México | Jardines amurallados, ¿minando democracias?

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Reforma Claraa Luz Álvarez

De los peores enemigos de la democracia somos nosotros mismos cuando construimos jardines amurallados de información, noticias y opiniones que coinciden con nuestra ideología y visión del mundo, toda vez que nos privamos de escuchar, reflexionar y contrastar con otros puntos de vista y de pensamiento. La pluralidad entendida como la existencia de posturas ideológicas distintas y la diversidad como la posibilidad de escuchar las voces de grupos históricamente excluidos, han sido aspiraciones para construir comunidades más respetuosas y tolerantes, lo cual es base para la democracia.

La pluralidad no surge por generación espontánea, sino que se construye con acciones y medidas cuando se habla de radiodifusión como lo muestra la experiencia de Reino Unido. En México la pluralidad está en la Constitución como una característica de los servicios de telecomunicaciones y radiodifusión, pero está ausente en la práctica, salvo honrosas excepciones de algunos medios públicos. El Instituto Federal de Telecomunicaciones parece desinteresado en construir la pluralidad en dichos servicios, quizá por la dificultad en medirla. La pluralidad, ¿debe ser dentro de los noticieros? ¿Por canal de TV o por estación de radio? ¿Por grupo empresarial de medios? ¿Por la disponibilidad de medios propiedad de distintas personas en una zona geográfica?

Otros gobiernos pretendieron que la pluralidad se forjara en la radio y la TV a pesar de la dificultad de lograrla, pero con el creciente consumo de contenidos en el ciberespacio los desafíos se vuelven exponenciales. Si bien los jardines amurallados siempre han existido y las personas suelen buscar aquello que confirme lo que piensan que es verdad (sesgo confirmatorio), hoy los algoritmos de las plataformas están listos para darnos sólo las opiniones e información que refuerzan nuestras creencias y percepciones de lo que acontece en México y el mundo. Amén de que las campañas de desinformación y los discursos de odio encuentran un caldo de cultivo ideal en los jardines amurallados.

¿Y que no somos libres para allegarnos únicamente de aquellas opiniones e información que coinciden con nuestras opiniones y creencias? Sí en estricto sentido, pero no debiera ser así, si es que buscamos construir una sociedad libre y democrática. Antes, la responsabilidad recaía fuertemente en los gobiernos que estaban -o debieran estar- obligados a fomentar la pluralidad y en los medios de comunicación que debían asumir su compromiso con informar basados en la ética periodística. La disponibilidad de contenidos informativos y de opinión al igual que los medios eran limitados.

Ahora existen un sinfín de contenidos de todo tipo y calidad en internet (incluyendo noticias falsas), en los que cada internauta puede ser un difusor o amplificador de información y opiniones, aunado a la existencia de bots. ¿Cómo lograr que la ciudadanía encuentre o descubra contenidos de pluralidad ideológica que sean relevantes? ¿Existe una manera de obligar a la visibilidad de dichos contenidos o a la posibilidad de descubrirlos (ver mi columna Discoverability de 22.05.19 https://bit.ly/3zBShhd)?

En tanto no se encuentre una manera de que la pluralidad pueda reflejarse y descubrirse fácilmente en el ciberespacio, la responsabilidad está significativamente en usted y en mí para evitar que construyamos cada quien su jardín amurallado, camino seguro a la intolerancia, la fragmentación y al debilitamiento de la democracia. Así como en el mundo empresarial se está enalteciendo el valor de consejos de administración y equipos directivos que sean plurales y diversos, cada quien debemos hacer un esfuerzo adicional por escuchar, leer y entender a quienes tienen ideas radicalmente opuestas. Lejos de culpar a los gobiernos y a los medios, la solución real está en lo que usted y yo podamos hacer en primera persona y a partir de hoy.

Investigadora de la Universidad Panamericana

claraluzalvarez@gmail.com

@claraluzalvarez