa grados Celsius bajo cero y vientos con velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora.

Se trata de globos aerostáticos del tamaño de una cancha de tenis llenos de un gas que los mantienen a flote, que están adentro de otros globos aerostáticos más grandes a los cuales se les inserta o se les saca aire de la atmósfera para cambiar la densidad y controlar con ello la altitud. 

Estos globos duran cientos de días en el aire y desde su despegue hasta su descenso para recuperarlos, re-acondicionarlos y volver a lanzarlos, son controlados por sistemas de navegación satelital, además de que están en constante comunicación con los sistemas de control de tráfico aéreo para evitar colisiones con alguna aeronave. 

Los globos de Loon vuelan a una altitud de entre 18 mil y 23 mil metros, en la estratosfera, y cargan, junto con los sistemas de navegación y las celdas solares que los alimentan, radiobases de redes móviles LTE. Son, literalmente, antenas celulares en la orilla del espacio.

Loon se promociona como una nueva y tercera capa en el ecosistema de la conectividad, un servicio en la estratosfera que es capaz de conectar a regiones enteras que durante mucho tiempo fueron consideradas como zonas de no provisión de servicios. 

Las zonas de cobertura de Loon son masivas, mientras que la conexión con los usuarios es simplemente mediante terminales móviles comunes y corrientes; las mismas que usamos todos para conectarnos a la red de nuestro proveedor de servicios de móviles. 

Su sistema gestión de red “Loon SDN” (Software Defined Network) ha sido diseñado específicamente para redes aeroespaciales, cuyos nodos están en constante movimiento; a diferencia de los nodos (las radiobases) de las redes móviles terrestres, que están siempre en el mismo lugar. 

A través del sistema Loon SDN, es posible optimizar la utilización de todos los recursos de la red, ya que con base en algoritmos de predicción, es capaz de determinar el estado y la ubicación futura de cada uno de los nodos de la constelación, teniendo como resultado la selección dinámica de rutas óptimas en todo momento y, por lo tanto, niveles mínimos de latencia en la transmisión de datos y la eliminación de disrupciones en la red.

La visión de Loon no solo es brindar conectividad donde no hay o donde es difícil proveerla por la situación geográfica de la zona de que se trate. Loon también se ha enfocado en lograr una coordinación imperceptible entre los diversos sistemas e infraestructuras que conforman el ecosistema de conectividad terrestre, espacial y, ahora, estratosférico. Lo anterior se puede lograr gracias a Loon SDN, que ya ha comprobado su eficiencia para gestionar constelaciones de globos aerostáticos con cargas de tráfico variables, además de que ha sido diseñado para soportar la gestión simultánea de plataformas satelitales, sistemas HAPS (High Altitude Pseudo Satellite) y redes terrestres.

El sistema se integra con la infraestructura de las redes de servicio móvil existentes para entender su cobertura en huellas de hasta 80 kilómetros de diámetro por cada globo desplegado, pudiendo conectar a miles de usuarios con un solo globo. Utiliza las bandas de frecuencias que ya están concesionadas para los servicios móviles LTE, como la AWS (1,700 / 2,100 MHz), la banda PCS (1,900 MHz) o la banda del dividendo digital (700 MHz).

Por ello, para el aprovechamiento de esta tecnología es indispensable la coalición entre Loon y algún concesionario de servicios móviles establecido.

Han sido varios los países que ya conectaron a miles de poblados y personas que antes no tenían forma de acceder a Internet. Han sido varios los operadores de telecomunicaciones en el mundo que han confiado en Loon para llevar sus servicios a donde nadie antes había querido llegar. 

Puede ser una magnífica opción para lograr los objetivos de conectividad de la administración pública y una excelente oportunidad para brindar el bienestar de la conectividad a los mexicanos que hoy no lo tienen.

Ahí están las piezas. Sólo hay que saber (y querer) acomodarlas.

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