Mundial | Metaverso y la sociedad de alta definición

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El Universal Irene Levy

¿Dónde está el Estado? ¿No hay nadie que detenga su avance al menos para reflexionar si esto es lo mejor para la humanidad?

Cuando todos pensábamos que venía una época oscura y sombría para Mark Zuckerberg, el poderoso dueño de Facebook, Instagram, WhatsApp Oculus -la empresa fabricante de lentes de realidad virtual-, un giro importante en la trayectoria del emporio fue anunciado la semana pasada. Bajo la nueva compañía Meta, se agruparán las conocidas aplicaciones y, aunque estas no cambiarán de nombre, entrarán al nuevo concepto global en la empresa: “metaverso”.

Este término, acuñado en la novela de Neal Stephenson de 1992, Snow Crash, nos lleva a concebir la existencia de un mundo digital paralelo en el que la gente se transporta virtualmente e interactúa con otras personas y en otros escenarios sin estar físicamente presente. Zuckerberg explicó su idea de revolucionar el internet a través de la realidad virtual: en forma de holograma podremos asistir a conciertos, juntas de trabajo, y hasta tomar un café con amigos que se encuentren en diferentes partes del mundo, todo sin movernos de nuestra casa. Hacer cosas que en el mundo físico no sería posible, así perfila Meta su idea del nuevo internet que aplicará transversalmente a todos sus productos.

Más de 10 mil nuevos empleados trabajan ya en todo el mundo construyendo esta nueva tendencia, alrededor del doble de los que laboran en Twitter hoy en día, y más de 10 mil millones de dólares están siendo invertidos en dicho concepto. La idea no termina en un holograma; se están diseñando sensores corporales para que la experiencia sea lo más real posible. Escalofriante, ¿no?

Pero no todo es glamur. El anuncio de la llegada de Meta y “metaverso” se da entre escándalos y demandas judiciales en temas que van desde violación de privacidad, hasta el actuar con dolo de Facebook al publicar información a sabiendas del daño mental que esta puede producir especialmente en niños y adolescentes, según lo denunció hace unas semanas Frances Haugen, excolaboradora de Facebook, ante el Congreso de los Estados Unidos. ¿Distracción o reinvención? Zuckerberg ha dejado claro que él marca la agenda a pesar de los enormes cuestionamientos éticos y legales que existen con relación a sus prácticas.

Mientras que los procesos burocráticos y las coyunturas políticas mueven al elefante administrativo y jurídico con gran lentitud en el mundo de cara a una regulación nacional o global, tanto el nuevo reino Meta, como el resto de las GAFA -que ahora debemos llamar GAMA- (Google, Amazon, Meta y Apple), definen las formas en que interactuamos, nos relacionamos e incluso una buena parte de la economía mundial sin tener prácticamente ningún límite.

Pero Zuckerberg no es el único que está trazando el camino de la humanidad: Elon Musk, de Tesla; Tim Cook, de Apple; Jeff Bezos, de Amazon; Brin y Page, de Google; Bill Gates, de Microsoft; Tim Sweeny, de Epic Games, y otros, están permanentemente luchando entre ellos en una batalla que tiene como objetivo poder, control y dinero, mientras que todos nos incorporamos, en menor o mayor medida, al mundo que ellos están construyendo e imponiendo en el planeta.

¿Dónde está el Estado? ¿No hay nadie que detenga su avance al menos para reflexionar si esto es lo mejor para la humanidad? ¿Cómo está cambiando y cómo modificará todo esto la mentalidad, las emociones y las relaciones humanas? ¿Hay acaso alternativas, límites, matices, o estamos frente al inexorable destino del ser humano? ¿Es este un límite de la democracia en el que un poder económico supranacional y metapolítico está diseñando las normas de convivencia de la nueva “sociedad de alta definición”?