El Economista Nicolás Lucas

Sebastián Cabello es consultor en política pública digital. Fue el jefe de GSMA Latinoamérica durante ocho años, una organización de empresas de telecomunicaciones móviles a la que llegó en 2006. Se especializa en temas como espectro radioeléctrico y banda ancha móvil. Su biografía oficial también cuenta que fue miembro del Comité Nacional de Espectro de Colombia y que trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Es economista por la Universidad Nacional del Sur en su natal Argentina y maestro en política internacional por la Universidad de California. Este 2019 se convirtió en Investigador afiliado del Centro de Tecnología y Sociedad de la Universidad de San Andrés (CETyS) de Buenos Aires.

Recién estuvo invitado por Ericsson como uno de los conferencistas estelares por el 115 aniversario de esa marca en el país. Es selectivo en cierto grado, pero su porte y encantadora personalidad son apreciadas en México, donde compartió en entrevista un poco de su visión sobre la reforma de telecomunicaciones y los negocios de valor agregado con futuro aquí.

—En la última semana se organizaron dos foros en el Congreso mexicano para discutir el funcionamiento de la reforma sectorial de 2013 y entre voces se escucha que pudiera venir una reforma para la reforma… ¿Cree usted que la reforma de telecomunicaciones necesita un recorte o una adenda; que necesita una actualización?

—La reforma estuvo muy bien y la hemos seguido siempre. Lo que no estuvo tan claro son puntuales asuntos como la Red Compartida o el (cobro del) espectro…

—¿Por qué no quedó claro? Escuché a una funcionaria decir en conferencia que hay alguien que no usa un espectro que es fabuloso para 5G…

—La Red Compartida nos pareció una política más de tipo circunstancial, que no estuvo tan analizada. Nosotros, cuando estaba en mis anteriores funciones, lo advertimos bastante; que no sabíamos o no estaba claro si iba a tener un modelo con futuro de negocio, un modelo de explotación; quizás estimulando más la competencia eso se podría lograr. Pero bueno, eso ya está hecho. Y con la reforma, no creo que haga falta todo un cambio en la reforma, quizá por ahí cabría un cambio parcial.

—¿Qué sería un cambio parcial para usted?

—Me parece que quizás hace falta pensar bien en cuáles son las competencias de la Subsecretaría de Comunicaciones de la SCT, porque como que han quedado un poco diluidas y más ahora donde también se empodera a un nuevo actor, como es CFE Telecom e Internet para Todos. Si el IFT tiene muchas competencias, la SCT queda a veces como factor con pocas competencias propias, únicas, univocas; especialmente si CFE Telecom se va a llevar para adelante gran parte de lo que es la conectividad, de lo que era México Conectado. Entonces no hace falta un cambio total a la reforma. Lo que hace falta es tener una visión de a dónde hay que ir y cambiar lo que haya qué.

—Hay una intención de adecuar el título de concesión de Altán Redes con la Red Compartida, para que esa empresa vaya primero a los puntos desconectados, ¿significa una señal del gobierno de que sí sabe a dónde ir?

—Puede ser. Eso muestra una prioridad de política pública, que también es muy interesante y que hay que ver cómo esa decisión hace que todo funcione, porque el objetivo está muy bien: habrá que ver cómo se rentabiliza. Esas son siempre las dos caras de la moneda. Pero me parece que es una buena idea.

—¿No le parece que esta buena idea del gobierno federal de ir así por los desconectados entra en contradicción con la política del mismo gobierno de cobrar caro el espectro? A reserva de lo que vote el Congreso la próxima semana, en 2020 será así.

—Ahí si hay una reforma que hacer, pero eso no tiene que ver con la reforma sectorial; tiene que ver con lo que quedó fuera de la reforma y eso se tiene que decir con palabras grandes: Hacienda es la que fija los cargos de espectro, los cargos recurrentes del espectro, no el cargo de la licitación, que ese lo fija el IFT y es un costo mínimo del costo total que tiene el espectro y la verdad es que Hacienda desvirtúa a veces los objetivos de política pública que establece el IFT, que es el que entiende lo que hay que hacer. Hacienda, en este caso, desvirtúa lo que establece el regulador por una esperanza muy recaudatoria.

—Este tipo de factores no acelera el despliegue de 5G en México. En su conferencia con Ericsson, un 55% de los asistentes dijo que esos despliegues ocurrirán hasta 2021 por inconvenientes así, ¿coincide?

—Sí, es un factor determinante. Con 5G se va a tener que invertir muchísimo dinero en infraestructura sólo para abrir el mercado y si todo el dinero se va a la compra del espectro y para pagar esos cánones, obviamente esos despliegues van a tardar mucho más y los beneficios económicos y despliegues y mejorías que promete para las personas van a tener que esperar. La inversión es libre y las políticas públicas tienen que ser más abiertas o la inversión buscará otras oportunidades.

—Telefónica, Liberty, Tigo, América Móvil… todos hacen movimientos en otros mercados de América Latina, pero México no ha sido gran noticia en la región este año, ¿debiera entonces el gobierno acentuar su atención allí para no dejar ir posibilidades?

—México sigue siendo un mercado sexy. Es el segundo más grande de América Latina; tiene más de cien millones de habitantes y líneas de suscripciones. Tiene un ecosistema vibrante y sus empresas invierten. Aquí tienen data centers, centros de innovación, pero sí hay que decir que las empresas invierten en la medida que tienen una visión clara hacia adelante y se apoyan además en la visión de la autoridad; se sienten confiados en un plan nacional acerca de una industria.

—¿Y qué diagnóstico tiene de la visión de las empresas y los gobiernos de aquí cuando todo mundo nos dice que el mercado móvil vibra y se canta mucho en la prensa sobre la llegada de 5G?

—Me parece que la visión de las empresas ya no está tanto en ser sólo un operador móvil y vivir de allí. Estamos viendo para dónde está la capacidad de agregar valor. Con un plan móvil, los operadores están cobrando, pero qué con agregar valor; cobran por la cantidad de bits, por la descarga de cuántos gigas… y los mensajes son ilimitados y las llamadas también. No tienen muchas oportunidades de dar valor agregado así, entonces los nuevos negocios no vienen ya por ser sólo operador móvil o por ser un operador virtual, eso es lo que todos los actores tienen que ver.

Ni operadores virtuales ni operadores de red parece ser hoy por hoy el negocio del futuro. Hay que mirar mucho hacia otras partes, otras verticales; hacia otras cadenas, como las torreras, por ejemplo, que es una administración de activos intermedios o mirar a quienes ya hacen plataformas o servicios de nicho, más que el negocio tradicional.

El nuevo negocio de conectividad también pasa por un desafío de despliegue de infraestructura, lo que significa un montón de barreras municipales para el tendido de redes, pero oportunidades si las buscan o si las crean.

El negocio central de los operadores no siempre será el servicio móvil; que harán plata, sí, pero que vivirán de eso, no sabemos hasta cuándo. La inversión es libre, innova y quiere estar también en México, en todas sus industrias, y si México quiere que se quede para crear trabajos, productos y más beneficios, debe preparar ese terreno; permitir un ambiente para esos nuevos negocios que agregan valor al sector.

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